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Lunes, 28 de abril de 2008
La Jornada de Oriente - Tlaxcala -
 
 

 TIANGUIS 

El viejerío en busca de la gubernatura

 

Cuanta razón tenía la ardilla Diego Fernández de Cevallos cuando declara que “el viejerío” debe quedarse en la casa para atender a la familia, al marido y a los hijos. El espacio público es de los hombres afirmaba tan ilustre panista, dice el Margarito Pérez de Zacatelco desde una camionetota blanca que está lavando con las límpidas aguas del río Zahuapan a la orilla del tianguis.

El también diputado panista Adolfo Escobar debía ser reconocido como sabio por lo que afirmó cuando estaba compitiendo como candidato a la presidencia municipal y su contrincante le llevaba la delantera: los tlaxcaltecas no quieren ser gobernados por una vieja. Desde ese momento debimos hacerle caso, no que ahora la que le ganó es una de las posibles, grita el Tránsito de Atligüecha.

Ni modo, algún día tenía que pasar, afirma el Jicoténcal. ¡Se ha cumplido la profecía de Reyes Heroles! Tlaxcala tierra de hombres mansos y mujeres bravas. Ahora dos licenciadas en Ciencias de la Comunicación (Maricarmen y Adriana), una contadora pública (Minerva), una licenciada en Ciencias Políticas (Rosalía) y una licenciada, porque Lorena también ha de ser licenciada, están en la mira para que arreen a los tlaxcaltecas los próximos seis años.

Lástima que la mujer más mujer que yo había conocido se haiga volteado, dice la Sábila. Esa mujer que es la sobrina de la única mujer que ha puesto a un gobernador en su sitio de tremenda cachetada, al final del camino dobla las manitas y se brinca a la derecha. Ahora puede que el futuro de los tlaxcaltecas sea estar bajo las faldas azules de dos mujeres de la derecha, de las faldas amarillas de dos mujeres de la izquierda o de la falda roja de una mujer del centro.

 

Las de faldas azules

Cómo está eso de que hay dos mujeres de faldas azules. ¿Qué no sólo estaba la juguera Dávila como aspirante a la gubernatura?, pregunta el Margarito.

El Tránsito le contesta: como serás ignorante, que no ves que hay una senadora de minoría y una diputada plurinominal que aspiran a ser candidatas al gobierno del estado.

El Jicoténcal dice que quien sabe si las dos aspiren, pues desde que la Rosalía llega al Senado no ha dado una. A grado tal que sus propios compañeros senadores dicen que “es una mujer apagada”. Como que no le asienta el color azul.

La Sábila que anda como enfiestada y todo se le antoja. Entre una torta de tamal y un atole apenas se le escucha: Es una lástima que después de vejez viruela. Siendo una mujer tan entrona, con tan buena herencia social, con tanta experiencia política, haiga dado el viejazo hacia la derecha. Por eso es que no se logra ver en el Senado. Se ha de sentir como su propia senaduría ¡de minoría!

El Jicoténcal destaca que la que anda como chivo en cristalería es la juguera Dávila. Es toda una eminencia para comunicar. Afirma que no hay privatización en Pemex y para ejemplificar: a una vendedora de jugos no se le puede pedir que fabrique su exprimidor y tiene que comprarlo. Así está el país, tiene que comprar la tecnología para que lo expriman los “maquileros” de la iniciativa privada. ¡Pero no hay privatización!

¿Esa mujer qué?, le demandan los primos al Jicoténcal.

La juguera Dávila ya puso en práctica el exprimidor y a producto de gallina colocó, en todas las delegaciones federales, boletos para la rifa de una camioneta. Con esos eventos tan originales está haciendo su cochinito para entrarle al juego de la sucesión que siente que es algo así como el juego de Juan Pirulero. Lo que a esa panista le falta, a la otra panista de rojo le sobra. Lástima que ande apagada en el Senado.

 

Las de faldas amarillas

Gracias a los panistas encabezados por Alberto Jiménez que nos dieron el grito de alarma cuando publicaron que: “primero la esposa y ahora la amiga quieren gobernar”. Por eso supimos que el perderé va a tener que decidir entre dos mujeres quién es su candidata al gobierno del estado, comenta el Tránsito.

¿Y por qué estás tan seguro de que va a ser mujer?, le revira el Margarito.

El Tránsito le explica que no se ve por donde se cuele una yema de sexo masculino, así que la pelea va a ser entre la amiga Minerva y la esposa Maricarmen. Sólo que ya se le complicó a la amiga Minerva porque entregó malas cuentas en la elección interna. Le ganaron las delegaciones y el Comité Ejecutivo Estatal.

La Sábila que anda con chort de color rojo que le llega exactamente al filo de las tepalcuanas y una blusa que hace resaltar la cinturita de gallina, dice que el grupo de Sánchez Anaya logró colar a la esposa Maricarmen como consejera nacional y puso al 400 uñas en la presidencia del perderé local, lo que facilita las cosas para la ex primera dama y ex candidata a gobernadora.

