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Miércoles, 5 de marzo de 2008
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MEDIEROS
desde los comunicadores
 

Postales para pensar el país desde un Consejo*

 
Rossana Reguillo

 

Aprendí de El Consejo Indígena de paraguay formado en 1973, que un Consejo es un poder deliberativo y soberano; de esta formulación retengo una idea que está a la base de una concepción como esta: la de una reciprocidad positiva, en cosmovisión indígena esto es “reciprocidad de dones”. Un consejo como éste, al que hoy tengo el honor de incorporarme, se basa en una reciprocidad simétrica que debe significar paridad entre los donantes. Esta paridad engrendra confianza y produce valores como la justicia y la responsabilidad, valores que son mucho más fundamentales que el prestigio, el cual dependería de la “cantidad” de lo que se puede dar a los demás. Los amazónicos han tomado la palabra como comunidades de reciprocidad y esa elección tiene implicaciones importantes para nosotros: un consejo no se reduce a la voluntad de cada uno de afirmarse según sus propias facultades o según su carácter particular, sino que estima las capacidades que cada uno recibe de su participación. Y, participación significa renunciar a la propia fuerza frente a los demás ya que de tal renuncia surge un valor común no reductible a lo propio de uno o de otro. Ese es el sentido, con el que quisiera aceptar el honor de incorporarme a este Consejo hoy.

Y en el espíritu de reciprocidad, dibujo de manera breve y esquemática, algunas “postales” que solo a través del “valor y la fuerza” común, pueden ser remontables:

 

Postal 1: Pensar el país en medio de la violencia

 

En el 2007, hubo 2270 ejecutados en el país, es decir un promedio de 7 diarios; con cifras tan alarmantes como 346 solo en Sinaloa; 253 en Guerrero y 238 en Michoacán. En lo que va de 2008, las cifras no pueden ser más preocupantes, 430 narcoejecuciones, en dos meses, Casio 8 muertos por día. ¿De qué hablan estos datos), por supuesto que una violencia desatada, pasmosa, alarmante, pero más allá, hablan de lo que yo –a contracorriente del presidente Calderón y el Secretario Mouriño–, quisiera llamar la emergencia de un segundo Estado, un orden que llamo “para–legal”. Introduzco como una hipótesis que las violencias en México han inaugurado una zona fronteriza, un orden abierto a la definición constante, un espacio de disputas entre fuerza asimétricas y disímbolas que desbordan el binomio legal–ilegal. Quisiera señalar que considero que las violencias constituyen un “pasillo”, un “vestíbulo” entre un orden colapsado y un orden que todavía “no es” pero que está siendo, de ahí su enorme poder fundante y su simultánea ligereza, la paralegalidad, que emerge justo en la zona fronteriza abierta por las violencias, generando no un orden ilegal, sino un orden paralelo que genera sus propios códigos, normas y rituales que al ignorar olímpicamente a las instituciones y al contrato social, se constituye paradójicamente en un desafío mayor que la ilegalidad.

 

Postal 2: Pensar el país en medio de las disputas por la verosimilitud

 

Pese a los discursos dominantes, la dimensión de los derechos humanos, el grado cero de todos los derechos, padece de una suerte de adelgazamiento y opacidad. En tiempos recientes un tema concitó a la opinión pública “mexicana”. El caso de la indígena Ernestina Ascencio, habitante de Zongolíca, Veracruz, cuyo cuerpo ha sido y seguirá siendo territorio de disputas por el poder de representación.

Retomo dos asuntos que considero fundamentales en este caso, “la guerra de necropsias” y los argumentos soto voce, que fortalecieron el silenciamiento e incomodidad de la mayor parte de los medios mexicanos sobre el caso.

En el caso de lo que llamo la guerra de necropsias, la realizada por los peritos locales y la practicada después por especialistas federales y personal de la CNDH. Los informes “técnicos” son tan diferentes que la razón científica queda en entredicho, porque se trata de dos discursos equivalentes en claro enfrentamiento, donde unos ven gastritis otros ven “presencia de secreción blanquecina en la vagina”, donde unos ven anemia por sangrado, los otros diagnostican “región anal con eritema, escoriaciones y desgarros recientes, sangre fresca”. Estamos pues ante una disyuntiva severa, o unos o los otros, son absolutamente ineficientes o mentirosos. Y se instala la pregunta de cómo un cuerpo inerte es capaz de responder de manera tan contradictoria las preguntas que la “ciencia forense” le formula. Con informes tan encontrados no es de extrañarse que la “opinión pública se divida” y una vez más, el cuerpo se constituya en motivo de disputa y enfrentamiento político: los que están a favor de la violación tumultuaria por parte de elementos del ejército, de este lado; los que están a favor de muerte por gastritis y uso político de la primera autopsia, de este otro lado, por favor. Y no hay manera de saber, en plena sociedad del conocimiento, cuál es la verdad. El cuerpo fotografiado, estudiado, medido, seccionado, pesado, observado, se convierte en este caso, en portador de indicios. En indicios que sustituyen al índice1. El cuerpo roto es indicial, porque el poder borra las huellas de su presencia en él, deja de ser indexical, porque no hay contrarelato, argumentación, contestación que restituya la relación significantesignificado. En el cuerpo roto se verifica la disputa política por establecer el indicio creíble, legitimado, cómodo.

