La detención del narcoedil Rubén Gil Campos ya desató la división y confrontación de tres grupos del PRI en Izúcar de Matamoros que están peleando por quedarse con el control del ayuntamiento de ese municipio. Las dos fuerzas que principalmente se disputan el puesto que dejó el alcalde detenido en Nueva York por distribuir cocaína, son los del subsecretario de Desarrollo Social del gobierno del estado, Juan Manuel Vega Rayet, y el de regidor Rubero Suárez Matías, de quien se dice es apoyado por la Secretaría de Gobernación (Segob).
Al mismo tiempo, el caso ha metido en un brete a los priistas de la capital que no saben cómo resolver quién se quedará en el lugar del acalde. Tampoco encuentran la manera de mitigar los efectos negativos del escándalo de Gil Campos, cuyo juicio en Estados Unidos tardaría entre tres meses y un año; además de que el asunto podría ser más grave de lo que parece, pues se sabe que el alcalde antes de ser detenido por la DEA, primero se le investigó para saber si su presunta actividad de tráfico de enervantes también la había desplegado en Izúcar de Matamoros, quiénes podían haber sido sus socios y quién le brindó protección oficial.
En el Congreso local –al parecer por instrucciones de la Segob– la fracción del PRI buscará que el caso Gil no llegue al Poder Legislativo, que el sucesor sea designado por el Cabildo matamorense. Es una medida con la que se cree que se podría aminorar la mala imagen que al priismo causó dicho asunto. Sin embargo las condiciones no están dadas para que eso ocurra. Lo más lógico es que el edil fuera sustituido por se suplente, de nombre Ricardo Arturo Herrera Velázquez, pero las siguientes dos razones impiden su llegada:
Por un lado el grupo político de Juan Manuel Vega Rayet, quien es ex alcalde de Izúcar de Matamoros, subsecretario de Desarrollo Social y esposo de la diputada de ese distrito, Erika Suck, está buscando que la alcaldía quede en poder de su grupo político y para ello, se está impulsando a Miguel Herrera, un priista que varias veces ha fallado en su intento de ser candidato a edil.
La expresión de Vega Rayet entre otras razones reclama ese derecho debido a que este grupo político, en agosto del año pasado, a la mala le quitaron la candidatura de alcalde de Izúcar de Matamoros que había recaído en la persona de Carlos Gordillo.
Entre los priistas no es un secreto que en el PRI estatal originalmente se había rechazado a Rubén Gil por su mala fama, que todavía no incluía el asunto del narcotráfico, pero si otros hechos de violencia y un enriquecimiento sospechoso. Por esa razón le dieron la postulación a Carlos Gordillo, que incluía la constancia oficial de que él era aspirante a presidente municipal.
Un día en el PRI se encontraron Gordillo y Gil, y según una versión no confirmada, el segundo de ellos habría sacado una pistola para amenazar a la gente de Carlos Gordillo y obligarlos a desistirse de la candidatura, que incluía destruir la constancia que le había dado el tricolor. Al mismo tiempo, se produjo una orden superior en el partido para que Rubén Gil Campos fuera el aspirante oficial.
Ahora los seguidores de Vega Rayet quieren que alguien de ellos sea el alcalde suplente o en todo caso, desaparezca el ayuntamiento y en su lugar sea creado un Consejo Municipal, que obviamente sus integrantes no formen parte de los partidarios del narcoedil.
La segunda razón por la cual se está rechazando al alcalde suplente de Gil, es que es cuñado de este presunto narcotraficante, se le considera una persona poco apta para el puesto y la mayoría de los grupos priistas lo empiezan a ver como un apestado, ya que su pariente es autor del peor escándalo político de ese municipio desde que se cometió un fraude electoral en 1992 para no reconocer el triunfo del doctor Miguel Cázares García, quién derrotó al PRI en la disputa por la alcaldía.
Se especula que desde la Segob se ve con buenos ojos al regidor de Gobernación del Cabildo de matamorense, Rubero Suárez, para que sustituya a Rubén Gil, pese a los malos antecedentes de este priista que causó la caída de un ayuntamiento hace varios años cuando en su función de tesorero municipal aumentó tanto los impuestos que generó un movimiento de inconformidad ciudadana.
Lo que se quiere, es que el cabildo lo nombre como alcalde y no intervenga el Congreso local, como una manera de que el asunto no genere una mayor atención de la opinión pública a nivel del resto del estado.
El problema principal es que legalmente no puede subir al poder el regidor solamente por la decisión del Cabildo, ya que el artículo 52, fracción II, inciso C, de la Ley Orgánica Municipal establece que:
“En caso de una falta absoluta del presidente municipal y de su suplente, el Congreso del estado revocará el mandato de ambos y designará quienes los sustituyen”.
Por eso resulta absurdo que los diputados priistas se quieran ausentar de dicha determinación. Pero sobre todo, en el caso de Rubén Gil ya no se puede tapar el sol con un dedo. Es un asunto que se ventila por parte de la prensa nacional y de medios de comunicación de Estados Unidos dirigidos a la población de origen mexicano.
Cuando se impulsó a Rubén Gil Campos hubo muchas advertencias de los riesgos de postular a este personaje como candidato. En esta columna se narró los antecedentes de cuando lo detuvieron con un arsenal, de la adquisición poco clara de una maquiladora que es de propiedad pública, de que no se sabía el origen de su fortuna y otras cosas más. Y en el PRI hubo oídos sordos a esa información.
Ahora el PRI está sufriendo las consecuencias de sus yerros.
Ante esto surge la pregunta: ¿Cuántos casos más hay similares a los de Rubén Gil?
Seguramente varios más, ya que muchos priistas únicamente fueron postulados a candidatos de elección popular por el simple hecho de que tenían dinero para financiar su campaña electoral.