La Secretaría de Desarrollo Social federal autorizó al gobierno del estado una vez más que sean cercenadas las zonas verdes de la reserva territorial Atlixcáyot–Quetzalcóatl para que unas 60 hectáreas sean utilizadas en desarrollos inmobiliarios, comercios y equipamiento de servicios públicos.
Dicho cambio es un paso más para acabar de destruir el objetivo inicial de la reserva territorial en cuestión, la cual proponía generar un desarrollo urbano armónico, que incluía áreas que estaban destinadas a uso exclusivo para zonas verdes. Ahora esa visión ha quedado olvidada en detrimento del medio ambiente y de la calidad de vida de la población.
Lo más cuestionable es que este cambio de uso de suelo es que solamente beneficia a un puñado de empresarios, protegidos por el poder político, que se han enriquecido a costa de los propietarios originales de los predios que conforman la reserva, a quienes se les quitó las tierras a la fuerza y se les dio una miseria de indemnización. Ahora estos predios se cotizan en dólares y se encuentran entre los de mayor plusvalía en todo el sureste mexicano.
La reserva, también conocida como zona Angelópolis, perdió el carácter social que se planteó en sus inicios. No solamente porque en esa parte han desparecido las áreas verdes, que son fundamentales para cualquier ciudad como Puebla, sino porque la mayoría de los desarrollos inmobiliarios solamente benefician a sectores pudientes de la sociedad y excluyen al resto de la población.