Ernestina es un cuerpo con nombre propio, pero sus características atentan contra esa autoridad personal. Se trata de una mujer, de una indígena que no habla castizo (castellano) y es especialmente anciana. Triple marginalidad para la portadora de un cuerpo violentado y después destazado. De manera increíble y más o menos veladamente, los opinólogos mexicanos, esa especie en franca expansión en detrimento de la figura del intelectual, asumieron–defendieron la vertiente de la gastritis, por la simple “evidencia empírica” de que “se trataba de una anciana” y el cuerpo de una anciana “no es deseable” y por ende, añado yo, no es “violable”. El tan ingenuo como brutal machismo implícito en esta formulación, atenta no solo contra la inteligencia, sino contra la historia y contra la amplia documentación en nuestro continente de la violencia sexual como instrumento de terror y de tortura, independientemente de las características del cuerpo a someter. Si los defensores del segundo dictamen porque –suponemos– lo consideran más científico, más genuino y confiable, no es explicable que además, deban acudir a su verdad machista: la vejez como relato de contención. Lo clave aquí es que el cuerpo sigue atada a la “verdad” política que el soberano instaura para preservar su propio cuerpo.

 

Postal 3. Qué país para qué jóvenes

 

Los jóvenes mexicanos enfrentan condiciones estructurales que se están traduciendo en alarmante: 49.8% de los jóvenes no tienen acceso a ningún servicio de salud; garantías laborales (71.8%  no contaron con un contrato en su primer trabajo); el 37.5% de los jóvenes mexicanos abandona la escuela entre los 15 y los 17 años. 42.4% de los jóvenes señalaron como la razón principal para dejar la escuela que “tenían que trabajar”; presiones laborales (a nivel nacional, 48.2% de los jóvenes dijeron que fueron sus familias las que decidieron que ellos tenían que trabajar. Esta cifra aumenta a 68.1% en los estratos socioeconómicos bajos y a 86%, en el rango de edad que va de los 12 a los 14 años)2.

Las y los jóvenes mexicanos experimentan condiciones subjetivas que se traducen en una acelerada “desafiliación”, desencanto, descrédito en las instituciones y en el crecimiento de las opciones por la violencia, la ilegalidad, la respuesta individual, las alternativas mágico/religiosas y la autoayuda. 21.7% de los jóvenes se muestran poco satisfechos con los estudios alcanzados, cifra que aumenta a 24.6% en el caso de las mujeres y a 41.1% entre los jóvenes de los estratos muy bajos. 80.7% considera que trabajar sirve únicamente para ganar dinero; 28.2% se muestran preocupados por la falta de trabajo, mientras que solo un 17.1% dicen estar preocupados por los problemas del país; el mayor miedo entre los jóvenes mexicanos es el miedo a la muerte (34.4%) y el 19.80% teme al fracaso. 37.4% no sabe cuál es la mejor forma de participar políticamente, cifra que sube a 58.5% entre los jóvenes de las zonas rurales; apenas un 3.2% dice creer en lo que dicen los diputados federales (puesto en otros términos este dato indica que un 96.8% de los jóvenes mexicanos no cree en el Congreso).

Violencia, descrédito, disputas por el poder, deterioro estructural, aumento de la exclusión y la precariedad, marcan el territorio en el que habremos de pensar y construir alternativas para intervenir críticamente en la realidad. Carmen Aristegui, coconsejera, declaró en una entrevista reciente que tenemos la obligación moral de ser optimistas; nada más cierto si hablamos del optimismo de la voluntad gramsciano; y en ese mismo sentido, yo afirmaría, que sólo el pesimismo de la inteligencia el que nos permite avistar mejores horizontes en los que el optimismo sea posible.

 

Muchas gracias.

 

*Mensaje de Integración al Consejo Consultivo de la Universidad Iberoamericana Puebla.

 

1 Un signo es indexical cuando su significante es contiguo a su significado o es una muestra de él (una huella de un pie en la arena es índice para Robinson Crusoe, de la presencia de una criatura). Sebeok (1996).

 

2 Todos los datos aquí utilizados provienen de la Encuesta Nacional de Juventud 2005, en concreto del Capítulo “Legitimidades Divergentes”, que diseñé y analicé para el IMJ/SEP.

 
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