El Jicoténcal considera que la falta de tacto político llevó a empeñarse a la esposa Maricarmen a querer suceder a su marido, si le hubiera dado el pase –como se le sugirió– a uno de su equipo, tal vez hoy sería la política con mayor prestigio en la entidad, pero se engolosinó y ahora va tener que pedalearle para hacer que la amiga Minerva se quede en el camino.

La Sábila dice que si el partido queda en manos del peje, es decir si confirman el triunfo de Encinas, la esposa Maricarmen va tener sus bonos muy altos, porque desde que dejó la senaduría se ha mantenido fiel a la causa del pejelagarto. Estuvo en la toma de Reforma, en las marchas, en las visitas a los estados y es casi seguro –no nos crean– que ande como adelita. Todo eso le permite llevar la delantera entre las de las faldas amarillas locales.

El Tránsito asegura que la amiga Minerva va dar la pelea porque se anda metiendo hasta la cocina con algunos diputados de otros partidos para hacer alianzas que le permitan aspirar con juerza a ser la heredera de Rancholandia.

 

La de las faldas roja

De todas las candidatas la única que tiene pedigrí es la presidente municipal de Tlaxcala, pues su abuelo fue gobernador, su tío estuvo a punto de ser gobernador y ella fue haciéndose a imagen y semejanza de la familia, afirma la Sábila que anda como inquieta. Quién sabe si no le dé por tejer chambritas y eso va a desquiciar a no les digo quién.

Se acuerdan cuando esta chaparrita dijo: “mi mayor fortaleza es ser mujer”, rememora el Tránsito y agrega: qué no se habrá dado cuenta de que ha tenido muchas posiciones políticas no por ser mujer, sino por ser sobrina y nieta de quien es.

El Margarito recuerda que cuando esta mujer estuvo como regidora le echaba unas broncas constantes al presidente municipal que ahora es gobernador.

Ese fue uno de los factores que le permite a Lorena ganar la capital, además de las burradas de Adolfo y porque la clase política local encontró en ella a la única representante de la crema y nata de la alcurnia local que no tiene mucha crema, pero que se sienten con mucha nata, comenta el Jicoténcal.

 

Azules, amarillas y rojas

Mientras da un trapazo a los cristales de un auto, el Jicoténcal pregunta: ¿alguien sabe la edad de estas cinco mujeres? ¿Quién es la más joven y la más vieja? ¿Cuál es la formación profesional de cada una de ellas? ¿Quién tiene más experiencia pública y quién es la más inexperta? ¿Quién es producto del esfuerzo y quién de la suerte? ¿Quién tiene idea de proyecto y quién sólo ganas?

La Sábila se molesta con el Jicoténcal que le tira un tamal y le dice: ¡Hay cosas que no se le preguntan a una dama! ¡Como te atreves, burro!

Pinche Sábila, te estás oyendo como conductora de programas de telerisa. Tal vez quieras hacer con ellas un programa, algo así como las cinco magníficas y decidir la candidatura en un concurso, le dice el Margarito Pérez de Zacatelco.

La prima Sábila para no identificarse con nadie y con todas, como sucede con casi toda la clase política local, lleva un chort rojo, una blusa amarilla y una pañoleta azul.

El Tránsito busca molestarla: creo que la que tiene más edad es la Chalía, y la más joven ha de ser la juguitos Dávila. La que tiene mejor formación académica, sin duda, ha de ser la amiga Minerva –dizque es doctora de doctorado– y la menos formada ha de ser la pedigrí Lorena. La que tiene mayor experiencia política es la Chalía y la que no ha sido ni jefa de grupo es la vendedora de jugos.

Deja de estar diciendo boberas, le reclama la Sábila: ya quisiera que me dijeras dónde quedaron el “Peña Nieto de Tlaxcala”, el “Delfín de Ixtulco”, el “Perro de Texoloc”, el “Toro de Apizaco”  y  el “Albañil de Convenciones”.

El Jicoténcal muy atento le explica que los hombres no se han querido sobreexponer y están apareciendo poco porque tres de ellos van a ir en busca de las diputaciones federales, por lo que están guardando sus energías y su lana para no entrar en una competencia muy larga.

Lo que pasa es que no hay hombres en Tlaxcala, dice la Sábila y agrega: no hay hombres que tengan la capacidad, la experiencia y la presencia para hacerle sombra a las mujeres y eso que en el gabinete hay muy poquitas. Es más, no hay ni siquiera una secretaria, todos son hombres, pero todos están como Rosalía “apagados”. Cuasi furiosa se retira del lugar, no sin antes invitar al Jicoténcal para que la acompañe a comprar una nieve porque anda muy antojadiza. ¿Las cinco magníficas tendrán antojo de poder?

 
 
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