El concepto Big in Japan nace porque los japoneses, tradicionalmente, son los mayores consumidores de música y se aficionan a bandas que ni siquiera son conocidas en su países de origen (adicionalmente, los japoneses también hacen las ediciones más completas y lujosas de discos aunque eso sería tema a desarrollar en otra entrega). Desde hace varias décadas cuando uno dice Big in Japan en referencia a alguna banda se refiere el hecho que éstas se volvieron famosas en países que no son los suyos. Big in Japan equivale al refrán que se conoce en México como “Nadie es profeta en su propia tierra”. Este mote inspiro a una banda punketa y británica de finales de los 70 que se bautizó con este nombre; también Alphaville grabó un himno de los 80 y los rockeros de Guano Ape grabaron una rola Big in Japan. Yo recomiendo, por encima de todas las grabaciones con este nombre, la de Tom Waits que empieza con unas pseudo–percusiones que en realidad es él pegándole a los muebles de la habitación del hotel en el que se hospedó en la ciudad de México.
Las agrupaciones musicales mexicanas que ganan notoriedad en el extranjero –pero pasan por ser comunes aquí– normalmente gustan por “exóticas” a los extranjeros. Rodrigo y Gabriela, por ejemplo, tocan rock pero con la guitarra acústica típica de la bohemia latina que se escucha en cualquier cantina de trova de Coyoacán con los mismos acordes aflamencados que les han vuelto famosos ellos en Europa. Fue necesario que un extranjero nos señalará las cualidades musicales de este dúo porque aquí tenemos ciertos prejuicios, positivos y negativos, ante esta forma de resolver una pieza musical. Los de abajo son una agrupación de ska guapachoso que pasaron por la disquera de David Byrne, Luaka Bop, y que son todo un fenómeno en Europa y sobretodo en Alemania; aunque aquí en México no han logrado –ni de lejos– la misma celebridad. Para nuestros oídos entrenados, la neta, son demasiado fresas para el ska y muy guangos para ser sabrosos.
Ser grande y reconocido como músicos en México es otro rollo. En este país somos peculiares consumidores de música y músicos. La agrupación The Rasmus es Big in México pero apenas figuran en el Reino Unido y en su natal Escandinavia y son prácticamente desconocidos en los Estados Unidos; en México han sido un madrazo. Junto con Israel somos los máximos consumidores de Psycho, un género de música electrónica de beats programados para alterar la conciencia y bailar frenéticamente. Muchos proyectos de música electrónica, como Deep Dish en el house, tienen la suerte de despertar el fanatismo mexicano. De los Deep Dish, originarios de Washington, se decía en broma que tenían una casa en San Jerónimo por la frecuencia con la que se presentaban aquí. Dentro de la industria discográfica, México se considera un punto de lanzamiento para artistas de todo Latinoamérica. Shakira y Ricky Martin, una colombiana y un boricua, primero se volvieron famosos en nuestro país y después en el resto del mundo. Algunos sí son profetas en esta tierra, nada más que no cualquiera.