Del nombre La cura, explicó que deriva de curación y curaduría, pues ambos trabajos se realizan, es decir, “aquí curamos piezas principalmente religiosas que necesitan de restaurarse, y que provienen de diversas comunidades de Veracruz, Tlaxcala, Puebla, y algunos lugares del DF, además montamos exposiciones de otros artistas plásticos”.
En ese contexto, adelantó, sin dar fecha, que la primera muestra la presentarán en próximos días, y en ella participarán los artistas Nico Laso, Juan José Ortiz, y Velásquez, quienes han exhibido sus trazos de manera individuales en el Espacio 14 de la UAP, por citar un ejemplo.
Con 30 años de oficio en la restauración, el maestro Velásquez relevó a este medio que pretende, un tanto, “romper con la actividad de sanación a piezas religiosas”, para “sacar lo mío, el artista que todos llevamos dentro”; no obstante, reconoció, “soy más restaurador que pintor”, por el tiempo dedicado a la primera actividad.
“No se sobrevive de pintar”
“La verdad, no se sobrevive de pintar; en mi caso –agregó–, he vivido de restaurar, porque es un trabajo que no es tan fácil, que se necesita preparación y dedicación, y que lamentablemente cada día habemos menos restauradores en el país... no se puede vivir del arte, sino para el arte”.
Ante la escasez de restauradores, dijo que en esta galería pretende realizar talleres sobre el oficio, pues, “en las comunidades de México existe una gran cantidad de arte sacro que está en proceso de deteriorarse, y nada se hace por salvarlas”.
“Siempre hay obra que restaurar, antigua y nueva, en este momento estoy trabajando con un busto de madera del siglo XVII, pero también estoy tratando un lienzo de hace algunas décadas”, detalló.
En el espacio de la galería, donde contrastan piezas de José Lazcarro, con pinturas de Xavier Peña, imágenes de la virgen de Guadalupe, y tallas de santos católicos, ahí Velásquez expuso que esta propuesta de difusión de la obra “es un poco romántica, pero la intención es rescatarla”.
Aclaró que el proyecto ha sido costeado de sus bolsillos, es independiente, pues no cuenta con el respaldo de ninguna institución gubernamental, que para él es un gran logro. “Toda la vida he trabajado de esta manera y por mí han pasado casi 7 mil piezas del arte mexicano para rescatarlas; esa es mi gran satisfacción, contribuir a la conservación de nuestro patrimonio cultural”.
El maestro Velásquez se formó en el Instituto Nacional de Bellas Artes, que impartió talleres en el estado de Tlaxcala, de donde es originario, durante el gobierno de Tulio Hernández.
Durante tres décadas ha restaurado la decoración del ex convento de San Francisco y de la Santa Cruz, en el municipio de Huamantla; además de los murales del Conservatorio de Música de Puebla y del extinto Hotel Peñafiel –ahora una institución educativa–; además de obras de las iglesias de Nativitas, Atlixco y Tehuacán; y un cristo de pasta barcelonesa del siglo XVI, en el estado de Veracruz.
“Han confiando en mí, en mi trabajo”, agregó; al tiempo que aseguró que para ello se necesita de una constante preparación. Por otro lado, aseveró que su especialidad está en los estofados, en los dorados, y en las réplicas de la imagen de la virgen de Guadalupe, de las cuales ha hecho “como cien”, con el “sabor de las tonalidades antiguas” que lo caracteriza.
En contraste, advirtió, “para que la obra permanezca por más tiempo es necesario su tratamiento; sin embargo, si una pieza llegara a caer en manos inexpertas, que no saben, podría correr el riesgo de perder su forma original, y con ello su identidad”.