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Lunes, 14 de abril de 2008
La Jornada de Oriente - Puebla - Cultura
 
 

 DEL HECHO AL DICHO  

Pa’ que tanto brinco... ’tando el suelo tan parejo

 
Manuel de Santiago

 

La sociedad mexicana está estremecida, al menos la urbana que en estos tiempos que corren constituye la gran mayoría. Esta conmoción no es meramente política, sino básicamente económica. Existe una gran incertidumbre acerca de la condiciones financieras de muchas familias debido al aumento de los precios, a la situación de estancamiento de los salarios, a la corrupción generalizada, a la escasez de empleo para los jóvenes en un futuro inmediato, a la utilización abusiva de los recursos de México, etcétera. Sin embargo, por las calles circulan muchos automóviles de lujo y se nota la opulencia excesiva en un grupo reducido de personas.

Los comentarios que se escuchan en la calle tratan invariablemente del mismo tema: del dinero que no alcanza y de lo que puede suceder “si las cosas” no mejoran. Los taxistas, las amas de casa, los “marchantes”, los compañeros de trabajo, los familiares nos quejamos de que rinde menos el dinero, de que no alcanza el salario y de que no se ve para cuando se puedan arreglar los problemas de este país. La desconfianza hacia las instituciones y hacia quienes aparecen como cabezas de éstas es generalizada y es un ingrediente desesperanzador. Por los jueces, por los funcionarios públicos, por los empresarios, por muchos curas, por los diputados y senadores y por los líderes nadie da un comino.

Si a esta inquietud por “la papa” le sumamos las expresiones políticas de las últimas semanas, el ambiente social en muchos sectores es verdaderamente delicado y me atrevería a decir explosivo en algunos casos de grosero contraste social entre quienes no tienen prácticamente nada y unos pocos que ostentan una gran riqueza.

Muchos integrantes de la llamada “clase política”, de cualquier posición ideológica, son insensibles al estado de cosas que en este momento existe en la sociedad de nuestro país y particularmente a lo que afecta y padece la mayoría del pueblo mexicano. En pocas palabras ¡les vale madre!

Algunos timoratos se asustan y por lo tanto odian y condenan a las concentraciones y marchas populares, porque evidencian una inconformidad cada vez más amplia y eso, quiéranlo o no, nos mueve el piso a todos. Se da el caso que los señalamientos más virulentos y sarcásticos se hacen a esos “alborotadores” y se olvida a los verdaderos bribones y las fechorías que cometen. Ahora resulta que la actitud de un “gritón” en una manifestación pública es más reprobable que la de un defraudador o la de un pederasta. Por supuesto que los “televisos” y los “aztecos” se encargan de lograr que los crédulos lleguen a “pensar” así las cosas, el mundo al revés.

Pa’ que tanto brinco... ’tando el suelo tan parejo, “no hay que hacer olas”, “no alboroten la gallera”. El suelo no está para nada parejo y estas expresiones solo conducen a la inmovilidad, a dejar que las cosas se vayan resolviendo solas, a que otros tomen las decisiones que nosotros no nos atrevemos a tomar por flojera o desidia; eso sí, a criticar todo desde “afuerita”.

Estimados amigos y lectores yo solo quiero decirles ¡aguas...! Si no le entramos a la solución de los problemas comunes que nos afectan nos va a “llevar carguetas” o nos va a “cargar llevetas” a todos los que formamos el infelizaje, porque tengan al seguridad de que los “ricachones” y toda su méndiga raza se van a largar de aquí, forrados de lana. No se valen después lamentos que para nada sirven. ¡Aguas!

 
 
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