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Viernes, 18 de abril de 2008
La Jornada de Oriente - Puebla - Política
 
 

 OPINIÓN 

Una iniciativa entreguista

 
Carlos Meza Viveros

El que dice una mentira, no se da
cuenta del trabajo que emprende.
Pues tiene que inventar otras mil
para sostener la primera”.
Alexander Pope. Escritor inglés.

Con la llegada de los tecnócratas y neoliberales al poder, el país fue tomando un rumbo ajeno a su andamiaje institucional, a sus propósitos constitucionales que fueron plasmados en la “Carta de Querétaro” y que en el contexto de cada una de sus normas hubo confrontación, debate, discusión –no “acuerdos”–, para arribar a un texto acorde a la divergencia de cada uno de los puntos de vista de liberales y conservadores, pero mirando siempre por el bienestar de la Nación.

Finalmente surgió la primera constitución social de América Latina y me atrevería a decir que del mundo entero.

Un 18 de mayo de 1938 los mexicanos aplaudimos y nos seguimos sintiendo orgullosos de la decisión tomada por el ex presidente Lázaro Cárdenas al expropiar la industria petrolera en manos de extranjeros, enriquecidos con el oro negro que yace en los veneros de nuestro territorio marítimo y de nuestras superficies territoriales, es por ello que el constituyente quiso que se tratara de un área estratégica patrimonio de la nación, no un negocio sujeto al libre mercado como está aconteciendo en estos momentos.

Ni las posturas conservadoras de 1917 se atrevieron a imponer ideas entreguistas, antipopulares y principalmente antinacionalistas. Hoy la derecha mundial, incluida la mexicana, desde hace décadas han tratado a toda costa de desaparecer el Estado como ente, constituido por pueblo, territorio y gobierno para convertirlo en una empresa en donde los intereses de los grandes capitales sean los que se beneficien. Como dijera David Rockefeller: “Aspiro a un mundo en donde exista una élite de financieros y capitales que dominen este planeta”. ¡Cuánto amor por los que menos, en la aspiración de don dinero!

Desde Carlos Salinas, pasando por Ernesto Zedillo y después Vicente fox, las actitudes de sometimiento y de abyección frente a nuestros vecinos del norte han sido una constante. El último de los nombrados, sin que su extrema ignorancia justifique los hechos no tuvo empacho alguno en transgredir una y otra vez nuestra Carta Magna en materia energética, concediendo una serie de permisos y autorizaciones a trasnacionales en materia de energía eléctrica, conocidos como contratos de servicios múltiples, (llamados en la iniciativa de Calderón eufemísticamente “contratos ampliados”), vía reglamento; sin reforma constitucional y soslayando los imperativos de la ley secundaria de Energía Eléctrica. Las reformas al reglamento para entronizar la inversión privada y con ello ampliar a los grupos privatizadores, a todas luces era inconstitucional, de ello tomó conocimiento la Auditoria Fiscal de la Federación y la Suprema Corte de Justicia mediante sendas inconformidades elaboradas por el entonces diputado y Jurista Salvador Rocha Díaz, quien asesorando a las fracciones del PRI en ambas cámaras logró que el máximo tribunal declarara inconstitucional las reformas al Reglamento del Servicio Público de Energía Eléctrica, elaboradas por Vicente Fox.

Un grupo importante de senadores y diputados estadistas con argumentos sólidos, destacándose como el líder ideológico Manuel Bartlett Díaz, defendieron de manera permanente la postura nacionalista en defensa de la entrega de la energía eléctrica. Fox no logró la tan ansiada reforma a los artículos 25, 26, 27 y 28 de la Constitucional General de la República para cumplir con la misión de los think thanks (tanques de ideas), –ideólogos encargados de engendrar terror y sometimiento a los gobernados– al servicio del capital extranjero, principalmente de nuestros vecinos del Norte, creadores de todas estas estrategias violatorias de la soberanía no solo de México, sino del mundo entero, sin embargo, por otra parte, defendían a capa y espada lo que a ellos les pertenecía en su territorio, el gas, el petróleo y la energía eléctrica.

