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Lunes, 14 de abril de 2008
La Jornada de Oriente - Puebla - Deportes
 
 

 TAUROMAQUIA 

Karla de los Ángeles y Amigos Taurinos de Puebla

 
Alcalino

 

Si de por sí las posibilidades de hacerse torero se han complicado enormemente en nuestro país, qué podría decirse de una joven aferrada a la ilusión de ser alguien en la Fiesta. Es el caso de Karla de los Ángeles, principal reclamo del cartel femenil que integra la única novillada anunciada para la próxima Feria de mayo. A sus 19 añitos, Karla –nacida en Puebla, de ahí el complemento angélico de su nombre de pila– vive entregada al oficio espontáneamente elegido por ella desde que se puso por primera delante de un becerro y, a despecho de golpes y revolcones, aguantó impasible el seco retumbar de las pisadas de un animal amenazante y fiero aproximándose a su cuerpo de adolescente y se sintió ahí tan a gusto que desde entonces no ha cesado de alimentar la idea de hacerse profesional del toreo y llegar a figura. En qué basa esa voluntad férrea de torear y toreando trascender es asunto difícil de explicar hasta para esta lúcida aspirante de grácil esbeltez y rostro moreno y afilado, pero digamos que notó desde un principio que quedarse quieta ante la acometida de las reses –eso que tan arduo resulta para cualquiera, por valeroso que sea su ánimo–, podía realizarlo con pasmosa naturalidad. Claro que como torear no es simplemente pararles a los toros, sino mandar en sus embestidas a base de dominio y temple, el corto aprendizaje realizado por Karla en la persecución de tan torero empeño está hecho de sacrificio y perseverancia, esa alta cuota que la tauromaquia cobra a sus cultores para poder asimilar lo que en un principio parece tan sencillo.

Torera en ciernes. Asumido el reto y los sacrificios inherentes –la renuncia a la vida, los estudios y las diversiones normales a su edad, la resistencia natural de la familia, la reticencia de la gente del toro a admitir entre los suyos a una muchacha  frágil y callada pero firmemente decidida–, en el horizonte de la joven aspirante quedan muchas etapas por cumplir: desde el fogueo en ganaderías bajo la amistosa asesoría de maestros experimentados –José Rubén Arroyo, Martín Flores, Vallito– hasta las presentaciones iniciales en poblaciones pequeñas, ante públicos entusiastas pero también morbosos y no siempre favorables. La historia de siempre, pero con ese matiz diferencial que impone su condición de mujer. Y la verdad es que, a lo largo del corto pero intenso recorrido, Karla ha respondido como todo un torero, echando pa’lante ante los inconvenientes y procurando aprender un poco más con cada nueva experiencia. Por lo pronto, ha percibido cómo la curiosidad de la gente por el solo hecho de verla salirles a los novillos ha sido capaz de trocarla en reconocimiento convencido y, en sus tardes más afortunadas, en entusiasta entrega. Ya no como mujer sino como torera. No por simple simpatía sino por el imperio de su muleta y la sinceridad de su valentía. Pues Karla de los Ángeles cultiva un estilo de torear más cercano a la estoica quietud que a la pinturería fácil, más próximo a la seriedad rondeña que a la alegría contagiosa pero intrascendente. Esa será su propuesta torera la noche del viernes 9 de mayo, al lado de la profundidad muleteril de Elizabeth Moreno y el bullicio juvenil de Milena Parra. Con la ventaja de que el encierro de Vicencio, cuidadosamente seleccionado para la ocasión por Raúl Ponce de León, viene con la nota y el trapío precisos para que las chicas se luzcan y el público se emocione.

Amigos Taurinos de Puebla. Pero hay algo más. En el país convulso y con su economía a la baja que México es actualmente, las dificultades para hacerse torero aumentan en la misma proporción. Simplemente para montar un festejo, por modesto que sea, las dificultades se multiplican. Y no digamos ya de las que encuentra para hacerse torero un joven con voluntad y atributos pero sin padrinos ni medios para desenvolverse. Por eso debe resaltarse la iniciativa de un grupo de aficionados dispuesto a pasar a la acción, estimulando con algo más que su apoyo moral a principiantes con buen potencial de futuro. Si como aficionados con experiencia saben identificar al que lo posee, como personas de buena posición han decidido aportar materialmente a esos raros jóvenes dotados de cualidades dignas de ser apoyadas. Tal es el caso del grupo Amigos Taurinos de Puebla, de reciente formación, que por lo pronto se ha cooperado para obsequiar a Karla de los Ángeles con dos preciosos ternos de luces, un capote de paseo con la firma de Martín Flores y diversos avíos y prendas toreras en un rasgo que debería servir de ejemplo, y que al tiempo de representar un reconocimiento explícito a las cualidades de la joven artista del toreo la estimulan y comprometen con ella misma y con la afición.

Sea enhorabuena.

Húmeda Sevilla. En la llamada semana de farolillos la feria de abril cayó en picada. La culpa la tuvo un clima borrascoso que, convertido en tormenta desde la tarde del lunes –cuando Manzanares cuajó un gran sexto toro de Juan Pedro Domecq bajo tupida cortina de agua–, directamente impediría la celebración de los festejos de martes y miércoles, malogrando las ilusiones de, entre otros, diestros tan esperados como El Juli, Morante, El Cid y Talavante. Pero el colmo llegó con la suspensión del jueves. Estaban anunciados los Salvadores Vega y Cortés, que con el novicio Daniel Luque tenían ese día su única oportunidad para abrirse paso en una incierta temporada 2008. El ruedo acusaba los efectos de varios días de chubascos pero esa tarde no llovía y hasta brillaba el sol, no obstante lo cual el juez de turno –un señor Pulido, destituido al día siguiente por el ayuntamiento– decidió que lo mejor era que todos se fuesen a casa. Y como los matadores, en uso de su derecho, insistieran en torear, no se le ocurrió mejor solución que ordenar a la fuerza pública los retirara del coso. Ni los más viejos recordaban escena semejante, preámbulo de un final de feria desastroso, pues las últimas corridas se transcurrieron sin pena ni gloria, excepto por la confirmación de Diego Ventura, ayer mismo, como primera figura del toreo a caballo. Con este dato adicional: la corrida de Miura, un largo calvario del que sólo el salmantino Valverde pudo emerger con una oreja en la espuerta, dio en promedio 607 kilillos. Algo monstruoso.

 

 
 
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