La estimulación magnética intracraneal está siendo utilizada para tratar diferentes condiciones neurológicas. Su efectividad ha sido corroborada por diferentes investigaciones clínicas llevadas a cabo en personas que han sufrido de ataques de apoplejía, lesiones intracraneal, depresión o padecimientos crónicos neurológicos. Aunque, la evidencia para cada uno de los casos clínicos, donde se ha aplicado la Estimulación Magnética Intracraneal (EMI) es muy variada, todo parece indicar que ésta técnica puede ser muy útil en padecimientos como: dolor de origen neurológico, tinitus, apoplejía, epilepsia, adicción, desordenes de obesidad–compulsiva, disfunción de la memoria y sobre todo en los casos de depresión. Nature Reviews Neuroscience Vol. 8, July 2007.
La EMI es un método de estimular el cerebro manteniendo el cráneo intacto y sin causar dolor en su superficie. El estimulador produce un campo magnético de la misma magnitud que el de una imagen de resonancia magnética (en sus siglas en inglés, MRI), pero éste dura sólo unos milisegundos. El campo magnético penetra fácilmente el cuero cabelludo y el cráneo, y debido a que cambia tan rápidamente, éste induce una corriente eléctrica directamente en el área del cerebro afectada.
El campo magnético “acarrea” el estímulo eléctrico a través de del cuero cabelludo y del cráneo efectivamente, llevándolo directamente al cerebro. El pulso eléctrico inducido dura aproximadamente 200 microsegundos y su amplitud es similar a la producida por los estimuladores convencionales que se aplican directamente sobre la superficie cerebral (estimulación eléctrica directa). Se piensa que activa los axones (prolongación de la célula neuronal) en la corteza cerebral y la materia blanca subcortical y no en los cuerpos neuronales que tiene un umbral de acción mucho más alto.
La mayoría del conocimiento que se posee sobre la acción del EMI en humanos proviene de estudios hechos en la corteza motora primaria. La estimulación en esta área evoca actividad en los músculos del lado opuesto del cuerpo, el cual es fácil de medir utilizando métodos electro–fisiológicos (electromiografía). En la mayoría de los individuos la estimulación de la corteza visual genera fosfenos (puntos brillantes de luz en el campo visual).
La estimulación de la corteza ha presentado dos características que parecen explicar que es lo que ocurre cuando se estimulan otras áreas de la corteza. El tamaño de la respuesta dependerá, primero, del nivel de actividad de la corteza en el momento en que se aplique el estimulo, segundo, la orientación del EMI sobre el área afectada en el cerebro. En la corteza motora, lo último quiere decir que la respuesta del músculo será mayor si se aplica el estimulo cuando el sujeto está activamente contrayendo el músculo blanco que cuando esté relajado. Esto se debe a que la activación ocurre más rápidamente si las neuronas post–sináptica (porción de la unión neuronal que recibe los neurotransmisores) se encuentran casi en el límite del umbral de acción, que cuando están en reposo. La orientación de la estimulación tiene un efecto debido a que las neuronas se activan mejor por gradientes eléctricos que corren en paralelo en el axón.
Uno de los problemas con el EMI es que su respuesta, aunque, es compleja es corta. Por lo cual, se requieren pulsos repetidos para obtener un efecto prolongado en el cerebro. La duración del efecto posterior al estímulo por lo general es de 30–60 minutos, pero depende de tanto del número de pulsaciones, del promedio de aplicaciones como de la intensidad de cada estimulo.
La evidencia experimental indica que los cambios producidos por el EMI con pulsaciones repetidas influyen en el comportamiento normal de la persona. Debido a que se controla el efecto–posterior de los pulsos repetidos de EMI se ha podido mejorar el funcionamiento sub–funcional de áreas del cerebro que han sufrido accidentes o que están padeciendo enfermedades crónicas. Actualmente, los terapeutas pueden controlar el efecto–posterior, inhibitorio o excitativo, del pulso repetitivo de EMI. Ésta precisión permite trabajar en partes del cerebro que, debido a su sobre–actividad, interfieren con la recuperación de lesiones cerebrales.
Una de las investigaciones clínicas más importantes que se ha llevado a cabo ha sido en personas en estado de depresión. Debido a que las personas con depresión tienen la actividad neuronal reducida en la corteza pre–frontal, el tratamiento con pulsos repetidos de EMI pude ser evaluado con imágenes de resonancia magnética funcional. El resultado final de estas investigaciones fue la corroboración de que la estimulación repetida con pulsos de alta frecuencia de EMI produce un aumento en el flujo sanguíneo del área estimulada. Hasta el momento no se sabe si efectivamente esto se traduce en una mejoría total y permanente de la depresión.
Los pulsos repetidos de EMI interactúan con la capacidad intrínseca que tiene el cerebro de restaurar o compensar los daños funcionales que se han sufrido durante alguna lesión cerebral. Se sabe que los estímulos eléctricos directos sobre las áreas motoras de la corteza cerebral ayudan a recuperar parte de estas funciones. Estas observaciones han servido para diseñar diversas intervenciones clínicas con pulsos repetidos de EMI en personas que han sufrido de ataques de apoplejía. La estimulación magnética actúa como un insumo relativamente no–específico que promueve la plasticidad sináptica durante las sesiones de terapia física. Todo indica que, el cambiar los grados de afinidad en las interacciones sináptica es el primer paso para la recuperación funcional.
La evidencia experimental indica que los pulsos repetidos de EMI causan cambios en el cerebro mucho después de haber sido estimulado por éste. Muchos de estos cambios parecen estar relacionados con los procesos de plasticidad sináptica. Aunque, hasta el momento se piensa que los pulsos repetidos de EMI son incapaces de restaurar la funcionalidad de un conjunto específico de conexiones sinápticas que han sido afectadas por una apoplejía o por la lesión de áreas específicas, si se ha documentado que los pulsos repetidos de Estimulación Magnética Intracraneal interactúan con los procesos normales de plasticidad cerebral que se acompañan después de un accidente cerebral.
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