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Miércoles, 16 de enero de 2008
La Jornada de Oriente - Puebla - Suplementos
 
 
MEDIEROS
desde los comunicadores
 

Y ahora, ¿qué vamos a escuchar?

 
Ana Lidya Flores

Agradecemos a W Radio la salida de Carmen Aristegui, porque gracias a la supresión del programa con que nos despertamos a lo largo de los últimos cinco años, hemos dejado de vivir en la irrealidad de una dieta mediática que, por lo menos a la hora del desayuno, nos anunciaba una agenda crítica y diferenciada del resto de las opciones radiofónicas de las llamada “cadenas nacionales”.

Los ex escuchas de la Aristegui hemos tenido diversas reacciones. La primera fue la exclamación: “Y ahora, ¿a quién voy a escuchar?” o más coloquialmente, “Y ora, ¿a quién voy a oir?”, expresión seguida de un apasionado análisis e intento de explicación de las razones por los cuales la periodista salió de W. Después del shock, vino la socialización del hecho, y posteriormente, la indignación traducida de muy diversas maneras.

Hubo quien optó por la silenciosa meditación matutina... Pero después de tres días de hueco informativo, inició la búsqueda del sustituto del Hoy por hoy con Carmen Aristegui. Gracias a los intereses de W Radio, mi amiga Maru optó por buscar en la televisión local. Ahora sabe con precisión en dónde se encuentra el bache más hondo de la Angelópolis, y conoce con detalle la nota roja televisiva. Desde luego, ni media palabra sobre los acontecimientos en Cananea, ni del seguimiento al debate sobre el maíz por los 14 años del Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos y Canadá.

Mi amiga Aurora también está desencajada por la salida de Aristegui. Después de cabildear entre los comunicólogos, recibió la sugerencia de escuchar la Plaza Pública de Radio Universidad (Nacional Autónoma de México) retransmitida por Radio BUAP. Sin lugar a dudas, Miguel Ángel Granados Chapa tiene información y posturas informadas y críticas... pero digamos que el ritmo radiofónico es parsimonioso. La hija de Aurora concluyó que ahora la mañana es más pausada. El comentario no tiene desperdicio porque viene de una adolescente muy bien informada, que sin tener en la cabeza el canon de los géneros y los formatos, percibe la lentitud de este otro discurso radiofónico. Los más añejos escuchas de don Miguel Ángel sugirieron paciencia. Yo, que también me mudé a la Plaza Pública en radio, no acabo de acostumbrarme, y digo que ese programa pide a gritos un productor.

Mi amigo Noé me recomendó a Solórzano en Radio Trece. El único problema es que en Puebla, no se escucha en la radio sino a través de internet. No quiero sonar quejumbrosa, pero me tardo más en echar a andar la compu de mi hijo Pablo (la mía se quemó) que en tener que salir corriendo rumbo al trabajo. Así que la operación de oprimir el botón de apagado–encendido de mi secuencia de radios (en la habitación, en el baño, en la cocina, en la sala, en el auto) se ha tornado en una ceremonia que dura más de tres minutos. Al segundo día desistí. Pero bueno, ahí está Solórzano, que es algo cercano al estilo que perdimos.

Mi amiga Gaby tenía problemas para sintonizar en casa W. Andaba con su radio tratando de captar la señal, porque después de escuchar la propuesta crítica, ya no estaba tan convencida de ver a Loret de Mola en la televisión. Ante este panorama, Gaby regresó al canal de las estrellas. Yo intenté, pero también desistí al segundo día.

Sin embargo, siempre hay un piso más abajo. Hoy intenté ver las noticias del canal 11 y me encontré con un programa para niños del Discovery Kids. Y entonces, sucedió lo peor, porque siempre hay un piso más abajo. Pero el espacio se agota, y eso lo contaré en la próxima entrega.

 
 

Derecha valentona censura periodistas

Jonathan Vázquez Betancourt

El silenciamiento público de la periodista Carmen Aristegui es también callar la voz de quienes durante cinco años tuvieron en W Radio un foro abierto para hablar del México que no se ve en la mayoría de los medios de comunicación.

Con esta decisión los poderes fácticos: la Iglesia, los medios, y el poder establecido, el Estado; nos alejaron de la posibilidad de saber cómo se mira el México de abajo, el de los niños violados por sacerdotes, el de los gobernadores preciosos, el de los y las periodistas humillados, el de las televisoras abusivas e insaciables y las “elecciones intervenidas”, definición que dio la propia Carmen a los comicios de 2006.

La corrieron porque le temen y porque les incomoda. No hay más.

Fiel a sus vicios, la derecha se envalentona cuando ostenta el poder e intenta borrar del panorama –lográndolo por momentos, pero no para siempre– todo lo que le provoca comezón. Así le hicieron a Carmen y el espectro radioeléctrico vive un vacío irreparable, ya que sin duda, el momento en el que mejor uso se le daba a este bien público, era de lunes a viernes de 6 a 10 de la mañana en el censurado Hoy por Hoy.

Sin Aristegui en la radio, Televisa y Televisión Azteca ya no tendrán quien les restriegue en la cara, con pruebas, el incontestable hecho de que mienten. Ya no sentirán envidia de la periodista que dicta la agenda a partir de dar voz a quienes ellos han marginado por años. Sonríen las televisoras y hacen fiesta los periodistas censores.

Afortunadamente, quedan aún en México medios plurales que revelan los perversos planes del Estado y de la mediocracia mediocre para eliminarlos de la jugada.

El semanario Proceso, fruto justamente del abuso del poder, publicó esta semana (Proceso 1628), en portada, la historia de represión que vivió la dos veces ganadora del Premio Nacional de Periodismo.

El reportero Jenaro Villamil entrevistó a la comunicadora y es lacerante leer lo que uno ya sospechaba. “Hay quien pidió mi cabeza y hay quien la cedió”. Funcionarios de Comunicación de Los Pinos (entre otros grupos) hicieron saber que su noticiario “no era un espacio deseable para la presidencia de la República”.

Revela también cómo, al más puro estilo de un gángster, el directivo de Televisa Javier Pérez Teuffer cuestionó “por qué dentro de una estación del grupo Televisa se hablaba así de la ley de medios”, como si ofrecer información plural fuera un agravio a la verdad y a la libertad que tanto dice defender el consorcio de la pantalla chica.

Fieles centinelas de la censura, los medios convencionales han callado el ultraje que se efectuó contra su colega. Sólo La Jornada y Proceso abordan el tema.  Espero que Carmen regrese a algún otro espacio y logre que nuestros oídos sonrían con su veracidad irrefutable, con sus temas incandescentes y la palabra del México que existe pero que otros quieren ocultar.

Dice una pared de la lastimada y herida, pero valiente Oaxaca (la de abajo, no la de URO) que “podrán cortar todas las flores, pero nunca evitarán que la primavera vuelva”, así Carmen es a las mañanas la primavera y al periodismo una flor de múltiples aromas y colores. ¡No a la censura!

 
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