La escultura figurativa en Puebla ha sido una constante, y el detrimento en la calidad de formas y expresión, también. Lo que ha mantenido en común a la escultura que ocupa los espacios públicos son varias características como el uso repetitivo del material: bronce, las formas: distinguiblemente humanas, la temática: héroes o modelos a seguir.
Las formas comúnmente representadas no comparten las características formales e ideológicas con el modernismo, ni los fundamentos conceptuales del clasicismo, de hecho, carecen de fundamentos conceptuales que les sustenta y justifique como expresión artística, de ahí las carencias de fondo que se reflejan en la forma.
Difícilmente se puede hablar de escultura pública, puesto que en la mayoría de los casos simplemente se trata de una escultura inserta en un espacio abierto, puesto que no considera factores determinantes para recibir ese adjetivo, ya que no se cosidera el contexto ni el entorno, si acaso hay un equipamiento mínimo para el lucimiento de la pieza.
Por otro lado, el haber dejado en el abandono a la escultura como profesión, como expresión plástica y como disciplina, se ve reflejado en los objetos escultóricos que dominan nuestras calles, objetos que denotan un determinado nivel artístico y que reflejan un limitado respeto profesional.
En esta urbe, las universidades han marcado un hito en la adquisición de obras que rompen con estos esquemas, pero, dentro de todo, aún son un reflejo de lo que sucede artísticamente a nivel ciudad.
Un claro ejemplo lo citamos hace ya muchos artículos en los que señalamos el uso de una obra con características del geometrismo y a la que se le colocó un maltrecho busto de Juárez en la Facultad de Derecho de la UAP. Ahora menciono algo menos escalofriante, pero visualmente más distinguible: las esculturas de cuerpo entero de la Universidad Iberoamericana plantel GolfoCentro.
Al entrar a las instalaciones de este plantel universitario, a la derecha del pasillo se distingue la representación de un Jesús con la palma de la mano hacia arriba, al final de su muy largo brazo derecho, en una postura no real, no de acuerdo con las posibilidades de flexión y torsión del brazo; además le distinguen el rostro plano, los ojos y las cejas mal proporcionados, carece de estructura corporal, los pies tampoco tienen estructura, la parte trasera de la figura es totalmente plana, como si la ropa estuviera colgada y no puesta en alguien.
A esta figura le acompaña una placa que dicta: “Nadie va al padre sino por mí”, y se erigió el monumento rememorando la colocación de la primera piedra el 19 de octubre de 1989.