El jardín Centenario, mejor conocido como “la plaza” de Coyoacán en la ciudad de México, ha sido reconocido y destacado por urbanistas especializados como uno de los mejores centros en una ciudad. Esta plaza es un punto de encuentro para mexicanos y turistas. En Coyoacán se reúnen hippies, emos, darks, punks, rastas y familias completas con abuelitos y niños. Coyoacán es una zona tolerante con los homosexuales y en especial con las lesbianas. En este centro colonial las parejas homosexuales pueden caminar por la calle agarrados de la mano y expresarse su amor sin temer a tener respuestas agresivas de la gente que los rodea. En una tarde de sábado igual se puede escuchar un concierto de jazz, de rock, de son jarocho o una orquesta de steeldrums proveniente de una pequeña isla caribeña. En Coyoacán esta la Casa azul de Frida Khalo, la Casa Museo Trosky, el Museo de Culturas Populares, la Escuela Nacional de Música , Escuela Nacional de Danza Clásica y Contemporánea y la Escuela Superior de Música; también –casi en cada manzana– hay teatros que abultan una lista de centros culturales que podrían llenar un directorio del tamaño de la Sección Amarilla de Puebla. A Coyoacán llegan todo tipo de artesanos: hay mujeres huicholas vestidas de lujo vendiendo bordados intricados de chaquira, hippies rucos que trabajan el cuero, la plata y las piedras o chamacos ingeniosos que crean modas con cuentas de plástico chino.
Coyoacán es ameno y es un desmadre; también es un lugar dónde no te da miedo caminar entre las multitudes. Hay colonias dentro de la delegación con vecinos conservadores que piensan que todos estos guarros, hippies o indios les devalúan sus propiedades. Por eso, las asociaciones civiles creadas en barrios o por asociación de vecinos presionan para reglamentar la actividad social y cultural de Coyoacán. Pero no piensan en la diversidad que es Coyoacán sino en sus intereses personales. Constantemente vemos como van demoliendo casas viejas, por ejemplo, para utilizar mejor el espacio transformándolos en condominios horizontales con una estética que a mí me gusta llamar pseudo–colonial y de hormigón barato. El delegado Heberto Castillo, por su lado, ha iniciado “reparaciones” del drenaje, de los inmuebles públicos y de las calles; y empieza a sustituir el tradicional adoquín con un cemento chafa y cuadriculado con un pinche palito. Éste es el mejor ejemplo del estilo pseudocolonial de hormigón barato que está arrasando con Coyoacán. Con el pretexto de estas reparaciones, ahora, se han levantado a los artesanos y artistas de la plaza.
Como si fuera una prisión han colocado una reja alrededor de todo el Jardín Centenario dejando paso libre sólo a la entrada de la Parroquia y a los comercios. Esta reja, según han reportado, estará allí durante los cinco meses que dure el trabajo de “remodelación”. Los turistas y los visitantes a Coyoacán ahora se tienen que sentar en las banquetas y apoyarse en la reja en vez de tomarse un raspado debajo de un árbol. Las autoridades no pensaron en seccionar la plaza para iniciar los trabajos; no idearon una alternativa coherente para el tráfico de personas en este intenso punto de reunión social sino que se aparecieron un día, agresivamente, y le extendieron una invitación a todos los visitantes para que se retiren de Coyoacán.
Al parecer en esta remodelación, como dice el refrán, primero el diente y luego el pariente: una investigación sobre el uso de los fondos para la remodelación, según denuncia de la diputada Celina Saavedra, del PAN, explica que el delegado Heberto Castillo no sometió a licitación pública estas obras sino que las entregó en adjudicación directa ¡a su cuñada! Nosotros los coyoacanenses estamos esperando que el delegado demuestre lo contrario y que a todos, sin distinción, lo antes posible y sin mayores manoseos, nos devuelva la plaza de Coyoacán.