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Viernes, 18 de abril de 2008
La Jornada de Oriente - Puebla - Cultura
 
 

 OPINIÓN  

Revista Crítica: el sonido y la furia

 
Raúl Dorra

Probablemente porque mi edad me hace proclive a una suerte de reclusión, no suelo enterarme de las cosas salvo cuando por su peso toman estado público. Es por ejemplo el caso de una carta que Alí Calderón dirige al rector de la UAP para denostar a la revista Crítica y pedir una inmediata intervención con el fin de que quienes están a su cargo sean removidos. No escribo estas líneas para entrar en polémicas con nadie, sino para pedir un poco más de calma y un poco menos de ligereza en los juicios, pues desde que llegué a esta universidad he consagrado gran parte de mi tiempo y de mi esfuerzo a fomentar la actividad literaria y editorial y sobre todo la formación de escritores. Por lo que conozco, Alí Calderón es un joven talentoso y activo del cual se podría esperar un buen futuro en el ámbito intelectual. Sin embargo, una carta como la que ha escrito, tan penosamente cegada por la pasión y en la que de manera tan evidente muestra que quiere convertir en problema institucional un resentimiento privado, hace un indeseable contrapeso a sus virtudes. La revista Crítica tiene ya una larga historia y es un patrimonio de la universidad. Es desde luego un patrimonio sometido a juicio como cualquier otro, pero necesariamente a un juicio más serio y más sereno, con argumentaciones más ecuánimemente fundadas. Creo que una carta como ésa, que desde su título quiere mostrarse como una cruzada a favor del rector, tan ostentosamente oficialista, tan palaciega, termina por crear la sospecha de que su autor, más que creer que el maestro Enrique Agüera es el artífice de una universidad de “prestigio nacional e internacional”, cree que es en realidad un hombre sensible a los halagos. Así, pienso, apostando a la vanidad, no se puede argumentar y menos promover una controversia institucional.

Es también como si creyera que su destinatario lo ignora todo acerca de la revista Crítica y por eso necesita hacérselo saber, así como también lo ignoran los otros que leerán la carta pues, para desgracia, Alí Calderón recurrió al expediente de hacerla pública. Yo creo que basta echar una mirada a la propia revista, ver quiénes colaboran en ella, para pensar que esos juicios apresurados y vastamente ofensivos, más que ofender a la revista, ofenden a muchos intelectuales mexicanos y en general latinoamericanos que no merecen ser ofendidos. Por ejemplo, Alí Calderón sostiene sin pudor ninguno que Julio Eutiquio Sarabia (quien, en su opinión, sería el que verdaderamente toma las decisiones) negocia con Eduardo Milán: yo te publico en Crítica y tú me haces figurar en una antología de poetas latinoamericanos. No quiero argumentar a favor de la consistencia moral de Julio Eutiquio Sarabia, pues mi proximidad con él podría prestarse a sospecha. Pero Alí Calderón, que es un hombre de letras, no puede ignorar el prestigio de Eduardo Milán como poeta y sobre todo como un exhaustivo conocedor y difusor de la poesía latinoamericana; no puede ignorar su trayectoria; no puede ignorar que en virtud de esa trayectoria tiene abiertas las puertas de innumerables revistas que se sentirían honradas con su colaboración. ¿Por qué, y ante quién, quiere ofender a un hombre que ha hecho tanto bien a nuestras letras mostrándolo como un oscuro pedigüeño y traficante de publicaciones? ¿No advierte acaso que si Eduardo Milán prefiere publicar con alguna frecuencia en la revista Crítica (él, tan conocedor de revistas literarias) está más bien indicando que Crítica no es una publicación ínfima y mucho menos infame? La pasión, indudablemente, sirve para muchas cosas y es necesario tenerla y aun fomentarla. Pero no sirve para argumentar: más bien recurriendo a ella lo se que hace es caer en graves contradicciones, pues la contradicción es, justamente, aquello de lo que la pasión se alimenta.

Todo esto es muy lamentable. Es lamentable que alguien parezca empeñarse en contra de su propia inteligencia. Es lamentable que alguien diga cosas que, con un poco de serenidad, podría advertir que está mostrando una ignorancia que seguramente no sólo no tiene sino que no es digna de él. ¿En qué momento y por qué razón se le habrá ocurrido afirmar que el juicio y el talento literarios están en relación directa con los títulos universitarios y que por lo tanto Julio Eutiquio Sarabia no puede ser el poeta que es y no puede entender de revistas literarias? Sólo alguien muy alejado de la literatura dejaría de saber que desde Cervantes a Dostoyevsky, desde Shakespeare (al menos el Shakespeare más verosímil para los críticos, el comediante de la legua) hasta Whitman se podría hacer una interminable lista de formidables escritores que no aspiraron a ser doctores y a quienes más bien sentirse tratados como “doctores” les habría parecido una ofensa. Esto que es acaso el lugar común más difundido entre los artistas, repito, de ningún modo puede ser ignorado por Alí Calderón. Así como tampoco puede ignorar que las revistas literarias raramente son dirigidas por doctores. Entonces no queda sino pensar que él cree que el que ignora tan crasamente la literatura es el destinatario de su carta y aun que ese destinatario no conoce a nadie que pueda asesorarlo en estas cuestiones.

Yo estoy convencido de que la revista Crítica es por lo menos una publicación muy digna y conozco gente en diversos países que tienen una muy alta opinión de su calidad, de su consistencia y de su factura. Pero no se trata de eso. Se trata de que por el camino en que Alí Calderón se interna con esa carta, no podemos transitar. Si hay que discutir cuestiones como las que él plantea es necesario ensayar otra disposición mental,  transitar otra deriva en la argumentación. Lamento no tener más proximidad con este compañero para poder sugerirle, por su presente y su futuro como escritor y universitario, y también por la universidad misma que necesita tener en sus planteles personas con la capacidad que él ha demostrado tener, que no insista en actitudes como éstas, tan autodestructivas, que si quiere promover algún otro tipo de política para la revista Crítica lo haga con medios que estén más a la altura del asunto a considerar. Y que pregunte a más gente acerca de la calidad de la revista que tan vigorosamente desprecia.

 
 
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