Un árbol que en Francia llaman Genévrier tiene anécdotas interesantes. Todo surge a mediados del siglo XVII por Franciscus Sylvius (1614–1672), también conocido como Franz De Le Boe, quien fue un médico polifacético. Gran anatomista, nació en Hanau, Alemania, pero desarrolló su trabajo en Holanda.
Como profesor de medicina en la Universidad de Leiden, buscaba con ahínco un remedio para los cálculos biliares y renales. Hizo una mezcla de cebada, centeno, maíz al 30 por ciento; las destiló y luego las aromatizó con semillas de enebro. Las puso en una infusión alcohólica y cuando la indicó como tratamiento, sus pacientes le encontraron a esta pócima más propiedades “espirituosas” que terapéuticas. A este preparado nuevo le llamó Genévrier (que significa enebro en francés) y en poco tiempo ganó una popularidad extraordinaria, como sucede con todas las bebidas alcohólicas. La reputación de este licor trascendió las fronteras hasta llegar a Inglaterra, donde los ingleses la denominaron simplemente “gin”.
Otro aspecto curioso se refiere al hecho de que enebro se dice en inglés juniper. Luego entonces, era más propio para los estirados ingleses denominar a esta bebida “junipera” y no, como ahora es conocida mundialmente, ginebra, de las cuales hay algunas muy famosas y especialmente valoradas precisamente allá en Inglaterra. Todo lo anterior está en relación al enebro (Juniperus communis) que es una planta de distribución mundial, aunque actualmente se cultiva en Asia, África y el Caribe. Desde hace centurias se sabe que tiene propiedades antieméticas, es decir, que controlan el reflejo del vómito. Su raíz contiene un aceite muy volátil con dos principios activos denominados Shogaol y Gingerol, que en estudios de laboratorio sugieren efectos muy variados que van desde cualidades analgésicas y antiinflamatorias suaves, sedantes, inhibidoras de las febrículas, con capacidades antioxidantes y hasta antimicrobianas.
Faltan estudios que comprueben lo anterior en humanos; sin embargo hay evidencias clínicas de su beneficio en la hiperemesis gravídica (vómitos durante el embarazo) a dosis de 250 miligramos, cuatro veces al día, sin efectos sobre el producto de la concepción. También se ha probado en el manejo de las náuseas antes o después de algunos procedimientos quirúrgicos a dosis de un gramo, con un resultado relativamente benéfico.
Por último, un estudio en el que se comparó Juniperus communis con un medicamento para el vómito (100 miligramos de dimenhidrinato) y un placebo, se demostró que la planta sustancialmente es mejor que ambos, en aquellos casos de mareos inducidos por el movimiento. Como efectos secundarios indeseables, puede alterar las pruebas de coagulación y provocar sangrados por lo que no se recomienda de modo alguno en el caso en que se esté bajo tratamiento con anticoagulantes. También es irritante y algunos individuos que lo han consumido a la dosis recomendada, en raras ocasiones refirieron sensación de ardor en la parte interna del pecho (pirosis), gastritis, diarrea e irritación en la boca y en la lengua (glositis). De todos modos, el enebro se considera bastante seguro. Puede ser recomendado con confianza, sin embargo, desde luego debe someterse a un juicio clínico. Si no se resuelve el problema de náusea y vómito, quien padece estas molestias debe evaluarse con detenimiento para descartar problemas graves de salud. He de decir que mi descubrimiento de las propiedades terapéuticas de Juniperus communis me dejó bastante sorprendido; sin embargo, también he de decir que la ginebra como bebida me gusta. ¿No la podremos indicar los médicos de la misma forma que Franciscus Sylvius? En este sentido sería una garantía que cada paciente... nos lo agradecería.