No es sencillo producir una película, en la gran mayoría de los casos. Y para que nadie lo dude, aquí ofrezco los 11 Secretos de Hollywood acerca de la Producción Fílmica, que me fueron compartidos años atrás en un curso de la especialidad, en la Universidad de Denver. Confío en que les resulten de interés, si no de utilidad:
1. Ser un productor hollywoodense certificado no requiere de grados, licencias o exámenes; bastan el deseo, una idea y algo de dinero. 2. Tenga siempre a la mano teléfono y dirección de personas (abogados de impuestos, banqueros, agentes de bolsa) que tengan la característica ADO: Acceso al Dinero de Otros. 3. Todo mundo está “interesado”, pero casi nadie se compromete seriamente a un proyecto. 4. Son los niños y los extranjeros quienes representan el 80 por ciento de las utilidades de los films de bajo presupuesto. Y como a los niños no les gusta el inglés, y los extranjeros no lo hablan, mantén altamente visual a la película. 5. De base, todos los guiones son lo mismo: tienen planteo, un desarrollo y una conclusión. 6. Las ideas no tienen valor; son las ideas escritas las que pueden valer para interesar a alguien. 7. Todos creen ser capaces de guionizar; pero son pocos los que escriben, y menos aún los que escriben bien; encuentra a ese escritor. 8. El formato de 35 mm cuesta lo mismo que el de 16 (pero claro: hoy es más barato el video digital). 9. Piensa en cuánto dinero tienes para la película, no en cuánto necesitas. 10. Para un productor debutante, el hombre clave en el equipo humano no es tanto el director, sino el director de fotografía. 11. El mejor amigo de un productor es el dueño del laboratorio en el que procesa; hazlo valer.
Ahora bien, si producir es harto complicado, no lo es menos comercializar la obra fílmica. Así pues, hay que felicitar a Patricia Riggen, directora y coproductora de La misma luna –su ópera prima en el largometraje– quien no sólo pudo levantar y concretar el proyecto en cuanto a lo creativo, consiguiendo por aquí y por allá el financiamiento, sino que también vendió los derechos de distribución de su película (a Fox Searchlight y a The Weinstein Co., ni más ni menos) en la muy hermosa y redonda cifra de 5 millones de dólares. Enhorabuena, Patricia, y mis respetos.
La misma luna –cuyo tema es la inmigración, en su vertiente más humana– fluye desde el punto de vista de Carlitos (Adrián Alonso), niño mexicano de nueve años, y también (por el recurso de narrativas paralelas) de Rosario (Kate del Castillo), su madre, quien no lo ha visto en cuatro años por estar trabajando, sin papeles, “del otro lado”. A la muerte de la abuela, su cuidadora en México, Carlitos decide fugarse solo a Los Ángeles en busca de Rosario, afán de mucho riesgo en el que le ayudará Enrique (Eugenio Derbez), otro ilegal en tránsito. La misma luna, en este contexto, nos llevará pues por las muchas vicisitudes de una odisea de ocho días en pos del eventual encuentro, cuya complicación adicional está en que Rosario desconoce la iniciativa de su hijo. Más aún: una vez advertida, dudando que Carlitos pueda llegar hasta ella, decide marchar en su busca...en sentido contrario.
Patricia Riggen ha conseguido, asumiendo sin temor el melodrama familiar, una sólida película, con la inteligente estrategia de apelar –con verosimilitud– a las fibras del corazón y no al alegato político, en su demanda de mayor tolerancia para los ilegales en EU, así como de humanidad en los reglamentos y métodos hacia ellos. La misma luna, capaz de tocar al público sin alardes grandilocuentes, entiende que la forma más efectiva de defender al indocumentado no es discutiendo, sino mostrándolo en su necesidad, en su marginación y en sus muchas encrucijadas; en especial en esas que conmueven y trastocan las relaciones familiares. Ya habrá ocasión, en un próximo espacio, de ahondar y matizar lo aquí dicho. Mientras tanto, vale la pena verla.