La renuncia de Miguel Ángel Dessavre a la contienda del PAN para muchos supuso que era un movimiento que allanaba el camino para que la elección de presidente del Comité Municipal de partido en Puebla se definiera a favor del Yunque, que tiene como aspirante a Bernardo Arrubarena. Sin embargo no ha sido así, el aspirante de la ultraderecha enfrenta dos dificultades que le podrían impedir ganar la asamblea del domingo entrante, que es la pobre participación de la militancia panista en el proceso y que otro candidato le está haciendo mucha sombra, él es Marco Antonio Ramírez Moreno, representante de la corriente llamada la Tercera Vía.
Luego de que Jorge Elingher botó el cargo de presidente del Comité Municipal del PAN en la capital y se convocó a la renovación de ese órgano, surgieron tres candidatos. Dos de ellos –Dessavre y Arrubarena– postulados por las corrientes tradicionales del partido y uno más, que es Marco Ramírez, que es un candidato independiente, al no ser apadrinado por ningún grupo en específico. En un principio se supuso que la competencia se concentraría en los dos primeros, y que el tercero de ellos quedaría marginado, pero todo se invirtió.
Dessavre, que era impulsado principalmente por el ex regidor Héctor Montiel, quiso aglutinar a las supuestas corrientes críticas del partido, como es la de Genaro Ramírez y el senador Ángel Alonso Díaz Caneja. Al final, no logró unificar a los grupos y su campaña no penetró entre las bases panistas.
La salida fácil que encontró para deslindarse de la contienda fue argumentar anomalías en el padrón de delegados de la asamblea y que existen “dados” cargados a favor del candidato yinquista.
Esas acusaciones en otra época hubieran pesado, pero ahora entre muchos panistas esas acusaciones resultaron irrelevantes. Para nadie es un secreto que desde hace nueve años el padrón panista de Puebla lo manejan los “Pablos”, es decir Pablo Montiel y Pablo Rodríguez. Por tanto acusar de esa situación es como descubrir que el agua de mar está salada.
Arrubarena es un junior de la política, impulsado por el Yunque y personajes que eran parte del equipo del ex edil de Puebla, Luis Paredes Moctezuma, como es Alberto Pérez Peña, Gerardo Alfaro y Rubén Ramírez.
Este aspirante sentía que esa condición ya le había garantizado el triunfo. Muchos de sus seguidores reforzaron esa idea sobre todo al darse la renuncia de Dessavre.
Sin embargo las cosas no son así. Arrubarena no consiguió que se anotaran muchos delegados para la asamblea. Hasta ayer, solamente se habían registrado unos 800 panistas de los 2 mil 938 que podían hacerlo.
Eso lleva al escenario de que si Arrubarena gana, su triunfo no será sólido, pues no consiguió que se involucrara ni la mitad de los panistas que pueden participar en la elección de la dirigencia.
Dicha situación muestra, una vez más, que existe un agotamiento de las llamadas familias custodias que antes eran las que hacían ganar a los llamados “candidatos oficiales”, ligados al Yunque.
Otro problema es que Arrubarena no suma a los panistas de otras corrientes. Tiene una visión sectaria y si gana, lo más seguro es que su gestión será similar a la Elingher, que tuvo un partido de puertas cerradas para nuevos militantes y personas que no piensan como él.
Algo que cuestiona la fuerza se Arrubarena es el avance que logró Marco Ramírez, quien sin dinero, sin padrinos y solamente con sus propuestas, logró colocarse en el ánimo de importantes núcleos de panistas, sobre todo de las juntas auxiliares de la capital.
Se dice que mucha gente que apoyaría a Dessavre se sumará a Ramírez y eso podría darle un buen susto a Arrubarena.
Ramírez se entrevistó con varios líderes del partido, como Francisco Fraile García, Ana Teresa Aranda, Ángel Alonso Díaz Caneja y Humberto Aguilar Coronado, quienes aunque no lo apadrinaron, tampoco lo bloquearon. Eso fue el equivalente a darle el visto bueno.
Si Marco Ramírez no gana el domingo, su participación en este proceso si marca el inicio de un nuevo liderazgo en el PAN.