Felipe Calderón, mientras tanto y en su calidad de secretario de Energía, luchaba contra los molinos de viento por lo insostenible de sus argumentos y para ello se valió de la mentira y de los medios de comunicación. Había que crear un ambiente de terror entre los ciudadanos, el garlito era: “si no salen las reformas estructurales” –léase, si no entregamos nuestros hidrocarburos a las transnacionales– México está condenado a sufrir una de las más estrepitosas crisis financieras, para ello los espantajos eran: “no habrá educación, no habrá salud, no habrá desarrollo”.

Hoy en su calidad de presidente, insiste en mentir a la nación y para ello se escuda en el hecho de que Pemex no se privatizará, que seguirá siendo nuestro y reitera lo que antes dijo como secretario infundiendo temor y mintiendo sin pudor alguno en cadena nacional.

Él y sus asesores, neoliberales y extranjeros, por cierto, reinician sus acciones entreguistas para a través de un documento sin reforma constitucional permitir la intromisión de los capitales que con gran voracidad se frotan las manos esperando su “victoria”, para entrar de lleno, no solo a explorar, refinar, transportar y explotar de manera ventajosa y abusiva nuestros yacimiento, nuestro gas y nuestra energía eléctrica, empezando por el mar profundo en el Golfo de México, todo esto disfrazado con el argumento de que Pemex no es autosuficiente, habría que preguntarle a la secretaría de hacienda las razones de esta supuesta falta de financiamiento.

Mienten al decir que necesitamos apoyos tecnológicos, mienten al decir que con la apertura al mercado libre, nuestra economía traerá grandes beneficios, esta arana, trufa, mentira no tiene límites, es por ello que cada uno de los mexicanos que amen a este país debemos darnos cuenta de quiénes nos gobiernan y principalmente de quiénes están detrás de los hilos del poder como dijera el politólogo Catalán Bruno Cardeñosa.

Mentir por costumbre genera una verdad sospechosa y para ello hay que tener una buena memoria después de haber mentido, estoy cierto que de eso carecerá Calderón –de memoria.

El Santa Ana del siglo XXI y sus corifeos nos mienten, sin importarles que los efectos de sus mentiras hagan que este país se desgaje y en un futuro no muy lejano percibamos sus consecuencias. Lo importante es evitar que esas mentiras se traduzcan en los hechos y se concreten. Quitémosles la sábana a estos fantasmas del poder, preocupémonos un poco por el futuro de nuestros hijos y en general de nuestra descendencia, toda.

En esta lucha se hace menester que mi partido el Partido Revolucionario Institucional incluyendo a diputados y senadores, al Congreso de la Unión y Diputados en el país conozcan a fondo el tema, lean con lupa las mentiras que encierra la iniciativa enviada por Felipe Calderón Hinojosa y de una vez por todas fijen su posición al respecto, en tutela de los intereses de sus electores.

Por otra parte, no hay un solo ejemplo, ni lo podrán encontrar en el que el modelo privatizador haya dado buenos frutos a una Nación. De concretarse este despojo seremos víctimas de una de las traiciones más grandes que ha sufrido este país, que apenas y puede compararse con la entrega del territorio mexicano por parte de Santa Ana a los Estados Unidos. No soy fatalista ni pretendo que me crean como si de un dogma se tratase. Todos los días los medios impresos a nivel internacional, los analistas políticos y financieros de verdad, hacen hincapié en lo nocivo que resultan las privatizaciones para el bienestar de una nación. Basta con consultar El País, la revista Proceso y la opinión de intelectuales mexicanos a los que vetan en las televisoras por obvias razones. Los mexicanos en su gran mayoría repudian estas acciones. Toca hoy a nuestros representantes en el Congreso de la Unión defender a sus electores y asumir una actitud nacionalista y patriótica, por añejos que suenen estos términos, ojala y que no suceda lo que Stigliths premio novel de economía sentenció: “A las grandes privatizaciones les preceden grandes sobornizaciones en los congresos y en los parlamentos”. Ojalá por el bien de México, este alud de mentiras no aniden como verdades en las conciencias de los mexicanos.

 

 
 
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