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Martes, 5 de febrero de 2008
La Jornada de Oriente - Puebla - Cultura
 
 

 ARISTAS DE LA CIUDAD  

Nueva escultura, sin nuevas propuestas

 

En la imagen podemos apreciar una escultura que representa a un grupo de personas; es de carácter figurativo, pero sin expresionismo, más bien es una representación de corte académico de formas frías
Elvia de la Barquera

En la década de los cuarenta, la inmigración en Puebla continúa su crecimiento debido a la industrialización de la zona periférica, con lo cual se van necesitando nuevas áreas de vivienda y servicios, y ello promueve una intensa actividad constructiva que requiere de planes zonales. Por un lado hay una renovación en el centro de la ciudad y, por el otro, la periferia es utilizada para el desarrollo industrial. Es por esto que también se hacen necesarias nuevas vías, lo que implica la alteración de la estructura vial para dar mayor movilidad y accesibilidad entre dichas zonas. Son los inicios del ordenamiento y la planificación urbana. Durante el sexenio de Adolfo López Mateos se instauraron políticas para dotar de equipamiento y servicios, entre otros, la construcción de escuelas.

Las nuevas vialidades conformaban un circuito en la entonces mancha urbana, en el cual figuraba la nueva avenida 25 Oriente–Poniente, también llamada avenida Campo de Aviación.

El incremento de población –por inmigración y por natalidad– hace insuficientes los servicios, por lo que también se empiezan a construir escuelas privadas. Sobre la 25 Oriente, en 1955 se construye el Colegio Benavente, cuya arquitectura responde a los planteamientos funcionalistas de mediados de siglo en Puebla. Para celebrar los cincuenta años del colegio, acudieron a un profesionista para la elaboración de una escultura que se puede apreciar en la vía pública y cuya temática es la labor pedagógica Lasallista.

El escultor es Carlos Espino, nacido en 1953 en la ciudad de México, quien a los veinte años ingresa en la Escuela Nacional de Artes Plásticas, aunque ya había tomado cursos particulares desde temprana edad. A partir de 1974 empieza a involucrarse en la arquitectura con la finalidad de relacionar ambas disciplinas; ese mismo año formó el Grupo Cultural Apeirón y tres años después crea el taller de escultura El Árbol. Ha viajado y realizado algunos estudios en Europa y Marruecos, y ha colaborado con escultores como Víctor Gutiérrez, Julián Martínez y Gabriel Ponzanelli, así como con el arquitecto José Luis Ezquerra. Le distingue el realismo expresionista, y los materiales que más utiliza son bronce, piedra, madera, concreto y acrílicos. Hay obra pública suya en los estados de México, Guerrero, Chiapas, Tabasco, Campeche, Tamaulipas, Zacatecas, Veracruz, también en Texas y Arizona.

Ahora en Puebla podemos apreciar una escultura que representa a un grupo de personas; es de carácter figurativo, pero sin expresionismo, más bien es una representación de corte académico de formas frías. Es, sin embargo, un ejemplo de buena proporcionalidad, de conocimientos técnicos, pero coartado en su expresividad plástica. El movimiento corporal del grupo y los ropajes son naturales y lógicos, no hay ningún juego de síntesis que lleve a un ritmo en su representación. Es la típica escultura hecha por encargo y sometimiento. Los integrantes de este grupo funcionan simultáneamente entre sí, y son las actitudes y las extremidades los que une en fondo y forma. Es un relato, en movimiento y proximidad, donde el protagonista es Juan Bautista de La Salle. Son esculturas de personajes conformando una escultura de formas bien definidas, de acabado pulido, de disciplina académica, con movimiento pero sin emociones. Un relato con actitudes pasivas, en donde nada puede ni debe estar fuera de su lugar. En la forma de representación se relata el contenido de la institución.

 
 
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