A los contertulios
La práctica del aborto es mucho mayor a su aceptación: el Consejo Nacional de Población (Conapo) estima que por cada cinco poblanas embarazadas durante su periodo de fertilidad (15 a 49 años), una de ellas se practicó al menos un aborto y, cuando nosotros les preguntamos a las ciudadanas poblanas si aprueban o reprueban el aborto, el 74 por ciento lo rechazó y el 10 lo aprobó y, en los ciudadanos, el 56 por ciento lo rechazó y el 26 por ciento lo aceptó. Muy lentamente la ciudadanía acepta lo que usualmente realiza: en el año 2003, el 74 por ciento de las y los ciudadanos del municipio de Puebla que disponen de teléfono en casa rechazaba el aborto, hoy es el 66 por ciento y, para los mismos años, la aceptación pasó del 10 al 18 por ciento. Otros indicadores registran un comportamiento similar.
Desde hace 30 años se usa la píldora del día para prevenir embarazos no deseados; en México forma parte del cuadro básico hace apenas cuatro años. La oposición a su uso ha sido protagonizada por la ultraderecha, en sus versiones de jerarquía católica, dirigentes nacionales del PAN y funcionarios públicos, sin embargo, los creyentes de cualquier credo y los ateos aceptan su existencia: en una encuesta telefónica aplicada por Berumen a ciudadanos residentes en la zona conurbada de Guadalajara (julio de 2005), el 53 por ciento estuvo de acuerdo con su incorporación en el cuadro básico de medicamentos y el 28 por ciento en desacuerdo. En encuesta propia aplicada a ciudadanos radicados en el municipio de Puebla (2728 febrero de 2004), al 55 por ciento le pareció correcta su incorporación al cuadro básico, hoy es el 63 por ciento quien así lo consideró.
Otras preguntas convencionales sobre el aborto arrojaron resultados en la misma dirección: el porcentaje de ciudadanos que ayudarían a una amiga embarazada pasaron de 8 a 14 por ciento entre 2003 y 2008 en tanto los que no ayudarían bajaron del 78 al 72 por ciento; los ciudadanos que respetarían la decisión de la embarazada a abortar eran 28 por ciento en 2003, hoy son 45 por ciento y los que aprueban que una amiga embarazada se practicará un aborto fueron 10 por ciento en 2003 y ahora son ya 18 por ciento. Cada vez son menos los que le confieren algún peso a la iglesia, los médicos y al gobierno en la decisión de abortar y, son un poco más aquellos que aceptan la libertad de la mujer para tomar la decisión qué más le convenga. En cuánto a las causales aceptadas para el aborto, las más aceptadas son por violación, sí está en peligro la vida de la embarazada y la malformación genética del feto; las causas menos aceptadas fueron la condición de madre soltera y la insolvencia económica de la embarazada.
No hay registros sobre abortos en México, los pocos que conocemos son los inducidos atendidos por el sistema de salud pública y las estimaciones de Conapo. Hay una multicitada referencia del Instituto Allan Guttmacher para el año de 1990 en la cuál se calculó que de cada 100 embarazos, 40 eran no deseados y de éstos, 17 fueron abortos inducidos y 23 niños no deseados, esto nos da una tasa de aborto del 20.4 por ciento (17 abortos por cada 83 niños nacidos vivos). Si el año pasado nacieron 105 mil niños en la entidad poblana, aplicada esa tasa nos darían 11 mil 700 abortos en la entidad y 182 mil en toda la República. La información disponible indica mayores libertades sexuales y un uso generalizado de métodos preventivos y mejores servicios de salud para los urbanos, lo que ha abatido el número de embarazos, de abortos y de muertes maternas. Garantizar que al menos se cumpla en tiempo y calidad aquellas causales establecidas en el Código Penal acerca del aborto es de elemental justicia y si se cumpliera el Plan Nacional de Salud y el Objetivo de Salud establecido en los metas del milenio, sería mucho mejor.