Bernardo Arrubarena, aspirante a la presidencia del Comité Directivo Municipal del PAN en la capital, hace frente a aquellos que lo ubican como el “candidato de las familias custodias”; es más, sostiene que el término “se ha prostituido” y califica como una “fantasía” que los integrantes de las familias fundadoras del blanquiazul en la entidad “elucubren en lo oscurito” o tengan el poder para quitar y poner dirigentes.
Sin embargo, el candidato reconoce que su partido en la ciudad de Puebla enfrenta “un vacío” entre los “liderazgos tradicionales” representados por cinco personas y “liderazgos intermedios”, que aglutinan a más de 100 familias en la capital poblana, además de la necesidad de renovar sus cuadros y poder impulsar un trabajo coordinado.
Así pues, sostiene que su propuesta como candidato al CDM del PAN se basa en la construcción de un nuevo partido, cuya base sea la inclusión de todos los sectores a partir de un proyecto consensuado con la militancia, en el fortalecimiento de los “liderazgos intermedios” y la recuperación del espíritu del panista “de la brocha y engrudo”, es decir, aquellos militantes que hacían todo por apoyar a su instituto político.
Bernardo Arrubarena tiene 18 años de militancia activa, lapso en el que ha ocupado diferentes cargos partidistas e impulsado diferentes campañas. También se ha desempeñado como funcionario. Su último cargo fue en la Secretaría de Economía federal, en donde trabajó de cerca en la compleja situación de las cajas de ahorro en el país. Actualmente es socio de la microfinanciera Axi Fácil.
Su paso por Acción Nacional también está ligado a su familia, considerada como una de las fundadoras del partido en la entidad, motivo por el cual es ligado a los grupos más conservadores y poderos dentro del blanquiazul.
Pero pinta su raya y sale a la defensa de esos núcleos familiares: “Las familias custodias son aquellas que cuando en el PAN no había nada se metieron al partido, tenían presencia social en sus círculos y les tocó aportar y abonar tiempo, dinero, recursos materiales. De alguna manera a esas familias tradicionales les dicen familias custodias, porque pareciera que son las que mandan en el partido y elucubran en los oscurito y el término lo han prostituido.
“Las familias custodias no son los Arrubarena, si es así, por ejemplo en Zacachimalpa, Salomón Téllez sería una familia custodia, los Torres en la (junta auxiliar) Romero Vargas. No elucubramos en lo oscurito, sólo tenemos muchos años de militar y participar en el PAN. Cuando se dice: ‘Las familias custodias ya no van a definir’, pues la realidad es que antes éramos muy pocos y el voto de las familias custodias era muy representativo, pero ahora hemos crecido en el PAN”.
Incluso, señala que siendo secretario de Acción Electoral del Comité Directivo Estatal del PAN, junto con otras corrientes encabezadas por Alfonso Vicente Díaz, Gerardo Garcilaso, Jesús Encinas, Fernándo López Rojas y Jaime Aureoles, trabajó para hacer crecer el padrón de militantes y pasó de 800 a mil 600. “¿Dónde quedó control de familias custodias?”, inquiere a manera de justificación.
En entrevista, Bernardo Arrubarena se dice convencido de impulsar un nuevo partido que integre y sume a todas las corrientes con base a un proyecto que, previamente, sea consensado con la militancia. Y es que, argumenta, se requiere de un instituto con cuadros nuevos fortalecidos, generar condiciones de equidad al interior.
Actualmente, refiere, hay una “brecha” y “un vacío” entre los cinco liderazgos tradicionales representados por Humberto Aguilar Coronado, Rafael Moreno Valle, Ana Teresa Aranda, Ángel Alonso Díaz Caneja y Francisco Fraile, y los más de 100 “liderazgos intermedios” que hay en la ciudad, quienes pueden acompañar a esos políticos en una elección y aportar frescura y dinamismo.
Esto, abunda, debe ir acompañado con un proyecto que permita el crecimiento del partido, pero que también permita un mayor espacio de participación, así como a la recuperación de la esencia del panista “de brocha y engrudo”, que es altamente participativo, formado desde la oposición y consciente de que las elecciones son cada vez más complicadas.
Bernardo Arrubarena subraya que el papel del dirigente será poder conseguir el fortalecimiento del partido, ampliar los espacios de participación, sumar a las corrientes; por eso, manifiesta, en caso de ganar la elección de dirigente municipal creará una mesa de diálogo donde participen todas las corrientes de opinión de su instituto, donde se consense, discuta y analice lo que se necesita.