El clásico de futbol, Chivas vs. América, levanta los ánimos y ámpula. Los partidarios, y fanáticos, de unos y otros, se apasionan y cruzan apuestas que van desde cabelleras a dinero, comidas, camisetas, etcétera.
Es el caso de unos amigos míos, americanistas y chivistas, que apostaron unos contra otros. Los que perdieran iban a pagar una comida de barbacoa para los otros. Como ya se sabe, perdió el América, y los americanistas perdedores tuvieron que llevar barbacoa y pancita, con todos sus aditamentos, para los chivistas ganadores y los colados.
El diálogo escuchado en esa comida no tiene desperdicio:
–El Chivas no quiso humillar al América, dijo un chivista echándole sal a la herida.
–No tanto. Terminaron 3–2 y si hubiera habido tiempo, empatan, respondió un americanista a la defensiva.
–No te creas. Jugó muy bien el Chivas. Y eso que el América tiene todo –remató el primero.
–Sí. Tienen su televisora, su club de fans, venta de artículos que van desde camisetas a todo lo que te puedas imaginar con el logo del equipo. Y lo sorprendente: la gente lo compra. Es todo un despliegue de mercadotecnia –añadió un segundo chivista.
–Sí. El América la tiene fácil. Además de que les pagan una lanota a los jugadores, es un negocio millonario donde de todas maneras ganan –dijo con intento de objetividad un supuesto neutral.
–Sí, los jugadores ganan dinero, pierdan o ganen –añadió con dolor un segundo americanista.
–Sí, los únicos pendejos que perdemos dinero, somos nosotros al apostar y tener que comprar barbacoa por irles a ellos –remató uno de los perdedores.