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Miércoles, 12 de marzo de 2008
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MEDIEROS
desde los comunicadores
 

Capadocia: talento mexicano tras las rejas

 
Darío Delgado

 

Hace unas semanas la cadena HBO Ole para Latinoamérica estrenó la serie de ficción Capadocia, cuya transmisión superó los índices de rating esperados por sus productores. Esta serie, lejos de su temática y donde se imagina la perversa “privatización” del sistema penitenciario mexicano, plantea un acercamiento a la atmósfera de realidad y estado de corrupción que generalmente se filtra en nuestras instituciones y en particular en las prisiones de nuestro país, inmersas entre vacíos de poder y una contundente corrupción en el sistema judicial mexicano, historias que no podrían ir mas allá por la censura de las grandes televisoras.

Desde algunas perspectivas, la aparición en pantalla de Capadocia parece advertirnos de la realidad de las productoras y empresas mexicanas, que con intentos de fracaso, tienen a la televisión mexicana así,  tras las rejas. Los ejemplos mas cercanos fueron aquellas anunciadas con bombo y platillo por Televisa hace un año y que no llegaron mas que a una escasa secuela de 8 o 10 capítulos. Los monopolios siempre al traste con el talento mexicano; algunas de esas series captaron la atención de la audiencia pero terminaron por quedarse sin presupuesto. La realidad es esa, en México los grandes públicos  aun no están decididos a financiar producciones serias y profesionales, por ello es significativa la decisión de que las “otras” cadenas de televisión volteen la mirada al talento mexicano. 

En complicidad, la productora mexicana Argos y HBO Latinoamérica deciden llevar a cabo el proyecto Capadocia. Con este se  deja entrever esa posibilidad para la televisión creativa en español y lo más atenuante, con un peso ideológico poco permitido en los medios de nuestro país: vemos pasar diputados corruptos, un gobernador de apellido Marín, tráfico de influencias, negociaciones para lograr contratos millonarios “en lo oscurito” y en fin, ustedes saben, cosas invisibles en la televisión abierta.

El productor es el mexicano Epigmenio Ibarra, y es dirigida por Carlos Carrera,  Javier Patrón y Pedro Pablo Ibarra; sin embargo, la pieza fundamental fue un buen guión  escrito por Leticia López, Carmen Madrid y Silvia Pasterna quienes en Capadocia entrelazan fundamentalmente tres historias centrales de personajes muy cotidianos. El texto fundamentalmente intenta recrear la vida en una cárcel de mujeres, así como la realidad fuera de ella; mostrando la similitud entre ambas y sus diferencias, en muchas ocasiones determinada únicamente por las rejas. Se nos permite casi, con exactitud, una visión contemporánea de lo positivo y lo negativo del ser humano; visión completamente exiliada de las televisoras nacionales, una perspectiva de la vida expuesta a una constante por la supervivencia dentro del sistema carcelario, marcada por la ambición, y en su caso, por condenas impuestas a veces por la justicia, y a veces por los sentimientos de quienes la operan. El guión de Capadocia alcanza, pero con dificultad articular el desarrollo de historias de vida en el contexto sociopolítico, sin embargo por momentos lo logra muy a la “mexicana”, con el estilo que conocemos de Argos.

Resulta interesante  la construcción de una prisión subterránea bajo el Toreo de Cuatro Caminos en la Ciudad de México, especialmente diseñada para la filmación de esta miniserie,  cuenta con la disponibilidad de armas, explosiones y recursos no habituales en la televisión de este país, sin embargo para el marketing publicitario, muchos de estos recursos en ocasiones ponen en riesgo de vez en vez la exposición morbosa en ciertas escenas sexuales y violentas dentro de la serie, incluso explícitas sin necesidad alguna.

Capadocia es una buena experiencia para aquellos que son fieles al cortometraje y más aun a las series de ciencia ficción, que esta cercana a invadirnos. El esfuerzo actoral es de lo menos peor del talento mexicano: Ana de la Reguera, Dolores Heredia, Alejandro Camacho y Cecilia Suárez y se transmite por HBO jueves y domingos por la noche.

