En los desfiles del 1 de mayo en Puebla y en muchas partes del país hubo dos tipos de expresiones que dominaron las manifestaciones de protesta de los trabajadores, las cuales fueron el rechazo a la propuesta de reforma energética del presidente Felipe Calderón y, en menor medida, el repudio a la reforma a la Ley del ISSSTE y el control de Elba Esther Gordillo Morales del SNTE.
Ante estas dos manifestaciones se deben hacer las siguientes lecturas:
La primera es que la iniciativa de reforma petrolera del gobierno federal no genera confianza entre la clase trabajadora y se percibe no como un intento de modernizar Petróleos Mexicanos, sino como el intento de privatizar la paraestatal.
Cuando en semanas anteriores los legisladores del Frente Amplio Progresista (FAP) tomaron las tribunas del Congreso de la Unión, el PAN, el gobierno federal y organizaciones de derecha descalificaron esa acción diciendo que se trataba de acciones de una minoría que estaba paralizando el país y se oponen al sentir de las mayorías. Las protestas que ayer se vieron contra la propuesta energética de Calderón ponen en evidencia que su rechazo no es de una minoría; es del grueso de los trabajadores sindicalizados u organizados. Además, muchos de los ciudadanos que expresaron su oposición a dicho proyecto no necesariamente votan o son partidarios de las fuerzas políticas que conforman el FAP.
Una segunda lectura es que el poder de Elba Esther Gordillo parece estar entrando en crisis y una causa es que este dirigente ha sido piedra angular en los proyectos privatizadores de Felipe Calderón.