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Martes, 29 de abril de 2008
La Jornada de Oriente - Tlaxcala -
 
 

 OPINIÓN 

Especulación alimentaria

 
Guillermo Aragón Loranca

Los cálculos optimistas se quedaron cortos: la crisis alimentaria pronosticada desde hace meses como muy lejana todavía, ya está tocando a la puerta de todos los países del mundo, los llamados desarrollados y los subdesarrollados. Por más que las declaraciones públicas pretendan minimizar la cuestión y asegurar como siempre que México está blindado contra “la burbuja inflacionaria de granos”, la realidad es otra.

Cuando ya casi estábamos acostumbrados al abandono y estigmatización del campo mexicano (por su baja producción y su nula competitividad, de acuerdo con los parámetros neoliberales), y cuando ya se aceptaba como irremediablemente necesaria la creciente importación de granos, el reciente aumento de los precios de los productos básicos está cayendo como una cubetada de agua fría en los hogares de esos 45 millones de mexicanos que están clasificados como residentes de la imaginaria línea de pobreza hacia abajo, para abrirnos los ojos y hacernos ver que en el asunto de la producción de alimentos no se trata de ser competitivos hacia el exterior, sino productivos y solidarios hacia el interior.

En varios artículos publicados en La Jornada1, la semana pasada se constataba en términos generales que en el lapso de un mes, los precios de frutas y verduras aumentaron hasta en un 50 por ciento; tal es el caso del jitomate, cebolla, aguacate, tomate, plátano, manzana y limón, entre otros, sin olvidar que el precio del kilogramo de tortilla sigue fluctuando entre 10 y 15 pesos, a pesar de los supuestos acuerdos para mantener estable el precio. Estos aumentos implican que los hogares de más bajo ingreso gasten entre el 70 por ciento y el 80 por ciento del salario en la compra de los alimentos.

Para tratar de encontrar una explicación que no contradiga los dogmas de la economía neoliberal, se están difundiendo toda una serie de opiniones que atribuyen el aumento de precios al cambio climático que afecta la producción agrícola (el caso de la prolongada sequía en Australia); también se atribuye al desequilibrio provocado por la creciente demanda de maíz, soya y caña de azúcar para la elaboración de agrocombustibles. Igualmente se mencionan como causas secundarias el aumento de la demanda por el crecimiento poblacional a nivel mundial y la tendencia generalizada a la urbanización con el consecuente abandono del campo. Todas estas explicaciones sin duda tienen parte de verdad; sin embargo, casi nadie hace referencia a otros dos procesos que quizás sean los determinantes en el aumento de los precios de los alimentos básicos.

El primero de ellos se refiere a la estrategia deliberada de los países ricos de apoderarse y controlar la producción de alimentos básicos en los países subdesarrollados, mediante subsidios millonarios a sus propios agroindustriales que les permiten exportar (gracias a los TLC, impuestos a la fuerza) a bajos precios sus productos agrícolas, haciendo quebrar a las producciones agrícolas internas de los países colocados en clara desventaja; quienes al firmar los tratados de libre comercio y acatar los lineamientos del FMI y la OMC, ingenuamente enajenaron su propia capacidad productiva en el campo y ahora deben importar sus alimentos, celosamente controlados por las transnacionales agrofarmacéuticas (Monsanto, Cargill, Dupont y Novartis).

El segundo se refiere a la poco conocida estrategia de especulación financiera que consiste en haber introducido a los granos básicos en el circuito bursátil mediante las llamadas Commodities que consisten en la negociación de contratos de producción a futuro de granos básicos, a través de la cual los precios presentes se fijan mediante la expectativa agiotista de la cotización que dichos granos tendrán en el futuro. Se trata en definitiva de un aumento de precios ficticio, completamente desconectado de la oferta y la demanda reales y que dependen exclusivamente de la especulación de capitales; esto significa en pocas palabras que el precio de los alimentos depende ya de los acuerdos y transacciones que los dueños del capital realicen en las bolsas de valores.

Ante este panorama resultan irrisorias las declaraciones del titular de la Sagarpa en el sentido de que la crisis de los alimentos no nos afectará porque se han establecido “programas de apoyo” al campo, los mismos programas que se han encargado de desmantelar la producción agrícola nacional.

 

1 Martínez Fabiola, Ya presenta México signos de crisis alimentaria, alertan ONG en La Jornada del 25 de abril, Secc. Sociedad y Justicia.

Cruz Flores Alejandro, En un mes se dispararon los precios de la canasta básica: amas de casa y comerciantes en La Jornada del 24 de abril de 2008, Secc. Capital.

 
 
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