El actividad de prevenir enfermedades a partir de vacuna es propósito fundamental de la Secretaría de Salud, a cuyo cargo está la salud comunitaria, proceso que en nuestro país parece de locura, todo al revés, primero se mal atiende como prioridad la enfermedad a partir de un “seguro popular” inexistente; se controla ¿gratuitamente? toda mujer embarazada ¿dónde?; los recién nacidos son ahijados del ilegítimo Fecal y dice que se atienden gratis, ¿en Los Pinos?, como sueño guajiro se educa en salud ¿dónde y como?; se dice que el mejor programa de salud es la vacunación, nunca existe abasto suficiente para una cobertura completa, en nuestro estado los biológicos se guardan a la intemperie, desde hace años, no se conserva en refrigeración.
El dogma salud–enfermedad lo planteó el primer humano, decimos con desprecio a los pueblos antiguos, que su ignorancia dejó la enfermedad a los dioses, debían pedir salud a ellos, venerarlos para no tener consecuencias, dogma sustentado en la ignorancia supina de no conocer el qué o cómo de la enfermedad, que hoy día no hemos superado, en pleno siglo XXI, el lépero y burdo gobernador de Jalisco un panista de repudio Emilio González Márquez, generoso con el dinero de su pueblo a la iglesia, televisoras y empresarios, desde marzo de 2007 comprometió en donación 401.5 millones de pesos, amén de otros múltiples desvíos para la construir una monumental iglesia en honor a los “santos mártires cristeros” que cortaban orejas a los profesores rurales, ríos de gentes desfilan ante imágenes de dioses, de santos, en súplica de salud o cura, un niño dios “dotorcito” en Tepeaca, otro “cieguito” en La Soledad, ambos niños, ambos dioses, iguales pero diferentes, oferentes de milagrosas curas: un cristo negro hace milagros en Aguascalientes, otro no negro hace milagros en Puebla, otros en Chalma o Equipulas; una virgen posee una medalla que hace milagros, otra que se apareció a un indio también santo en el cerro de dolores, tumultuosamente visitada, en Zapopan peregrinan por otra más, se venera a la que sufrió dolores. México sigue idólatra, suplicante de salud, por que sus servicios son “carabina de don Ambrosio”.
Una enfermedad devastadora obligó a suplicar a los dioses, la viruela, causada por un virus Orthopox grande en forma de ladrillo, con ADN de doble cadena lineal, que comparte antigenismo unas 20 especies de virus de animales, expresándose como enfermedad cutánea vesicular benigna o grave de fácil contagio, la viruela humana comparte espacios con virus de la vaca, caballo, monos, búfalo, camello, conejo, ratón, fue tan importante que por 3 mil años era uno de los más graves problemas de salud en el mundo, India, China, Persia, culturas ancestrales la enfrentaron hasta desarrollar una práctica preventiva común hoy llamada variolización, resultado de observar que la viruela ocurría en dos formas clínicas, una benigna o minor, en la que el paciente salía bien librado y no volvía a enfermar; otra forma era maligna o major en la que el sujeto evolucionaba a la muerte. La observación propuso contagiar a sanos que no han enfermado, con el pus de viruela menor, dejando que desarrollaran una enfermedad discreta quedando inmunes contra la viruela grave, proceso que llevaba el riesgo de que algún variolizado sufriera viruela mayor.
En 1715 Lady Mary Wortley Montagu radicaba en Turquía como esposa del embajador de Inglaterra, sobrevivió una epidemia de viruela, pero se percató de que los nativos practicaban una incisión cutánea en la que depositaban pus de vesículas de viruela no grave en sanos, los encerraban aislándolos hasta que sufría la viruela menor quedando protegidos; procedió a variolizar a toda su familia, al regresar a Inglaterra divulgó el método entre la aristocracia, como era poetisa, mujer culta difundió el procedimiento con eficacia, pero sufrió satanización, fue blanco de prejuicios misóginos, ridiculizada, a pesar de todo el procedimiento se generalizó por toda Europa.
En 1749 nació Edward Jenner, a los ocho años fue purgado, sometido a dieta, sangrado y variolizado, cuando en su país Inglaterra uno de cada tres enfermos de viruela moría, estudió medicina, fue médico rural, buen observador, notó que las ordeñadoras de vacas “milkmaid”, no padecían viruela si habían sufrido enfermedad vesícular en las manos, 16 años tardó en conjeturar que había un proceso secuencial entre la enfermedad de ubre de vacas, manos de ordeñadora y protección contra la viruela, conjeturó una hipótesis que decidió probar en 1796, el conejillo de indias fue un muchacho de nombre James Phipps, tomó pus de las vesículas de la mano de Sarah una milkmaid contagiada por la vaca blossom (bombón), inoculó diariamente a James hasta que desarrolló vesículas al día ocho, esperó siete semanas e inoculó con pus de viruela humana al niño que no enfermó, triunfó su idea, la publicó en 1798, creó controversias, no se aceptaba su tesis por que James era niño, por tanto sujeto de poco crédito, los médicos conservadores de la época públicamente lo humillaron en Londres, no podían aceptar el experimento hecho por un médico de pueblo, menos como descubrimiento importante, que a pesar de todo se difundió, el gobierno inglés en 1840 lo recomendó como mecanismo preventivo, en 1844 llevó a cabo la primera prevención masiva con éxito, se comercializó, encareció, quedó fuera del alcance de los muchos y su uso se limitó, a fines del siglo XVIII Louis Pasteur lo rescata llamándolo vacuna en honor a Jenner. La Organización Mundial de la Salud estudia y corrobora la bondad de la vacunación basada en la antigenicidad compartida de los virus de animales con el humano, así como su inmunidad permanente, inició en 1967 un plan mundial de erradicación que culminó en 1980, para conseguir que la viruela es la primera enfermedad que erradica el humano.
Hay un pequeño museo en la casa y ciudad natal de Jenner donde están los cuernos de la vaca “bombón”, una estatua de Jenner luce entre las tranquilas calles de Hyde Park en Londres y, un orgulloso cráter lunar lleva el nombre de Edward Jenner descubridor de la vacuna.