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Miércoles, 23 de abril de 2008
La Jornada de Oriente - Puebla - Suplementos
 
 
MEDIEROS
desde los comunicadores
 

Felícitas y Teresa

 

 
Ana lidya Flores

Martes 8 de abril. 7:56 hrs. Llega a mi correo un envío de Alfredo Atala, estudiante de Comunicación que se encuentra haciendo el servicio social integral en Oaxaca. Su breve nota dice: “Supongo que alguien habría leído o escuchado algo sobre el asesinato de dos locutoras de una radioemisora comunitaria en San Juan Copala”. El joven comunicólogo pega a su envío la nota que publicó La Jornada en su edición de ese martes.

Miércoles 9 de abril. 9:00 hrs. Inicia el V Encuentro Hispanoamericano de Cine y Video Documental Independiente “Contra el Silencio Todas las Voces”. La Universidad Iberoamericana Puebla es una de las co–sedes, y en el marco de este acontecimiento, el maestro Pablo Guinsberg, conductor del segmento de documentales dedicado a los derechos humanos, informa a la audiencia esta noticia.

Jueves 10 de abril. Continúa la muestra de documentales. Hoy es el día en que se festeja el aniversario luctuoso de Emiliano Zapata, y la muestra hoy está dedicada a los trabajos sobre indígenas. En esta ocasión me toca a mí recordar a los cinéfilos asistentes que Teresa Bautista y Felícitas Martínez habían sido asesinadas en una emboscada. A las 13:20 se proyecta Hatun Llaqta (Con idioma dulce), sobre la Red Kiechua Satelital de Asociación Latinoamericana de Educación Radiofónica (ALER). El video muestra cómo este proyecto tiene cruce con la emergencia del movimiento indígena en Latinoamérica. Fuera de la sala de proyecciones, comparto con mis colegas la indignación sobre el suceso. Dos jóvenes locutoras indígenas de 20 y 24 años de acuerdo con las primeras informaciones, murieron en una emboscada. Casi nadie sabía nada. “La tele no lo había dicho”.

Miércoles 16 de abril. 22:00 hrs. El programa Aristegui de CNN en español presenta el tema. Son entrevistados por la conductora dos personajes: David Peña, el abogado de las radiodifusoras y Aleida Calleja, vicepresidente internacional de la Asociación Mundial de Radios Comunitarias. Ellos hacen visible el tema en la televisión. Explican el contexto, ponderan la importancia de hacer radio en el idioma de los indígenas, hablan del drama político que vive Oaxaca y que enmarca este nuevo asesinato. Carmen Aristegui incluyó segmentos con la imagen y la voz de Teresa Bautista y Felícitas Martínez. Dos radieras asesinadas y una conductora comprometida con visibilizar los temas que no cuentan en la agenda de la televisión abierta.

Viernes 18 de abril. 22:30 hrs. Mi padre, un televidente adicto a los noticiarios, se muestra sorprendido porque en la plática de sobremesa de ese inicio de fin de semana, mi ex marido habla sobre las locutoras indígenas asesinadas. “¡La tele no ha dicho nada!”, confirma el septuagenario televidente.

Lunes 21 de abril. 9:00 hrs. En la contraportada de La Jornada, una indígena extiende el característico huipil triqui. La tristeza de su mirada es infinita. Es la abuelita que crió a Feli y a su hermana Laura cuando murió su madre. El texto de Blanche Petrich hace que el corazón se contraiga de dolor. Más información sobre el peliagudo contexto indígena de San Juan Copala. La abuelita extiende el huipil, y sólo al llegar al tercer párrafo me percato de los orificios que dejaron las balas en el textil.

