“El que es perico...
donde quiera es verde”.
Dicho Popular.
El pasado 7 de abril, tuvo lugar el consejo político para elegir al presidente de nuestro Instituto Político el PRI en la persona de Alejandro Armenta Mier.
El acto fue como se esperaba. La presencia de la presidente del CEN del partido Beatriz Paredes, así como la del gobernador del estado, Mario Marín Torres, primer priista de nuestro estado y de nuestra brillante delegada Paloma Guillén, un auditorio pletórico de consejeros políticos, formaron el marco para que el ex secretario de Desarrollo Social tomara protesta como presidente del partido en el estado, llevando en la fórmula como secretaria a la dinámica y talentosa ex diputada Claudia Hernández.
Para Norberto Bobbio el concepto de liderazgo o de líder ha tenido una serie de variantes en cuanto a su concepto por toda una tradición de pensamientos que se remontan hasta Platón. En la modernidad, es considerado el liderazgo como: “... la capacidad de persuadir y dirigir a los hombres que se deriva de cualidades personales independientemente de su oficio”. El concepto está íntimamente ligado a una ideología de líder, y este es el último reducto de una concepción de líder, como “paradigma” a seguir.
Considero prudente, hacer una pequeña remembranza de la trayectoria política de un joven no sólo inteligente, enjundioso, con talento nato y principalmente con un gran carisma, sin dejar a un lado un valor fundamental que refleja al exterior, la credibilidad.
Alejandro Armenta, se formó desde muy joven y se conviertió en líder de juventudes priistas, ganó sin impugnaciones y de manera abrumadora la presidencia municipal de Acatzingo, participa activamente en labores de difusión y promoción de nuestra ideología popular, social y democrática partidista. Como Diputado, compañero de mi bancada en la LV Legislatura del Congreso del Estado, sostiene sus posturas, no se arredra, jamás permitió –o por lo menos nunca lo vi– someterse a decisiones oprobiosas dirigidas de manera lineal, un parlamentario natural de ideas hilvanadas con una ideología inmutable aunque perfectible y quizá de carácter muy fuerte. En mi concepto a quienes así lo califican yo le llamo gónadas.
Como secretario de Desarrollo Social nadie podrá reprocharle su trabajo incansable y permanente al mando de la secretaría de la que fue titular.
Hoy el enroque, aunque en un principio, incomprensible para mí por lo innecesario del cambio, ahora me obliga a verlo con una óptica distinta y créanme, lo digo por el bien de nuestro partido y de las elecciones federales que se avecinan; lo anterior, no quiere decir que no me hubiera gustado verlo terminar su gestión como secretario de Desarrollo Social, pero eso es otra cosa.
Un líder en primer lugar, debe ser aceptado, debe tener experiencia y capacidad, ser firme, tener convicciones, principalmente ser un puente que permita acercar a todas las voces, críticas y a saber distinguir entre los simuladores, los traidores, los advenedizos, en suma, los sanguijuelas de siempre. Armenta Mier cuenta con todo ello e identifica a los segundos.
Por supuesto que su labor no es fácil, es una tarea ardua pero no imposible, su bagaje político limpio y transparente habrán de hacer de él que muy pronto nos entregue buenas cuentas, porque lo que nuestro partido pedía a gritos era eso...un líder y un líder con liderazgo, con todas sus acepciones.
En hora buena para nuestro líder estatal, estoy cierto que cumplirá cabalmente con esta nueva empresa. Soy conciente, de que no pertenece al PRI–AN mote que en su momento nos endilgaron por la proclividad de muchos “priistas” sometidos a las ideologías neoliberales de la ultra derecha, ellos y usted, saben a quienes me refiero.