En entrevista, explicó que la cruzada librada en Atlixco ante el Ejército galo, que era el más experimentado y reputado de la época, estuvo comandada por Antonio Carvajal, “un personaje cuya vida fue un tanto legendaria, pues está en el disyuntiva de si era un héroe o bandido”.
La batalla olvidada de Atlixco, su reciente investigación, podría dar continuidad a su libro De la política al bandidaje, el general Antonio López de Santa Anna y los bandidos de Río Frío, publicado por la editorial Porrúa, en 2007.
Sobre el personaje de Antonio Carvajal, la investigadora y también periodista expuso que cuando se libra la batalla “el presidente de la República, Benito Juárez, entregó la medalla de reconocimiento del Congreso de la Unión por la defensa de Puebla, en la misma ceremonia en que honró al Jefe del Ejército de Oriente, Ignacio Zaragoza, y a los demás combatientes de aquel histórico 5 de mayo”.
De la dualidad del personaje, arguyó: “Carvajal cabalgó entre dos imágenes, la de bandido y la de héroe, que no ha impedido que el municipio de San Pablo Apetatitlán, en Tlaxcala, de donde fue oriundo, le honre al llevar su nombre”.
–Poco se ha hablado de Carvajal, ¿cómo llega a él en esta investigación? –se le preguntó.
–Mi interés surge por el tema del bandolerismo, que trabajé a fondo en mi tesis de maestría en el Instituto de Ciencias Sociales y Humanidades de la UAP.
Egresada de la carrera de Historia de la UNAM y de Filosofía por la Universidad Iberoamericana, Pérez Ramírez relató que, según lo indagado, corrían las guerras de Reforma y de la Intervención Francesa cuando la muerte se asomó diluida en el agua y aliada con el cólera, matando a tantos poblanos, en 1833. “Mezclada en las hambrunas oscureció las ojeras del pueblo; vino a elegir a sus víctimas por Tlaxcala, Puebla, Hidalgo y el estado de México, llevándose entre ellos al mismo Zaragoza, quemándolo de fiebre, poco tiempo después de la batalla”.
“Fue en esos años cuando tenientes coroneles y generales del ejército mexicano, improvisados por la corta expectativa de vida, asumían los cargos sin mayor experiencia, pues lo importante era que tanto hombres como mujeres debían entender, asimilar, y arriesgar todo para fundar una nación”.
“Es cuando surge la interrogante: ¿podría escapar a la improvisación un joven guerrillero, señalado por sus excesos contra la población civil, y acusado de bandido por sus mismos correligionarios?, porque según sus biógrafos, Antonio Carvajal fue denigrado y vilipendiado por la prensa conservadora y por españoles que lo orillaron a solicitar él mismo ser juzgado”.
“Carvajal también fue nombrado general del Ejército Mexicano”
Recordó, según la documentación recabada, que las guerrillas jugaron un papel estelar en el México de entonces. “Por decisión del presidente Juárez, el 20 de febrero de 1860, el guerrillero Carvajal había sido nombrado general del Ejército Mexicano, y desde su cuartel general ubicado en Cerro Blanco, en territorio tlaxcalteca, pudo dominar Apetatitlán y Chiautempan, además auxiliaba a las fuerzas liberales por el centro del país, llegando hasta Guadalajara”.
Otro de los biógrafos de este personaje, don Crisanto Cuéllar, señaló –Rosalía– que la prensa, alineada a un bando, “le creó fama de bandido a Carvajal, como un hombre sin ley y sin conciencia”. Mientras, Teodomiro Manzano, “lo retrató en Anales del estado de Hidalgo al frente de mil mulas cargadas con aguarrás para quemar la ciudad de Tulancingo”. En ese sentido, Pérez reconoció que es verdad que Carvajal quemó algunas haciendas y ranchos por ese rumbo, “pero no creo que hubiera podido disponer de esa cantidad de mulas, dadas las circunstancias”.
Durante la batalla, mencionó que Carbajal ocupó la hacienda La Trapera y un molino, donde colocó parte de su infantería dentro de las casas, y emboscó el resto en los cañaverales, la caballería a los flancos y la artillería protegiendo la posición. “A las 3 de la mañana del 4 de mayo dio inicio el tiroteo y el impetuoso avance de Márquez –general poblano aliado con los franceses–, que superaba en número a Carvajal. A mediodía, aproximadamente, la desbandada se hizo terrible, los fugitivos huyeron a Tetela y Tepeojuma, a Xochimilco, y a las faldas del volcán. Popocatépetl; y finalmente, la mayoría de los que trataban de escapar fueron acuchillados”.
“La derrota de Márquez, conocida en Puebla, aligeró la asfixiante situación del Ejército de Oriente, y Carvajal llegó al célebre sitio en la madrugada del 6 de mayo, cuando todavía la ciudad despedía un agrio olor a muerte y a pólvora. Dada la importancia estratégica de ese triunfo, el 10 de diciembre de 1862, el Congreso de la Unión decretó que se hicieran medallas de oro semejantes para Carvajal y Zaragoza”.
Una de esas medallas debía decir: “la República Mexicana a sus valientes hijos, derrotando a los traidores el 4 de mayo, contribuyó eficazmente al triunfo alcanzado en Puebla contra el Ejército francés el 5 de mayo de 1862”.
Lo expuesto, forma parte del primer capítulo de la investigación de Rosalía Pérez, que posiblemente pueda ser publicado en otro volumen.