os recientes cambios en el gabinete estatal pone de manifiesto que en el Poder Ejecutivo no existe el más mínimo interés en la cultura. Sólo de esa manera se puede explicar porque no fue removido Alejandro Montiel Bonilla, quien conduce a la Secretaría de Cultura (SC) con absoluta opacidad, mediocridad y sin un proyecto que guíe su actuar.
Montiel Bonilla ha logrado sobrevivir al frente de la SC debido a que se mantiene agazapado, intentando siempre pasar desapercibido y evitando que se avalúe las actividades de la SC. Al parecer por esas características se le ha dejado en el puesto, pues al no generar ruido se le tiene olvidado y no se busca dar relevancia al trabajo de la Secretaría de Cultura.
Son más las preguntas y cuestionamientos que existen sobre el trabajo de Montiel, que los resultados ofrecidos. Una muestra son las siguientes preguntas sin responder acerca del desempeño de Montiel:
En los tres años de gestión que lleva, hasta ahora no ha podido diseñar un solo plan operativo anual, que le permita definir las metas y proyectos que debe cumplir las diferentes áreas de la SC. Tampoco ha podido ofrecer una avaluación de las actividades de la secretaría o establecer parámetros para calificar el trabajo realizado.
No se ha reunido públicamente el Consejo Poblano de Cultura, ni se sabe quiénes conforman ese órgano y en caso de que haya sesionado, se desconoce con qué periodicidad lo ha hecho y las decisiones que ahí se tomaron. Ello, pese a que la Ley de Fomento de la Cultura establece en el artículo 26, capítulo quinto, la siguiente disposición:
“El Consejo Poblano de Cultura será el órgano asesor del Sistema Estatal de Cultura, y estará integrado por 12 ciudadanos poblanos que se hayan distinguido por sus actividades culturales, seis distinguidos jóvenes poblanos, dos representantes de la etnias y los Directores Generales de las áreas que integren la Secretaria de Cultura”.
La ausencia de ese consejo impide que exista una instancia con la suficiente autoridad para validar los programas de la SC, o en su defecto, exija su modificación. Si realmente ese órgano ha intervenido en la dependencia que encabeza Montiel Bonilla, ha de haber sido de manera oculta, porque poco se sabe de la actuación de dicho grupo de ciudadanos.
Del presupuesto de la SC, nunca se ha conocido el desglose de cómo se reparte el dinero y a qué áreas o actividades se da prioridad. Al mismo tiempo se ignora cuál va a ser el destino de los 15 millones de pesos que Puebla recibirá de la Federación y cuya asignación es un acuerdo que se tomó en la Conferencia Nacional de Cultura.
Nadie sabe cuáles son los criterios que se utilizan en el terreno editorial para decidir cuántos títulos publica la SC, con cuáles autores o quién decide que textos pueden ser aceptados o rechazados para que aparezcan en forma de libro bajo el auspicio económico del gobierno del estado.
En la Secretaría de Cultura los acuerdos y la repartición del dinero se decide por tres personas, que son Alejandro Montiel; Erika Rubí, quien es la encargada del área presupuestal; y Miriam Yareli, quien es el contacto de la SC con el Conaculta.
De los pocos funcionarios que tienen autoridad en la SC y no han sido corridos, pues mucha gente ha sido echada como resultado del carácter irascible de Montiel Bonilla, son ignorados y no les comparten información del manejo financiero de la secretaría.
Tal es el caso del pintor José Ramos Brito, quien tiene una buena aceptación de la comunidad de creadores artísticos de Puebla, pero para nadie es un secreto que no lleva una buena relación con el encargado de la dependencia.
Por si fuera poco, Montiel Bonilla es un hombre que nunca concede entrevistas cuando éstas son solicitadas por un reportero en lo individual. Lo cual es una muestra del miedo o el desdén que le tiene a la prensa.