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Viernes, 28 de marzo de 2008
La Jornada de Oriente - Puebla -
 
 

 CUITLATLÁN 

Gil controlaba las policías municipal, estatal y federal

 
Fermín Alejandro García

La detención por tráfico de drogas del edil de Izúcar de Matamoros, Rubén Gil Campos, no debe verse como un hecho aislado o menor, pues es fundamental indagar si desplegó dicha actividad en la región en donde gobernaba. Existen elementos sospechosos para sugerir que algo relacionado estaba pasando, pues él controlaba los movimientos de las corporaciones policíacas del ámbito municipal, estatal y federal.

Gil ayer fue presentado ante una juez de los Ángeles, California, que le negó el derecho de fianza, luego de que la DEA lo detuvo la semana pasada por traficar más de 11 kilos de cocaína en Nueva York. El alcalde matamorense apareció esposado de pies y manos, vestido de interno. Esa imagen contrasta con la que tenía de hombre fuerte de Izúcar de Matamoros que controlaba todos los movimientos de las corporaciones policíacas de esa zona.

La forma en que el presidente municipal controlaba cada movimiento de las corporaciones policíacas era el siguiente:

En cuanto llegó al cargo de presidente municipal, en febrero de este año, lo primero que hizo fue correr a casi todo el personal del ayuntamiento. Su principal interés era remover a los agentes de la Policía local. No lo consiguió, pero estaba en proceso de renovar a todo el personal de seguridad pública.

Muchos de los agentes de la Policía Judicial del estado asignados a la comandancia de Izúcar de Matamoros, desde hace varios meses, pernoctan en una casa que es propiedad de Rubén Gil. Nadie ha podido explicar por qué dichos servidores públicos utilizan un domicilio particular para pasar la noche.

Lo que más llama la atención es que la delegación de la Procuraduría General de la República (PGR) tiene sus oficinas en otro inmueble de Rubén Gil. Es una especie de plaza comercial en donde estaba la casa de campaña del ahora alcalde encarcelado y la entrada principal, es vigilada por una guardia privada al servicio del edil.

En una ocasión un grupo de ciudadanos se entrevistó en Puebla con un alto funcionario de la PGR para pedirle una explicación de por qué la procuraduría tiene en Izúcar su sede en un edificio del priista; pero sobre todo les interesaba saber por qué Gil en 2006 había sido liberado por los mismos agentes federales que lo detuvieron en posesión de un arsenal afuera del aeropuerto Benito Juárez de la ciudad de México. La respuesta fue la siguiente:

El funcionario con un rostro que denotaba angustia e impotencia les dijo: “Les recomiendo que no se metan con Rubén Gil. Es un hombre peligroso. Dejen así las cosas; ojalá no gane las elecciones”. Esta respuesta se dio unos días después de que el PRI había nombrado al empresario como su candidato a presidente municipal.

Hasta ahora no existen elementos para presumir que Rubén Gil había desplegado alguna actividad del narcotráfico en Izúcar y las regiones vecinas. Es más, aún todavía no está plenamente comprobada su participación en la venta de enervantes. Apenas ha sido acusado; lo mismo puede probar su inocencia o ser condenado a 10 años de prisión; sin embargo, aplicando el principio de piensa mal y acertarás, se puede hacer la siguiente observación:

Tal parece que había un interés de Gil de cambiar policías o darles hospedaje, así como prestarles espacios físicos, para saber de todos sus movimientos y obviamente, conseguir información confidencial que controlan agentes y funcionarios de dichas corporaciones.

Y eso no se logra son la participación de altos funcionarios de la Procuraduría General de Justicia y la PGR.

Es importante tener en cuenta que por Izúcar de Matamoros pasa el trasiego de la amapola, la mariguna y el tráfico de armas que pasa por las montañas de Oaxaca y Guerrero.

Un día, hace varios años, un agente de la Policía Judicial de Puebla confió a este columnista que era más fácil comprar cartuchos de rifles R 15 en Tlapa, Guerrero, que esperar a que el parque llegara de la frontera norte del país y el cargamento fuera autorizado por la Secretaría de la Defensa Nacional.

Y Tlapa, Guerrero, queda apenas a una distancia de un par de horas de Izúcar de Matamoros.

¿Y Olamendi?

En toda esta trama es fundamental investigar qué papel juega Carlos Olamendi, el comisionado para atención a migrantes,  en los asuntos de Rubén Gil.

Se supone que se le encargó a Olamendi que informara por qué no aparecía Rubén Gil; sobre todo ante la versión de que no estaba preso, sino tratándose de una enfermedad renal.

Hasta ahora el funcionario no ha podido ofrecer una versión oficial del asunto, pese a que varios medios de comunicación latinos de Estados Unidos desde el martes ya tenían datos de que la DEA había detenido al edil matamorense.

Eso huele a que Olamendi quiere seguir el juego de que a Rubén Gil no le ha pasado nada, que está libre como el viento o que está acusado de un ilícito menor.

Lo que sería peor es que ahora Carlos Olamendi vaya a negar su estrecha amistad con el edil, luego de que en su campaña electoral se vio al funcionario pidiendo el voto a favor del priista con el discurso de que era fundamental apoyar a un migrante exitoso.

Panistas, perredistas e incluso priistas en la campaña de Ruben Gil Campos le exigieron al entonces aspirante a presidente municipal que demostrara el origen licito de su compañía de transportes. Nunca lo hizo. También pedían que dijera como consiguió reunir el dinero para volverse un empresario exitoso. Nunca hubo una respuesta satisfactoria.

Eran dudas que estaban en el aire. Muchos ya sospechaban que atrás de este hombre había cosas oscuras.

Por eso ahora nadie puede sentirse sorprendido con lo actuación de la DEA en contra de Rubén Gil. Empezando por Carlos Olamendi y muchos políticos priistas de Puebla.

 
 
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