No busco aspirar a demostrar mis conocimientos sobre arte ni pintura, sino que procuro establecer un vínculo metafóricamente lúdico entre una obra maestra y la forma de visualizar una enfermedad.
El 24 de marzo se conmemora el día mundial de la tuberculosis. En una búsqueda de información sobre el tema, hallé esta maravilla de pintura, denominada “la miseria”. En la composición, el autor imprime un movimiento visual iniciado en la parte superior izquierda, con unos cuadros iluminados pero poco detallados, que sobresalen por el efecto de la luz, antes que la influencia del placer visual condicionada por el escrupuloso trabajo del pincel.
La oscuridad del fondo lleva la mirada hacia la derecha, para bajar en el hermoso empleo del óleo, desarrollado con el camastro de hierro, que estropeado y oxidado, hace un contraste entre la sencillez del artefacto con finísimos detalles llenos de colorido, textura y sobre todo juegos sorprendentes de iluminación. El viejo colchón cubierto con una sobrecama tiene un exquisito trabajo de detalle en la tela, con pliegues que se acentúan literalmente compitiendo con la fotografía. Este manejo de la tela lleva la mirada hacia la izquierda donde, postrada, una mujer yace con un seno descubierto, exhibiendo la clásica palidez cadavérica de la tuberculosis y de cuya boca incluso se puede deducir el esputo sanguinolento de la tos. A su lado, el marido, con la mirada hacia el piso de madera vieja, expresa desaliento, impotencia, consternación y abatimiento. La diferencia en el color de la piel entre los dos protagonistas, no solamente es aleccionadora desde el punto de vista médico, sino también desde la óptica artística, donde la proporción de las manos y los exquisitos detalles culminan la visión total del cuadro.
La obra es de un pintor venezolano llamado Cristóbal Rojas, nacido en 1857 y muerto solamente cuatro años después de haber culminado esta pintura (1890). Curiosamente su deceso obedeció precisamente a la tuberculosis que, para los países ricos ha disminuido; sin embargo los latinoamericanos estamos en condiciones prácticamente similares a las de ésa época en la que Cristóbal Rojas, seguramente bajo la mano temblorosa, dejó a la posteridad esta aleccionadora manifestación artística que no es otra cosa que el reflejo de las condiciones de vida de mucha gente en nuestra América Latina que, como sirvienta de países poderosos, es entregada y prostituida por los políticos, los banqueros y los empresarios abusivos.
Aunque parezca increíble, en este siglo XXI, teniendo un conocimiento profundo de la bacteria que genera la enfermedad y existiendo ya tratamiento para atacarla, todavía hay tuberculosis. ¿Qué explicación puede existir para esta paradoja? Simple y llanamente... la miseria.
Hipervínculo:
http://es.wikipedia.org/wiki/Historia_de_la_tuberculosis