Por la manera en que se están llevando las acciones, todo parece indicar que la privatización de Pemex será un hecho en poco tiempo. Por más que las autoridades de distintos niveles aseguran que no es así, hay una serie de evidencias que contradicen sus palabras. Mas no es la única institución en que esto está ocurriendo, el IMSS atraviesa por situaciones análogas, algunos equipos médicos que se utilizan para atender a los pacientes ya no son propiedad de la institución, ahora sólo se rentan a distintas empresas.
¿Estamos regresando en el tiempo? Las condiciones de principio de siglo veinte eran sumamente difíciles para la mayoría de la población. Los campesinos y obreros desempeñaban extensos horarios con salarios ínfimos y desde luego carecían de cualquier prestación, la seguridad social era inexistente; la incipiente industria se encontraba en manos extranjeras, todo ello con el beneplácito de las autoridades nacionales.
Debieron pasar muchos años antes de que el pueblo intentara pugnar por cambiar esas condiciones, no debe ser fácil arriesgar la vida; sin embargo, muchos hombres y mujeres salieron a pelear por mejores condiciones, lo cual se logró con la promulgación de la Constitución de 1917 que garantiza una serie derechos individuales y sociales.
De una manera distinta, también se luchó en 1938, por la expropiación del petróleo, que dio al pueblo mexicano la soberanía sobre un recurso natural estratégico para el desarrollo.
Pareciera que a las autoridades actuales no les representa el más mínimo motivo de análisis nuestro pasado, pues se empeñan en repetir aquellas circunstancias históricas. Porfirio Díaz podría haber dejado escrito algún instructivo que, guardado en los archivos de la nación, esperó pacientemente en algún rincón hasta que manos piadosas lo han descubierto y ponen en práctica sus postulados, por ejemplo, la reciente agresión a los mineros de Cananea.
¿Y el pueblo? Todo parece indicar que los dueños del país, se han asegurado de que la generalidad de las personas distraigan su atención en otro tipo de asuntos distantes de los trascendentes como pueden ser la seguridad social, las reformas a la ley laboral o el aumento de precios en gasolinas y alimentos.
Los medios de comunicación juegan un doble papel, principalmente la televisión; por un lado, ofrece una programación insulsa (futbol, telenovelas, programas musicales o de concurso, etcétera) y, por otro, los noticieros y segmentos de “análisis” se ocupan de convencer al público de la necesidad y beneficios de privatizarlo todo.
Aunado lo anterior, debido a la escasa calidad de la educación que recibe, la población poca reacción presenta. Pareciera, a simple vista, que poco o nada se podrá hacer en contra del neoliberalismo avasallante. Sin embargo, ningún pueblo puede permanecer eternamente adormilado; la perspectiva de que seamos capaces de organizarnos para contrarrestar las acciones del gobierno, prevalece; algunos grupos de ciudadanos se están coordinando para defender lo que es nuestro; son ellos, la semilla de la esperanza.