Tener la posibilidad de huir del bullicio e inestabilidad biológica que causa la convivencia interhumana de ciudad: antros, bares, comercio indiscriminado, automóviles, esmog, aglomeraciones, disputas, riñas, protestas, plagios, asesinatos, políticos cínicos mentirosos amañados explotadores de obrero, con narcotráfico (Puebla, Matamoros, Atlixco, Xicotepec, muchos más), pederastas, dejarlos atrás, disfrutar un lugar tropical paradisíaco, donde el esplendor cotidiano de cada amanecer traduzca la dispersión de rayos de sol pintando el horizonte; sentarse en una colina para dar paso a las maravillas del tramonto con las singulares variantes del rojo impresos en el horizonte, en las nubes, iluminando las retinas; durante el día internarse en el bosque, en las cuevas, ver a los animales proveerse de alimento de manera ordenada e incansable, hormigas, abejas, pájaros, lagartijas, ardillas, roedores; desde un montículo a la orilla del mar dejar que la brisa acaricie la piel y el sol se regocije en ella; disfrutar contemplativamente de luna llena con el ancho cielo nocturno salpicado de estrellas, la naturaleza viva, ahí, en sitios donde la experiencia es inolvidable, donde se aprecia el comportamiento animal–vegetal; eso son las vacaciones ecológicas, hermosas desde la planeación, donde se ve, entiende, saborea, la maravilla de lo creado, obligados a pensar ¿por que la naturaleza simple es compleja?, ver expandiendo la mirada, aspirar con solo inhalar, pensar en miles, millones de años pasados y preguntar ¿quién crea, protege, conserva la belleza natural?, ¿somos los únicos que la apreciamos?, ¿por qué no se conserva y disfruta siempre de esta manera?, más difícil aún ¿por qué no imaginamos que uno o muchos dioses se regocijaron creando lo bello?, ¿acaso estos ciclos de vida ponen en riesgo la salud?
Esta obligada interrogante surge cuando encontramos un ave, roedor, lagartija, cualquier animal muerto y sobre su cadáver una gran cantidad de “bichos”, que vienen y van del muerto, sin preocupación alguna, en una soledad viva, natural, que admite recordar ¿por qué en 1927 SzentGyorgy el descubridor de la vitamina C, dijo que el hombre se alejó del trópico protegiendo su salud?, por el riesgo de infectarse con agentes de enfermedad propios de animales del trópico (zoonosis), donde cientos, miles de sujetos enferman, animales o plantas, que si comparten con humanos ponen en entredicho su salud por que son difíciles de diagnosticar, antes frecuentes que el urbanismo retiró, se transmiten por contacto o picadura de plantas, pulgas, piojos, chinches, garrapatas, ácaros, moscas o mosquitos, hormigas, orina de roedores, abejas, alacranes, serpientes, los últimos dañando por si solos, enfermedades de trópico con larga lista de agentes: virus, bacterias, protozoos, helmintos, hongos, artrópodos y vertebrados.
Los virus Arbo en México causan fiebre amarilla y dengue clásico, hemorrágico o de choque, transmitidas por mosquitos chupadores de sangre; produce encefalitis regionales: venezolana, de san Luis, japonesa o equinas, todas expresando fiebre, calosfríos, cefalea, dolores óseos; generalmente leves, pero cuando ocurren en un humano con baja o mala respuesta inmune, dañan endotelio de vasos sanguíneos, plaquetas, hígado, cerebro, siendo gravísimas; los virus Rodo son causados por la contaminación de la orina de los roedores silvestres.
Las bacterias zoonóticas son innumerables, causan enfermedad favorecida por la convivencia bosquehombre, como Yersinia pestis agente de la peste devastadora, conservada entre ratas, transmitida por sus pulgas, calificada como epidémica cuando ocurre entre rata doméstica–pulga–humano o peste selvática si es esporádica en vacacionistas ecológicos dentro el ciclo rata–ardilla–conejo–perro silvestres, a partir de sus pulgas o piojos; las variedades de Yersinia también causan enfermedad diarreica y pulmonar.
La bacteria Francisella tularensis de liebres y conejos, transmitida moscas, garrapatas, contacto animales muertos, o su carne, infectan al tocarlos, por ingesta de su carne, inhalación o mordedura. Bacterias del género Brucella presentes en ganado bovino, suino (cerdo), caprino u ovino, transmitidas al humano por ingerir leche, carne, sangre (moronga), cruda o mal cocida, común en medio rural donde es “costumbre sana” ingerirlas, hábito ranchero puede contagiar por la novedad de probar, manipular animales vivos o muertos que las portan. Todas son enfermedades sistémicas, es decir invaden el sistema circulatorio, en las células de sangre se multiplican, su diagnóstico es difícil, por tanto su cura se complica. Los protozoos también causan enfermedad circulante, un ejemplo es Leihsmania, parásito transmitido por picadura de mosquito, produce enfermedad crónica que simula leucemia, cada vez más frecuente y poco identificada.
El paludismo o malaria, transmitida por mosquitos, endémica en la costa de Oaxaca y Guerrero de casuística alta en México. Sarcocystis hominis parásito de animales en sus músculos (carne), preferentemente carnívoros, nos infectamos al ingerir su carne cruda o mal cocida, relacionada desde Virchow en padre de la anatomía patológica, con infartos, colesterol, hipertensión, reumatismo, poco valorada en la clínica. La tripanosomiasis la causa la picadura de chinches hociconas que llevan el parásito de animales portadores al humano, cada vez más común en medios rurales causando enfermedad cardiaca. Los hongos superficiales, subcutáneos y profundos que esperan a vacacionistas susceptibles para causarles enfermedades polimórficas. Picaduras de alacrán, abeja, avispa y mordeduras de serpientes.
Pero no se espanten amigos ecológicos, cierto es que la vida rural solitaria tiene sus riesgos, conocerlos evita ser uno más de los que enferman.