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Jueves, 28 de febrero de 2008
La Jornada de Oriente - Puebla - Suplementos
 
 
ESTÉTICA Y SALUD
 

Insomnio, un problema común

 

La literatura define al insomnio como un problema para conciliar el sueño, mantenerlo o de alteraciones relativas a la duración de este, donde la calidad del sueño es pobre y tiene como resultado la alteración del buen funcionamiento diurno.
Rafael H. Pagán Santini

 

El problema de un buen dormir es muy común hoy en día. El estrés y muchas veces la falta de actividad física empeoran la situación. El insomnio es una condición que afecta a las personas de todas las edades pero es más común entre las personas mayores. La literatura define al insomnio como un problema para conciliar el sueño, mantenerlo o de alteraciones relativas a la duración de este, donde la calidad del sueño es pobre y tiene como resultado la alteración del buen funcionamiento diurno, al margen de haber tenido la oportunidad y las circunstancias adecuadas para dormir.  

Dos terceras partes de los individuos que reportan padecer de insomnio tienen un conocimiento muy pobre de las diferentes opciones de tratamientos disponibles. Peor aun, una quinta parte de estos utiliza productos que su efectividad no ha sido probada o ingiere alcohol intentando mejorar su condición.

El insomnio ha sido clasificado en primario y secundario. Se desconocen las causas del insomnio primario, aunque la evidencia disponible sugiere que existe un estado de hipersensibilidad a la respuesta de estímulos que hacen que la persona se despierte o se mantenga somnolienta en estado de alerta.

Algunas investigaciones sugieren que la intervención basada en la terapia cognitiva conductual es superior al tratamiento con fármacos, tanto en el manejo a corto como a largo plazo del insomnio en adultos mayores. La terapia cognitiva conductual comprende un grupo de técnicas que abordan los factores del insomnio crónico, sin importar las causas. Entre estas se encuentra la terapia de control de estímulo que asume que el insomnio es una respuesta de mala adaptación a factores tales como la hora de dormir, el medio ambiente que rodea el cuarto de dormir (por ejemplo, el utilizar la cama como lugar de lectura regular o de ver televisión, en ves de un lugar para dormir), y que requiere un proceso de reasociación de la cama con el dormir. Otra técnica que se utiliza es la terapia de restricción en el dormir. Esta terapia esta basada en la premisa de que las personas con insomnio pueden aprender a aumentar su tiempo de dormir por medio de la privación temporal del dormir que reduce voluntariamente el tiempo que la persona pasa en la cama.

La terapia de relajación se incluye en este grupo de técnicas, está basada en la hipótesis de que el insomnio es producto de la hipersensibilidad a respuestas de estímulos. Esta terapia tiene dos componentes: uno físico que consiste en relajar progresivamente los músculos del cuerpo y otro componente mental donde se aprende a meditar, a desarrollar imágenes mentales y autohipnosis. El componente cognitivo de estas terapias envuelve la educación de la persona sobre las necesidades del dormir, la corrección de expectativas incorrectas, y la discusión sobre ansiedades y pensamientos catastróficos, incluyendo la percepción exagerada de las consecuencias del no poder dormir.

Por último, la terapia cognitiva conductual incluye la educación sobre la higiene del dormir. Esta terapia aborda los factores extrínsecos que pueden perpetuar el insomnio, tales como los ruidos en el cuarto y los niveles de luz. En la terapia se analizan los disturbios del medio ambiente como por ejemplo, la presencia de mascotas en el cuarto, el ronquido de la pareja, la temperatura del cuarto, la presencia de un reloj, la falta de ejercicio o el ejercicio muy cercano a la hora de dormir y el uso de alcohol, cigarrillo o cafeína antes de dormir.

Entre las terapias farmacológicas para el insomnio están los hipnóticos (sedantes, tranquilizantes menores y los fármacos contra la ansiedad), los más utilizados son las benzodiacepinas. La mayoría son bastante seguros pero pueden perder su eficacia una vez que la persona se acostumbra a ellos. El principal problema de este tipo de medicamento es que una vez se suspende el uso de ellos pueden producir síntomas de abstinencia y si se dejan de tomarlos, puede empeorar el problema original del sueño (insomnio de rebote) y empeora la ansiedad.

El patrón del sueño no es uniforme sino que tiene varias fases diferentes. Durante un sueño nocturno normal hay cinco o seis ciclos. El sueño empieza por la fase 1 (el grado más superficial, en que la persona se despierta fácilmente) y avanza hasta la fase 4 (el grado de profundidad mayor, en que la persona se despierta con dificultad). En la fase 4, el tono muscular, la presión arterial y la frecuencia cardiaca y respiratoria están disminuidos al máximo. Además de estas 4 fases existe un tipo de sueño acompañado de movimientos oculares rápidos (REM) y de actividad cerebral.

