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Martes, 15 de abril de 2008
La Jornada de Oriente - Puebla - Cultura
 
 

La historieta mexicana fue abandonada por los editores a los que enriquecimos: Valdiosera

 
Aldo Bonanni
Puebla, Pue.

Sin lugar a dudas ni a retóricas innecesarias, él es el decano de la historieta nacional. Y por sorprendente que resulte, eso es sólo una parte de él, pues además de haber sido un pionero en el noveno arte, fungiendo como editor, argumentista y dibujante, Ramón Valdiosera Berman ha sido coleccionista de antigüedades, diseñador de modas, antropólogo, arqueólogo, novelista, pintor, director de documentales, escenógrafo y hasta actor de cine.

Abordado durante el último día de la pasada TNT gt2, mientras supervisaba el “desmonte” de la exposición 70 años de la historieta en México, el creador de Medio Litro concedió una entrevista a La Jornada de Oriente en la que platicó un poco sobre su vasta experiencia y acerca de la manera en que él percibe la situación actual en torno a la historieta en México, país que en otros tiempos fue una verdadera potencia mundial en la materia, antes de que, como apuntó el entrevistado, los editores abandonaran dichas publicaciones cuando sentenciaron que ya habían dejado de ser rentables, y en un momento en que ya se habían enriquecido a costa del trabajo de los dibujantes y argumentistas.

La charla comenzó con el relato de los tiempos en que Ramón Valdiosera dirigía los diarios mexicanos de historietas Chamaco Chico y Pepín:

–México ha sido el único país en el mundo que ha tenido dos diarios de comics. Eso es una hazaña, porque nosotros, chamacos de 17 años, teníamos bajo nuestra responsabilidad distraer a la gente, y a esa gente que salía a comprar el ejemplar a la esquina la captábamos, le dábamos diversión y le dábamos suspenso para que volviera al otro día. Eran 400 mil ejemplares de tiraje diarios. La rotativa trabajaba día y noche, y teníamos que estar imprimiendo incluso en la penitenciaría las carátulas, porque por ejemplo Publicaciones Herrerías su rotativa no alcanzaba a imprimir Chamaco Chico, y luego, cuando nos pasamos con Valseca, ya imprimiendo en rotograbado, tenía que trabajar la rotativa día y noche para poder producir los 400 mil ejemplares de Pepín diarios.

 

100 años de la historieta mexicana

Sobre la exposición de los 70 años de la historieta mexicana, aclaró:

–La exposición que usted tuvo oportunidad de ver conmemora los 70 años, de la época de oro para acá. Yo pienso que eso había que conmemorarlo porque empieza ese movimiento en 1938, y en este año se cumplen 70 años, pero estoy hablando de mi época, porque quiero decirle que en este año se cumplen 100 años de la historieta en México. La primera historieta la saca don Guadalupe Posada, en sus hojas sueltas, en 1908, así es que este año se cumplen 100 de la tradición de cultura popular de la historieta.

 

“Los editores Abandonaron la historieta”

–¿Qué piensa de la historieta actualmente? –se le preguntó.

–La historieta mexicana fue abandonada por los editores a los que hicimos millonarios. Estas gentes se hicieron millonarias y abandonaron la historieta mexicana. Trajeron la cantidad de servicios americanos y a los dibujantes magníficos mexicanos que había los metieron en un rincón, abandonados, y a la historieta mexicana, que los había hecho súper millonarios, la abandonaron.

“Yo quiero decirle una cosa”, continuó, “toda esta tarea que usted ve (la exposición) es con el fin de reivindicar la historieta mexicana, porque yo como historietista, que me hice, que gané dinero con la historieta, que fue mi formación, porque yo como artista autodidacta tuve que luchar mucho para sacar la cabeza, y cerca de mí había talentos maravillosos como Pancho Flores, como Antonio Gutiérrez, como Javier López, como tantos que salieron de mi estudio... me da dolor ahorita darme cuenta que los abandonaron, y creo que eso tiene que saberlo el público de México, porque ahora los historietistas están trabajando maquilando ideas para Estados Unidos. Es un bofetón a nuestra posición como país, que no cuidemos nuestro talento. Da pena que los artistas mexicanos tengan que estar maquilando historietas extranjeras.

