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Viernes, 25 de abril de 2008
La Jornada de Oriente - Puebla - Cultura
 
 

 OPINIÓN 

Crítica, más allá de los insultos

 
Juan Sebastián Gatti

 

En los últimos días se ha suscitado una discusión creciente alrededor de la revista Crítica de la Universidad Autónoma de Puebla. Esto es novedoso, tanto por el hecho de que una revista cultural se vuelva tema mediático, como por el tono en que ese debate ha transcurrido hasta ahora.

No quisiera abundar en las injurias y las groserías proferidas a lo largo de este intercambio, que han sido muchas y tienen poco que ver con el asunto de fondo. Quiero decir que no importa, por ejemplo, si Alí Calderón tiene o no una querella personal contra la revista. Tampoco si el director y el subdirector de la revista acostumbran pelearse a gritos, o si Raúl Dorra es o no un experto en poesía mexicana. Lo que importa es si sus respectivos argumentos son válidos o no lo son.

Y el primer problema, me parece, es justamente la falta de argumentos. Si entiendo bien, Alí Calderón es portavoz de un grupo (según se desprende de una entrevista publicada en Síntesis) que considera que Crítica no publica a todos los que debería publicar, especialmente a estudiantes y maestros de la universidad; que ha perdido rigor y presencia nacional e internacional, y que sus directivos han traicionado la misión de la revista. Pero estos, así expresados, no son argumentos: son opiniones.

En sentido opuesto, parece evidente que muchas personas deben opinar lo contrario. Quienes compran Crítica, quienes la leen y seguramente la mayoría de quienes publican en ella (si no, ¿por qué lo harían?).

Pero apoyados en opiniones no se puede proceder a pedir la destitución de un director y un subdirector, y el cambio de línea editorial de una revista. Para hacer algo así hacen falta argumentos, y eso es lo que el grupo invocado por Alí Calderón debería proporcionar para sostener sus demandas. Tampoco es posible ampararse en encuestas, y menos si no se las da a conocer públicamente, explicando en detalle su forma de aplicación, el universo encuestado, las fechas... en resumen, la metodología empleada. De las encuestas a la superstición puede haber un paso bastante corto, pero un poco de rigor científico igualmente se agradece.

Más grave aun es que las opiniones no sean consistentes. En una misma entrevista en el diario Intolerancia, Alí Calderón dice que Crítica está dirigida por “un tipo sin preparación” y que la revista es “una joya”; que “hay consenso en el medio de los ensayistas y artistas universitarios de que Crítica debe abrir su abanico” y que “hay intelectuales que están de acuerdo con un cambio de rumbo de la revista”. Consenso, según el diccionario de la RAE, es el “Acuerdo producido por consentimiento entre todos los miembros de un grupo o entre varios grupos”; que haya algunas personas de acuerdo con algo no constituye un consenso.

Sería más productivo, me parece, que los miembros del grupo al que Alí Calderón dice representar se mostraran públicamente y manifestaran de manera clara qué clase de revista creen que debería ser Crítica. Que mostraran también, por ejemplo, algunos de los textos no aceptados por esa revista, para que luego Pinto y Sarabia explicaran con qué criterios los rechazaron, e incluso que Renato Prada, Galván, Sampedro y los demás que él nombra dijeran si comparten sus opiniones –y, de una vez, cuál de ellas.

Yo coincido con una de esas opiniones: creo que Crítica es una joya. Seguramente lo es tanto por lo que rechaza como por lo que acepta, porque una revista que lo aceptara todo no valdría la pena. Armando Pinto cita a vuelapluma 45 escritores publicados en Crítica, 17 de ellos poblanos, y pide los nombres de quienes fueron excluidos. Alí Calderón ha dado, si no cuento mal, seis. Quiero imaginar que son muchos más. En los últimos años he enviado varios textos a la revista, fueron publicados dos de ellos y me enorgullecen más que si los hubieran aceptado todos, y mucho más que si aceptaran a todos. Aunque carezco de la superstición de las encuestas, tengo para mí que puede ser un orgullo compartido por otros.

Dice Alí Calderón que sin publicar en revistas, los jóvenes no pueden aspirar a las becas del Fonca. Esto, que tampoco es un argumento, ni siquiera es una opinión. Comercio o mercadotecnia, quizás. Pero si ése es el problema, tal vez valga la pena resolverlo de otra manera: por ejemplo, proponiendo en la universidad la creación de otra revista, con los criterios editoriales y los modos de funcionamiento que Calderón considere adecuados. Veríamos entonces una mayor pluralidad de ideas y propuestas, podríamos compararlas y confrontarlas, elegir y hasta tomar partido, si de eso se trata; tendríamos espacios que se complementaran en lugar de anularse unos a otros. De esta forma todos saldríamos ganando: los escritores, los lectores y la UAP.

Construir es más difícil que destruir, pero que se dediquen a construir es lo menos que puede esperarse de los creadores, tengan la edad que tengan.

 
 
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