El interés por hacer una revisión de las características en tratamientos a base de plantas surgió por la clara percepción de mi ignorancia. Agobiado literalmente por la investigación clínica, la experimentación farmacológica y la difusión masiva de trabajos editados en revistas de divulgación científica, no solamente me alejó del concepto de medicina tradicional sino que, incluso, condicionó un franco despecho por la oferta de tratamientos a base de hierbas, semillas, raíces y flores.
La estandarización de tratamientos y la facilidad de prescripciones por medio de medicamentos que ofrecen un amplio margen de seguridad cuando son bien indicados, nos brindan a los médicos un alto grado de confianza.
Por otro lado, vivimos a velocidades frenéticas, lo que nos conduce a una inercia en la que no podemos detenernos. Es preferible tomar un “antigripal” que disminuya las molestias de un resfriado, a limitarnos en las actividades, con dos a tres días de descanso, que sería lo que médicamente estaría más indicado. Tomar antiácidos para pretender resolver una gastritis sin plantear como medida determinante el modificar los hábitos alimenticios; ingerir medicamentos preventivos de enfermedades vasculares (que van desde infartos hasta várices) sin hacer ejercicio cotidiano, son un claro ejemplo del enfoque erróneo de la medicina moderna.
Indudablemente, factores que condicionan el éxito en los “yerberos” giran en torno a su habilidad de convencer a la gente de que cambien hábitos y costumbres. Sin embargo, revisando una serie de artículos enfocados al conocimiento de las propiedades terapéuticas de las plantas, sorprende que en efecto existan bases sólidas que deberían marcar una estrategia de investigación más profunda para tener una mayor cantidad de propuestas en el tratamiento de las enfermedades. Desgraciadamente, el costo de una investigación bajo estas condiciones no genera “patentes” y al mismo tiempo, no es económicamente “rentable”. Por otro lado, es impresionante cómo la imagen del médico se ha ido deteriorando paulatinamente. Tan es así que, muy frecuentes son los casos en los que, expresándole a cualquier persona una molestia orgánica inespecífica, se hagan recomendaciones que además de ridículas en muchas ocasiones (como la “orinoterapia”, que consiste en ingerir la orina), también pueden ser peligrosas, pues potencialmente pueden retrasar un tratamiento, poniendo en riesgo la vida.
Por otro lado, hay condiciones especiales en las que el médico debe estar alerta en lo relacionado a potenciales efectos secundarios y nocivos de las plantas, sobre todo durante el embarazo y la lactancia, ya que las secuelas sobre el producto de la concepción y la excreción de sustancias a través de la leche materna, definitivamente son desconocidos en la mayoría de los casos. Asimismo, debido a que los lactantes no han desarrollado plenamente su sistema inmunológico, pueden desarrollar, a la larga, problemas si se les administran sustancias en cantidades no calculadas con precisión. La práctica común de administrar tizanas debe desalentarse en todos los bebés.
Otro aspecto fundamental, gira en torno a la idea de que las hierbas no tienen efectos secundarios y pueden ser ingeridas por tiempo indefinido. Esto, además de falso, puede ser peligroso. Por eso es imprescindible que tanto los médicos como los pacientes nos cuestionemos e investiguemos aquellos aspectos que, ya estudiados, puedan brindarnos una orientación terapéutica segura, efectiva, accesible y fácil de seguir. Por desgracia, no hay muchas fuentes de información, pero tampoco es imposible buscar trabajos de investigación que apoyen el uso de ciertas plantas. Ante la duda, tanto pacientes como médicos debemos someter a consideración que un buen número de productos herbolarios pueden intervenir en procesos de coagulación, lo que da como resultado un riesgo de padecer sangrados después de un procedimiento quirúrgico. Por esto, siempre es recomendable suspender cualquier tipo de tratamiento con plantas, por lo menos dos semanas antes de una cirugía.
Podría continuar con innumerables razonamientos sobre la medicina actual, la herbolaria y nuestra actitud ante la enfermedad, sin embargo, creo que todo lo puedo resumir en unas cuantas frases: Es muy fácil recetar medicamentos; sin embargo, en muchas ocasiones es extremadamente difícil y complicado, diagnosticar la enfermedad en la que una planta o un medicamento, sean efectivamente bien recetados.