Búsquedas en el diario

Proporcionado por
       
 
Martes, 1 de abril de 2008
La Jornada de Oriente - Puebla - Cultura
 
 

 OPINIÓN 

El ritual de los voladores de Papantla en Pahuatán

 
Amelia Domínguez

En días pasados, al finalizar la Cumbre Tajín, en la zona arqueológica del mismo nombre, el productor ejecutivo de dicho festival anunció que el ritual de los voladores de Papantla podría ser declarado Patrimonio Inmaterial de la Humanidad por la Unesco, pues se envió hace un año el expediente integrado a solicitud del presidente municipal de ese municipio veracruzano.

De concederse ese reconocimiento a esta danza ritual, el beneficio se extendería a Puebla, pues es en el Totonacapan, región indígena que abarca parte de Puebla y de Veracruz, donde se celebra primordialmente esta ceremonia.

El ritual de los voladores, conocido comúnmente como de Papantla, es una tradición mexicana que data de la época prehispánica y que se celebra entre los grupos indígenas Totonaco y Nahua, aunque también se practica en el occidente de Guatemala, según la enciclopedia Wikipedia.

Por su gran significado astronómico y religioso, hasta hace algunos años, había muchas restricciones para su práctica. Los danzantes que participaban en él, debían ayunar desde algunos días antes y evitar tener relaciones sexuales para que los dioses fueran propicios con el pueblo que ejecutaba la danza.

Entre los indígenas totonacos, ninguna mujer debía participar en ésta ni en ninguna danza tradicional, pues era tabú. Prueba de ello es que en algunas de las danzas, como la de Negritos, la Maringuilla, uno de los personajes centrales, era interpretada por un hombre disfrazado de mujer.

El “palo volador”, eje donde se desarrolla la ceremonia, debía ser cortado previo permiso que se le pedía al dios del Monte, dejándole a cambio una ofrenda, por el daño causado.

Después, para erigir el palo –que debe medir entre 25 y 30 metros de altura–, en el centro de la explanada donde se desarrolla la danza, debía también ofrendarse a los dioses, para garantizar que toda la ceremonia se llevara a cabo sin contratiempos.

Llegado el día de celebrar el ritual, antes de ascender los cuatro voladores y el caporal, ejecutan unos sones alrededor del palo, acompañados de la música de un tamborcillo y una flauta de carrizo. Los sones que se ejecutan son: el saludo en tierra y el ascenso; ya arriba de pie sobre la manzana al centro de un cuadrado en cuyas esquinas se sientan los otros cuatro personajes, el caporal ejecuta una danza mientras toca, inclinándose hacia cada uno de los puntos cardinales. Posteriormente, mientras los cuatro voladores se lanzan al vacío, amarrados de la cintura, el caporal se sienta en la manzana, y toca el sol del vuelo o descenso y al finalizar únicamente se descuelga por una de las cuerdas. Se supone que cada volador da 13 vueltas alrededor del palo, que multiplicadas por cuatro, suman 52 vueltas, que son los años del ciclo astronómico de los aztecas.

Sin embargo, en Puebla, algunos elementos de la danza de voladores ha variado, como se pudo constatar en el Festival Cultural de la Sierra que se llevó a cabo en semana santa en Pahuatlán, donde habitan grupos indígenas nahuas y ñahñús. Ahí, las actividades del jueves santo que culminarían con la huapangueada, iniciaron con la danza de los voladores, ejecutada por danzantes de una comunidad del municipio de Honey.

En primer lugar, ellos no bailaron los sones previos al ascenso, al pie del palo volador, sino simplemente empezaron subir. Subió uno, dos, tres, cuatro, cinco y hasta seis danzantes. Cinco fueron los que se acomodaron en el cuadro, que no fue cuadrado sino pentagonal, colocado en la parte superior del palo. En el centro, el caporal bailó acompañado solamente de la flauta, haciendo el saludo hacia los 4 puntos cardinales. Al finalizar de tocar, se amarró también de la cintura, y se arrojó, al igual que los otros cinco voladores, al vacío. 

Si fueron 13 las vueltas que dio cada uno, multiplicadas por seis, arrojan 78, y no 52 que consiste en el ciclo astronómico azteca. ¿Cuál fue la intención? ¿Convertir la danza en un acto circense? ¿Hacerlo más atractivo para los turistas?

Tal parece que en Pahuatlán se han roto las tradiciones en lo que se refiere a esta danza tradicional. Fue ahí mismo donde años atrás, pudimos observar la danza de los voladores ejecutada por mujeres procedentes de una comunidad del municipio de Huauchinango. También en ese lugar hemos visto a niños voladores, desde luego en un palo volador de menor altura, lo que afortunadamente demuestra que esta tradición no se extinguirá, pues sigue suscitando el interés de las nuevas generaciones por preservarla.

Esperemos pues que la Unesco declare a finales de este año a la danza de los voladores del Totonacapan, como Patrimonio Inmaterial de la Humanidad.

Aunque se suele conocer como danza de los voladores de Papantla, la evidencia arqueológica ha demostrado que se trata de un ritual muy antiguo y no circunscrito a la cultura totonaca. Se conocen representaciones de cerámica procedentes de Nayarit que parecen probar que el ritual existía por lo menos desde el período preclásico de Mesoamérica. En la actualidad sigue siendo celebrado por los grupos nahuas y totonacos de la Sierra Norte de Puebla y el Totonacapan veracruzano. Algunos grupos de indígenas de esas regiones se han trasladado a diversos puntos de la República Mexicana, como el Museo Nacional de Antropología en la ciudad de México, donde hacen una breve representación del ritual indígena.

 
 
Copyright 1999-2008 Sierra Nevada Comunicaciones - All rights reserved
Bajo licencia de Demos Desarrollo de Medios SA de CV