Martes 22 de abril. 6:50 hrs. Un locutor en radio anuncia la segunda entrega del texto de Blanche Petrich. En la sección de opinión de La Jornada, Luis Hernández Navarro escribe “Muy jóvenes para morir”. ¿Y la tele? No importa. Con toda esta información, ya no podemos hacer como que no sabemos quienes eran Felícitas y Teresa…

 
 

Libertad de expresión o el derecho de unos cuantos a opinar

 

Lilia Vélez Iglesias

La difusión del spot “¿Quiénes toman los Congresos?”, en el que se comparaba a Andrés Manuel López Obrador con Hitler, Mussolini, Pinochet y Victoriano Huerta reavivó el debate sobre si la reciente reforma electoral viola las libertades de expresión de los mexicanos al prohibir que particulares puedan contratar espacios en los medios electrónicos para hablar a favor o en contra de algún partido.

El IFE ordenó retirar el spot, que fue patrocinado por la agrupación Mejor Sociedad, Mejor Gobierno, que preside Guillermo Velasco Arzac y anunció que investigará tanto a dicha organización como a Televisa, empresa que difundió el mensaje, por la presunta violación de las disposiciones constitucionales y las contenidas en el artículo 38 del Cofipe. No obstante lo anterior, la subsecretaria de Normatividad de Medios de la Segob, Irma Pía González Luna, cuestionó si la prohibición incluye aquellos periodos en los que no hay elecciones o sólo debe aplicarse en los tiempos de campaña. La pregunta es si puede o no un organismo ciudadano manifestar sus ideas de esta forma, planteó la funcionaria.

En tanto, Velasco Arzac reveló que la agrupación gastó 5 millones de pesos en la difusión del spot, pero se negó a revelar los nombres de quienes donaron el dinero para pagarlo.

El caso permite plantear el asunto de fondo: la realidad de la libertad de expresión en nuestro país y, por ende, la posibilidad de las y los ciudadanos de participar del espacio público, entendido como el entramado mediático que hace posible la diseminación de las discusiones sobre lo colectivo y lo público en las sociedades actuales.

La libertad de expresión es una garantía fundamental que, de acuerdo con la Declaración Universal de los Derechos Humanos, incluye “el derecho a no ser molestado a causa de sus opiniones, el investigar y recibir informaciones y opiniones y el de difundirlas, sin limitaciones de fronteras, por cualquier medio de expresión”.

Si pensamos en esta libertad en abstracto, es decir, sin considerar que el ejercicio de la misma requiere de ciertas condiciones mínimas, sin duda, coincidiremos en que las reformas limitan esta garantía. Empero, la realidad es que la libertad de expresión en las sociedades posindustriales está íntimamente vinculada a la posibilidad de acceso a los medios masivos de comunicación para que las opiniones, pensamientos e ideas puedan incorporarse a la opinión y al espacio públicos.

En México, las y los ciudadanos carecen de mecanismos jurídicos y políticos para tener acceso a dichos medios, salvo a aquellas personas consideradas líderes o representantes sociales. El ciudadano “común y corriente”, en cambio, difícilmente será recibido en el noticiero estelar para poder manifestar sus posturas, lo que sí puede hacer es participar de manera indirecta a través de ciertos mecanismos como los sondeos, las líneas telefónicas o los espacios para los lectores o las audiencias, que en general suelen ser bastante limitados.

La otra posibilidad para poder ejercer “la libertad de expresión” es pagar para que se difundan nuestras ideas, tal y como lo hizo la citada agrupación. El problema es que millones de mexicanos carecen de recursos para comprar estos espacios y poder ejercer su libertad, por lo que en la práctica ésta se convierte en la libertad del que tiene 5 millones o más para “financiar” su derecho a expresarse.

En ese sentido, si bien la reforma limita el derecho de expresión de quienes pueden comprar espacios en los medios electrónicos –los partidos, los empresarios, las organizaciones con recursos económicos–, de alguna manera impide que la casi totalidad de mexicanos que carecemos de esos recursos para pagar por ejercer nuestra libertad, sólo escuchemos a la de los pocos que sí pueden hacerlo.

En otras palabras, el problema de fondo es cómo lograr que las y los ciudadanos puedan acceder a los medios y ejerzan así su libertad de opinar y expresarse.

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