La incipiente democracia mexicana no es resultado de la lucha de la derecha, como han querido hacer creer los militantes del Partido Acción Nacional (PAN), sino por los movimientos de reivindicación generados desde la izquierda y muy particularmente por la sangre de estudiantes derramada el 2 de octubre de 1968 y el 10 de junio de 1971, coincidieron ayer académicos, luchadores sociales y periodistas que participaron o dieron cuenta, en su momento, de ambas represiones.
La Brigada 68 continuó ayer la serie de actos que emprendió para conmemorar el movimiento estudiantil de hace cuatro décadas. Este miércoles se celebró una mesa redonda en la que participaron el periodista Alfonso Yáñez Delgado, así como los activistas Jesús Morales Tapia y Raúl Márquez, quienes fueron moderados por el economista Jaime Ornelas.
El acto se realizó en la Casa de la Memoria Universitaria de la Universidad Autónoma de Puebla, que se ubica en el Centro Histórico de la Angelópolis.
Ahí, los ponentes insistieron en que las condiciones de injusticia y carencia de democracia que dieron vida a los movimientos estudiantiles de hace cuatro y tres décadas, son vigentes, por lo que es necesario seguir en la brega por lograr un México sin desequilibrios.
“Este movimiento no es una anécdota, sino memoria viva que sirve para caminar hacia el futuro”, expresó Ornelas, quien resaltó la importancia de que lo sucedido en la década de los 60 sea analizado minuciosamente, pero también que la realidad actual se aborde de manera crítica para identificar caminos eficientes de lucha contra los autoritarismos, la demagogia y la injusticia social.
El académico de la Facultad de Economía de la máxima casa de estudios hizo un reconocimiento a la labor de Alfonso Yáñez, a quien se debe, expresó, el acervo histórico de la Universidad Autónoma de Puebla, pues sin su empeño por rescatar y conservar la memoria de los universitarios, ésta se hubiera perdido.
Precisamente Alfonso Yáñez Delgado hizo una cronología de lo que sucedió en Puebla durante la década de los 60.
Durante su exposición realizó duros señalamientos sobre personalidades que hoy incluso son homenajeadas en la Universidad Autónoma de Puebla, como el periodista Enrique Montero, quien siendo director de La Voz condujo una feroz campaña de injurias y calumnias contra los alumnos de la máxima casa de estudios.
Yáñez consideró que las “mentiras” divulgadas por el actual director de la estación Tribuna Radiofónica y de su patrón de entonces, el coronel José García Valseca, dueño de la cadena de periódicos que editaba la Organización Editorial Mexicana, contribuyeron a las agresiones que otros sectores sociales perpetraron a los universitarios en Puebla.
Se refirió, por ejemplo, a la matanza y martirio que habitantes de la junta auxiliar de San Miguel Canoa, azuzados por el párroco del sitio, ejecutaron sobre universitarios que hacían actividades de excursionismo en esa zona.
“En las marchas de entonces se gritaba ¡once!, ¡once!, ¡que chingue a su madre Montero Ponce! y la verdad es que ese tipo de cosas se las granjeó a pulso”, expresó Yáñez Delgado.
Recuento histórico
En su recuento, Alfonso Yáñez Delgado, quien también dirige la confección de las publicaciones del archivo histórico de la UAP, manifestó que los hechos suscitados en el periodo comprendido entre 1968 y 1971, fueron de vital importancia para la construcción de la vida social que hoy impera en Puebla.
El periodista señaló que en un principio, los universitarios poblanos estuvieron alejados del movimiento que sus colegas desarrollaban en el DF, porque acababan de tener una escisión entre democráticos y activistas, fomentado por la derecha y el gobierno de Gustavo Díaz Ordaz, pero que pocas semanas antes de la masacre y en los meses posteriores hubo muestras fehacientes de solidaridad, como la huelga que se impuso en la Universidad Autónoma de Puebla.
Yáñez aprovechó para dar a conocer una anécdota que le contó entonces el rector de la máxima casa de estudios, Julio Glockner, quien alguna vez observó cómo Díaz Ordaz le limpió con su pañuelo una bota al entonces gobernador poblano, Manuel Ávila Camacho. “Gustavo Díaz Ordaz siempre fue un aprendiz del servilismo, que es la otra cara del autoritarismo!”, remató.