 

Intolerancia, medios, emos y diálogo

Gabriela Pinto

 

 

En la actualidad existen decenas de palabras con las que podríamos calificar la sociedad en la que nos desenvolvemos y hay una en particular sobre la que me gustaría ahondar: diversidad (variedad, semejanza, diferencia;  gran cantidad de varias cosas distintas, según el diccionario de la Real Academia Española).

A pesar de que en muchas ocasiones los jóvenes somos concebidos como un grupo uniforme y nopensante, creo que en la construcción de identidades, como en cualquier escala cromática hay un sinfín de matices que van de lo claro hasta lo más oscuro. Nos relacionamos con quien podemos comunicarnos, con los que encontramos afinidad, algo en común; así nos agrupamos en categorías: alternativos, darketos, anarquistas, emos1, gays, punks, lesbianas, neohippies, izquierdosos, skaceros, fresas y muchos más incluidos en un largo etcétera. Cada quien sus gustos, preferencias, creencias y convicciones. Deberíamos procurar cohabitar en armonía, trabajar para lograr un objetivo en común y en el peor de los casos vivir y dejar vivir.

Hace no mucho tiempo escuché a Rubén Hernández, académico de la Universidad Iberoamericana decir algo que me gustó: lo único que no podemos tolerar es el pensamiento único, se vale cualquier opinión siempre y cuando se argumente.

No entiendo por qué no podemos concebir al otro y el casi reciente linchamiento de emos el viernes 7 de marzo en Querétaro es una muestra evidente de nuestra incapacidad de comunicación y tolerancia; que creo, es consecuencia de muchos factores entre los que podría mencionar la falta de diálogo, ¿es acaso que ya nadie escucha?

En diferentes etapas he tenido la fortuna de encontrarme con personas que han sido orientadores, mentores, terapeutas o simples oídos atentos y me aterroriza la idea de que algún día exista la remota posibilidad de no encontrar con quién hablar por exceso de trabajo, diferencia de ideas o simple y puro desinterés.

Según la edición del 8 de marzo del diario La Jornada unos 800 jóvenes se reunieron en la plaza de armas de Querétaro para expulsar de forma violenta a “quienes les copian” después de haber sido convocados a través de correos electrónicos y volantes distribuidos en las escuelas. El resultado: 22 menores de edad detenidos y seis adultos trasladados al Ministerio Público por hechos que podían constituir un delito.

 Me sorprende la capacidad de movilización de quienes convocaron a tal cantidad de seres humanos por un motivo: el odio. Al mismo tiempo me pregunto por qué es difícil reunir cantidades semejantes para reclamar una injusticia o manifestarse en desacuerdo de forma pacífica. También es digno de mención el hecho de que un correo electrónico y unos volantes tengan tal poder.

Una vez más recuerdo la importancia de los medios masivos de información como la televisión y la radio para construir y destruir, según se desee. Adicionalmente caigo en la cuenta de que la internet se ha convertido en una herramienta cuyas dimensiones e impacto no hemos explotado por completo para provocar un cambio que genere bienestar social de algún modo, pero sí usamos para reenviar cadenas de correo electrónico sin importancia y ver videos morbosos en youtube. Supongo que aún tenemos miedo de involucrarnos con algo que no conocemos en su totalidad y nos limitamos a un acceso básico y superficial.

El uso de la tecnología con fines educativos, de movilización o bienestar social a gran escala todavía está por verse. Como una muestra de disposición, me comprometo a evitar enviar cadenas que sólo consuman espacio en las bandejas de correo electrónico y a cambio haré lo que me sea posible para usar los buscadores de manera responsable.

1 Término que proviene de la palabra emotional, en inglés. Tribu urbana caracterizada por un depresivo estado de ánimo y un arreglo personal que aparenta tristeza; peinados con un mechón de cabello que cubre un poco la cara y predilección por la vestimenta en tonos oscuros.

 
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