 

De Fu Manchú a Medio Litro

Nacido el 28 de abril de 1918 en Ozuluama, Veracruz, Ramón Valdiosera fue hijo de un general zapatista asesinado cuando él tenía apenas un año de edad. En 1926 arribó a la capital del país, y casi al mismo tiempo comenzó a dibujar. Pocos años más tarde ya despuntaba en una carrera como creador que incluiría producciones como El diamante negro de Fu Manchú, Ladrón de Bagdad o Simbad el marino.

A mediados del siglo pasado, en la revista Tesoros, apareció por primera vez el personaje al que en tiempos recientes más se asocia el nombre de Ramón Valdiosera: Medio Litro. En junio de 2007 el caballero de la mesa cuadrada fue lanzado nuevamente al mercado, con guiones de su creador y arte gráfico de maestros como Sixto Valencia –en los primeros números– o José Luis Durán, además de Arturo Said como fondista.

Al respecto, contó:

–Al hacer Medio Litro trato de hacer una historieta infantil que haga al chamaco saber lo que es una palabra empeñada, del valor de decir la verdad, de ser valiente, de ser decidido, porque en el niño está el futuro lector de periódicos, de revistas y de libros. Si no metemos en el niño el deseo y la curiosidad de leer, estamos haciendo ciudadanos de una cultura media, de una cultura en la que sepan decir nada más sí, señor; cómo no, señor; ¿qué quiere usted que haga, señor? Los abuelos de hoy y los papás de hoy leyeron historietas y querían emular a los héroes. Querían ser también valientes, pundonorosos, y todos estos valores se están perdiendo con nuestra juventud actual.

–Le voy a hacer una pregunta un tanto difícil: para usted, que ha visto pasar a prácticamente todos los dibujantes de México, ¿quién o quiénes han sido los mejores?

–Mire, yo me ausenté de la historieta mexicana, y realmente de los nuevos valores conozco unos ocho o 10, magníficos. Está León, Guevara... una serie de valores nuevos, pero dolorosamente los buenos valores no se conocen por el público mexicano porque están trabajando para Estados Unidos, maquilando historietas famosas como El llanero solitario o el Spider–Man. Entonces imagínese usted qué dolor: yo que fui uno de los pioneros, que hicimos la época de oro, que yo pensé que haríamos toda una familia fabulosa de artistas, pues resulta que yo me salgo de la historieta presionado por los propios editores que también veían en mí una persona que reclamaba, que pedía más dinero, pues oiga usted, para poder vivir mejor, para poder comprar mejor material y trabajar, para vivir en una mejor casa. Mientras ellos se volvían millonarios nosotros estábamos trabajando en verdaderos cuchitriles, siendo los que teníamos el talento para que la cosa se lograra.

–¿Qué le aconsejaría a los dibujantes jóvenes para que su trabajo sea más valorado?

–En primera tienen que unirse. Tienen que tomar una personalidad fuerte, formando su propio equipo, pero eso no lo van a lograr mientras no haya editores con visión, con valor y con la posibilidad maravillosa de publicar las historietas mexicanas. Aunque claro: estamos en una etapa en que la televisión y los videojuegos son una competencia tremenda, pero la solución es como en Europa: hacer libros de historias súper ilustradas, que ya la gente actual no puede leer una página para saber que el personaje va por una vereda. Ahora el lector necesita ver al héroe y la vereda. Ya el tiempo actual exige ilustraciones muy bellas y muy explicativas que formen un libro.

Ramón Valdiosera, a sus casi 90 años, sigue abanderando su cruzada para dignificar la historieta mexicana, sin dejar nunca de rebosar su creatividad, la misma que le hizo tener la idea original del polémico timbre de Memín Pinguín. La que así como lo llevó a crear un personaje infantil también le bastó para, en 1997, inventar al oriental Delmónicos, presentador de la colección Delmónicos Erótika, la cual sigue publicando hasta la fecha la Editorial Mango y Toukán.

 

 
 
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