Los fans locales de los comics están de plácemes por el estreno en Puebla de Iron man, después de 40 largos años entre el surgimiento de la historieta –de la firma Marvel– y la realización de la película. Mientras escribo aún no ha estrenado, pero ya estará en pantalla cuando esta columna se lea. Imposibilitado pues de valorarla (el primer mandamiento en el decálogo del comentarista fílmico es, más o menos, “no te atrevas a juicios sobre algo que aún no has visto”), lo que aquí sí puede ofrecerse es una suerte de approach radiográfico para, al menos, conocer algunos de los contextos de la creación de la película. Digamos que es, por lo pronto, la “antesala” de la sala cinematográfica. Aquí vamos...
*Iron man es la cuarta película dirigida por Jon Favreau; la anterior fue Zathura: aventura espacial. El tipo, mucho más conocido como actor que como director, tiene toda una definición de su película: Es una especie de cruza entre film independiente y thriller de espionaje; una Superman dirigida por Robert Altman, con sombras de novelas de Tom Clancy, films de James Bond, RoboCop y Batman regresa (¿se les ocurre algo mejor para distraer al enemigo?). *Su relación de intérpretes contiene 60 nombres, pero la encabezan Robert Downey Jr., como Tony Stark/Iron man; Terrence Howard, como Jim Rhodes; Jeff Bridges, como Obadiah Stane/Iron Monger, y Gwyneth Paltrow como, claro, Pepper Potts. *En la historieta, Tony Stark se tornaba en Iron man a partir de sus experiencias en la guerra de Vietnam, actualizándose esto más tarde a la guerra del Golfo; en la película, para ofrecer una visión más contemporánea, la guerra que da origen a Stark es la de Afganistán. *Antes de 2008, la película estuvo tres veces a punto de iniciar su producción: en 1999, en 2001 y en 2004. ¿Y saben a quién se acercaron los productores para el intento en 1999? Ni más ni menos que a Quentin Tarantino, tanto para escribir el guión como para que dirigiera. *El principal creador del personaje de Iron man, Stan Lee, originalmente basó a Tony Stark en Howard Hughes, a quien consideraba “uno de los hombres más pintorescos de nuestros tiempos: inventor, multimillonario, aventurero, mujeriego y, en definitiva, un tipo zafado”.
¿Por qué, siendo un comic tan popular y exitoso, antes de esta nunca hubo otra versión fílmica? Tal vez porque se consideró que las aventuras y truculencias descritas en la historieta –difíciles de ilustrar por los efectos del cine de los 70 y 80– corrían el riesgo de lucir ridículas en pantalla. Pero hoy es el tiempo de la imaginería virtual/digital; así, fueron 155 las personas participantes en Iron man en los rubros de efectos visuales y especiales, lo que la hace una película centralmente sustentada en ellos. Habrá que evaluar, a ese respecto, lo que suele ser la clave en este tipo de cine: ¿están esos efectos y su visualidad al servicio de lo narrado (aunque se trate de un comic), o esa historia ha sido subordinada al lucimiento de dichos special effects, convirtiéndolos en el fin de la experiencia fílmica, en vez de mantenerlos como uno de los medios para ella? En todo caso, hay cinéfilos para lo uno y para lo otro. Ya veremos y así será reportado.
Pero no sólo hay superhéroes de scifi y fantasía en pantalla; varias otras cintas pueden confrontarse, y algunas en español. Como la cinta chilena (coproducida con México) El brindis, de Shai Agosin, con la cada vez más guapa Ana Serradilla, quien inició como Dianita la de las vueltecitas en Un mundo raro, para después confesarse Cansada de besar sapos, quizá justo lo que en El brindis la orilla a besar Rabinos (sí; Rabinos). O –en español también– siguen ahí La misma luna, Casi divas y Más que a nada en el mundo, con sus respectivos méritos y la motivación de verlas, porque siendo mexicanas, son finalmente nuestras.