“Pump up the jam… pump it up a little more.”
Technotronic, 1989.
Los melómanos conservadores debatieron sobre la verdadera calidad del sonido que manejaba el nuevo formato cuando apareció el cd. Muchos alegaron que con el cd la música perdía su cualidad calurosa y humana; otros pensaron que lograba emitir un sonido más puro. Hasta hoy existen varias producciones discográficas que editan en versiones limitadas en vinil. Eso se debe principalmente a la preferencia de los melómanos opuestos al cd y, sobre todo, a los DJ’s, cuyas preferencias por los viniles alentó el desarrolllo de la tecnología de tornamesas muy especializadas. Cuando apareció el formato digital MP3 se inició una nueva serie de discusiones. Primero se discutió si la compresión de los archivos musicales comprometía la calidad de las canciones, problema que se solucionó con el desarrollo de la tecnología que encontró mucho auge entre los jóvenes. Hoy en día 256 kbps en tu iTunes reproduce básicamente la misma calidad de sonido que la grabación en un cd. La compresión, la creación de un límite definido para las frecuencias, es un tema complejo: no sólo lo utiliza el reproductor de tu MP3, sino también las estaciones de radio para mejorar la calidad de su señal. Butch Vig, miembro de Garbage y productor del legendario disco Nevermind, de Nirvana, define los limitadores como “a necessary evil”, algo así como “un mal necesario”; sin embargo, las discusión más encendida en torno a las nuevas tecnologías, métodos de grabación y reproducción se da sobre el volumen en que se mezclan y masterizan las canciones. Ingenieros de audio, productores, ejecutivos de disqueras y músicos, como Bob Dylan, están en contra del alto volumen en las grabaciones de los cd’s. Los músicos, especialmente de rock y pop, siempre buscaron mezclar las canciones al máximo volumen posible con la mejor tecnología disponible. Los viniles tienen un límite físico, los surcos del disco no se pueden producir tan pronunciados porque la aguja salta. Con la aparición del cd esta limitación técnica desapareció. Al subir el volumen de todas las frecuencias, pero dentro de un parámetro delimitado para que no distorsione, la variedad de sonidos y armónicos pierden definición y la música se vuelve más plana. La ilustración de las frecuencias literalmente pasa de ser curva a ser cuadrada. Los viejos lobos de mar dicen que se apiadan de la generación que sólo ha conocido la música de esta forma, enganchada a sus ipods con audifonos de tapón. Existe un estudio médico que dice que el cerebro no tiene la capacidad para discernir las frecuencias de esta manera, y que por lo tanto la música sólo aturde. Renombrados críticos de música anunciaron por eso mismo la muerte del sonido high–fi, pero los músicos de rock quieren que sus discos suenen cada vez más duro. Ellos no quieren palidecer en comparación con sus colegas y al resto de nosotros –enchufados a nuestros ipod’s– no nos parece mal, al contrario, preferimos la música fuerte. Mientras tanto los puristas piden una equalización más dínamica. El rock y el pop están aprovechando hoy recursos tecnológicos disponibles para elevar el volumen. Entre los más criticados por el volumen de sus grabaciones están músicos nuevos y consagrados como los Red Hot Chili Peppers, Muse, Christina Aguilera, Lilly Allen y los Artic Monkeys. Bob Dylan y Norah Jones buscan equalizaciones más acentuadas y elegantes y suenan magníficos ¡nadie los crítica! Pero si escucháramos cada pisada sobre las cuerdas en un disco de los marranos Artic Monkeys los percibiríamos como pretensiosos. Hay bandas y proyectos a los que les favorece que todo su poder suene contenido en un masacote sónico. No toda la música esta hecha para ser limpia y refinada. La música mezclada tan duro no es un delicado kung fu y más bien se siente como unas cachetadas borrachas de mano abierta.
La discusión se complica aún más cuando se refiere a la remasterización de obras que originalmente tuvieron otro sonido. Sin lugar a dudas se altera la obra como fue inicialmente concebida. Pero se ha dado el caso de que el mismo artista original, por ejemplo Jimmy Page, de Led Zeppelin, ha estado a cargo de las remasterizaciones de la obra de Led Zeppelin, y él decidió utilizar la tecnología actual para “restaurar” su propia obra. El guitarrista Lee Flier, por otro lado, creo una analogía en donde le “sube el volumen” a obras pictóricas clásicas, saturando los colores y perdiendo las líneas de definición de la Mona Lisa (recforums.prosoundweb.com). Uno se pregunta ¿qué hubiera hecho Leonardo con una lata de pintura metálica en aerosol y unos esténciles diseñados por computadora retocando el retrato de la Mona original?