Algunas investigaciones clínicas corroboran las recomendación de utilizar la terapia cognitiva conductual como tratamiento para el insomnio, esta terapia parece ser más efectiva que otras. Las personas que estuvieron bajo este tipo de terapia psicológica estuvieron significativamente más tiempo en las fases 3 y 4 del sueño, donde las ondas cerebrales son más lentas. Esto quiere decir que pudieron dormir más profundamente y de forma más relajada por un periodo de tiempo más largo.

 

Si desea más información sobre esta columna puede escribir al correo electrónico

rhpmedicus@yahoo.com.mx 

 
 

“Uno de cada tres mexicanos padece de obesidad por malos hábitos alimenticios”: Esquivel

 

Yadira Llaven

 

Una mala combinación alimenticia puede producir una carencia de vitaminas o minerales que se manifiesta a través de síntomas o sensaciones de ansiedad, apatía, desgano, irritabilidad, nerviosismo, falta de atención e, incluso, depresión. Por ello, “por ser una parte esencial para la vida, la alimentación debe estar diseñada para generar bienestar pero, en ocasiones, resulta contraproducente y afecta el desarrollo cotidiano, es decir, el estado de ánimo”, afirmó la nutrióloga del Servicio de Nutrición Artificial del Hospital de Especialidades del CMN La Raza del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS), Blanca Esquivel Roldán.

A consecuencia de estos malos hábitos alimenticios, uno de cada tres mexicanos padece de sobrepeso u obesidad; más de 5 millones de jóvenes presentan estos padecimientos y la prevalencia aumenta considerablemente en la edad adulta. En el otro extremo, en México se registran más de 20 mil casos de anorexia y bulimia al año, y hoy afectan a más de 2 millones de personas.

La especialista del IMSS destacó la importancia del trabajo conjunto entre la nutrición y la psicología para la atención del estado de ánimo y problemas ocasionados por una mala dieta alimenticia.

“En la actualidad –expuso– se le está dando la importancia que realmente tienen tanto el aspecto nutricional como el psicológico; dos áreas de la salud que habían estado muy olvidadas. Nos habíamos concentrado en curar y lo que tratamos de hacer actualmente son intervenciones oportunas; no curar, sino prevenir”.

Estadísticas del instituto indican que más del 70 por ciento de la población mexicana presenta algún factor que contribuye a enfermedades cardiovasculares, en gran parte por el desbalance alimentario, como consecuencia de estrés, depresión, hipertensión, grasas elevadas en la sangre y tabaquismo, entre otros.

Por lo anterior, el IMSS cuenta con módulos de atención para orientar a los derechohabientes sobre las consecuencias que provocan los desórdenes y problemas alimenticios. Asimismo, en sus clínicas y hospitales brinda tratamientos integrales, con la atención de un psicólogo o psiquiatra, complementado con el área de nutrición y dietética, con resultados favorables, refirió la nutrióloga.

A pesar de que el cerebro representa entre 2 y 3 por ciento del peso corporal total, éste consume el 20 por ciento de la energía que extraemos de todos los alimentos, dado que alberga más del 90 por ciento de las neuronas del cuerpo y, aun cuando su funcionamiento requiere de oxígeno y glucosa, son necesarios otros nutrientes para desarrollar funciones como la memoria, la concentración y el pensamiento, todas provenientes del encéfalo.

La especialista del Servicio de Nutrición Artificial del Hospital de Especialidades, Centro Médico Nacional (CMN) La Raza, aseveró que por lo general llevamos la dieta hacia un solo nutriente: la glucosa, la cual, en exceso, provoca efectos cambiantes en el estado de ánimo, como sería consumir en exceso azúcares.

“Lo que por momentos generó gran cantidad de energía en el individuo; que lo mantuvo alerta y despierto, deriva después en una disminución; una secreción de insulina abundante, que desciende drásticamente los niveles de glucosa en la sangre, y es cuando vienen las sensaciones negativas de cansancio, nerviosismo, irritabilidad y apatía, así como periodos de ansiedad, reacciones depresivas y aumento del estrés laboral”.

La nutrióloga Esquivel Roldán mencionó que la industria y mercadotecnia alimentaria también incide en el estado de ánimo de las personas, con la promoción de comida rápida y estereotipos de imagen, que, generalmente, afectan más a los niños y adolescentes.

Finalmente, la especialista recomendó que el consumo de alimentos contengan los tres principales nutrientes: carbohidratos, proteínas y también lípidos.
 
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