Este jueves, unos 3 mil manifestantes de diferentes organizaciones populares salieron a las calles de la ciudad de Puebla para exigir, entre otras cosas, que no se cambie el uso de suelo en la reserva territorial Atlixcáyotl–Quetzalcóatl, así como en otras zonas aledañas.
Mientras eso ocurría, en el Congreso local la fracción del PRI rechazó una petición que hicieron los diputados del PAN y el PT para evitar que se cambie el uso del suelo de la reserva territorial en cuestión, así como de otros municipios en donde se quiere emprender proyectos inmobiliarios sobre áreas verdes.
Ambas expresiones, realizadas por actores sociales y políticos con intereses distintos, pero que convergen en la defensa de la reserva territorial, son una clara muestra del malestar que causa en amplios sectores de la población que se siga destruyendo las pocas áreas verdes que quedan en la ciudad a favor de proyectos urbanos que solamente benefician a unos cuantos inversionistas.
La capital del estado ha sido testigo en los últimos 21 años de como se utilizan argumentos a favor del reordenamiento territorial, de proyectos de utilidad pública y de rescate de zonas verdes para expropiar o comprar a bajo precio grandes extensiones de tierra, las cuales finalmente acaban siendo botín de especuladores inmobiliarios, negocios de funcionarios de alto nivel u obras que sirven para generar grandes ganancias a consorcios empresariales.
Por eso, diversos sectores de la sociedad ya no se dejan engañar y demandan que se respete las zonas de preservación ecológica y no continúen los despojos de tierras.