Ayer se oficializó la renuncia de la subsecretaria de Educación Superior, Rocío Moreno Viveros, con lo cual se pone fin a tres años de confrontación que esta funcionaria sostuvo con Darío Carmona García por el control de la Secretaría de Educación Pública (SEP) y que provocó la parálisis de muchas áreas de esta dependencia
A partir de este lunes todo hace suponer que Darío Carmona ya podrá dormir tranquilo, pues Rocío Moreno se había convertido en un dolor de cabeza para el titular de la SEP, ya que la funcionaria se manejaba de manera autónoma y bloqueó sistemáticamente muchas de las decisiones y proyectos del secretario, quien siempre se mostró sin carácter para poder confrontar a la subsecretaria en cuestión.
La salida de Moreno no fue obra de Darío Carmona, sino a que esta ex servidora no supo conservar el respaldo político que le permitió llegar a la SEP como una funcionaria que en ocasiones tenía más poder que el titular de la dependencia.
Moreno fue la única subsecretaria del gabinete –que al inicio del sexenio– le dio posesión el propio gobernador Mario Marín Torres.
Se dice que ella llegó a la posición que ocupaba fue por el impulso que recibió de Julieta Marín, la hermana del mandatario, en recompensa por su colaboración en la campaña electoral del PRI de 2004.
Ese poder se tradujo en que la funcionaria llevaba su propia agenda. Que había días en que no recibía a nadie. Que se daba el lujo de destituir a funcionarios que nombraba Darío Carmona o desconocía acuerdos que se adoptaban en las SEP o en la Secretaría de Gobernación. Siempre fue alguien que se obsesionó con aplicar las reglas al pie de la letra y que no le gustaba negociar con nadie.
Para algunos, Roció Moreno fue un ejemplo de rectitud y profesionalismo, que chocaba con el carácter misógino de Darío Carmona, quien perdió autoridad con la funcionaria por dedicar más tiempo a labores ajenas a las funciones de la Secretaría de Educación Pública.
Otros la veían como una servidora pública tiránica, prepotente y que carecía de tacto para conducir los asuntos de su subsecretaría.
Por eso se llegó el extremo que en una ocasión Moreno le frenó a 20 universidades la expedición de los Registros de Validez Oficial, mejor conocidos como Revoes, que son las licencias para que una institución opere una licenciatura o un posgrado. No importaba que en muchos de estos casos dichos recursos ya tenían el visto bueno de Carmona García.
Se comenta que ese comportamiento la llevó a no tomar las llamadas telefónicas de Darío Carmona, de Julieta Marín y de Javier López Zavala, cuando este último era secretario de Gobernación. Eso provocó que perdiera apoyos y que se fuera debilitando.
Ante la pérdida de poder, la estrategia que siguió Carmona no fue destituir a la subsecretaria rebelde, sino la empezó a bloquear, a quitarle facultades y aislarla.
En diciembre de 2007 dos hechos mostraron la estrategia de aislamiento que aplicó en su contra el titular de la SEP:
El primero es que luego de muchos meses de trabajo, se había logrado conformar el Consejo Estatal de Planeación de la Educación Superior (Coepe). Todo estaba listo para que sus miembros tomaran posesión en un acto al que estaban convocados docenas de participantes, entre ellos todos los rectores de universidades de la entidad. Un día antes del acto, por la tarde, mediante una llamada telefónica Dario Carmona le comunicó a la subsecretaria Rocío Moreno que el evento estaba cancelado.
La entonces funcionaria le replicó al secretario que eso no podía ser, ya que era imposible avisar a todos los integrantes que se posponía la primera sesión plenaria del Coepe. De nada sirvió dicho reclamo, la orden fue terminante de que no se podía realizar pues no estaba en la agenda del gobernador Mario Marín Torres acudir al acto, siendo este el pretexto para cancelar el evento por parte del titular de la Secretaría de Educación Pública.
Nunca más Moreno pudo volver a emitir una convocatoria para la apertura del Consejo Estatal de Planeación de la Educación Superior, un órgano que es fundamental para el desarrollo de la educación superior y que no funciona por las grillas internas de la Secretaría de Educación Pública.
El segundo hecho es que en diciembre la Secretaría de Educación Pública consiguió un financiamiento extra para las normales del estado, que son escuelas que dependen de la Subsecretaría de Educación Superior. Sin embargo en el trámite de esos fondos no se permitió la participación de la encargada de esa área.
La gestión estuvo a cargo directamente de Darío Carmona y de Óscar Emilio Carranza, un alto funcionario de la SEP.