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Lunes, 14 de enero de 2008
La Jornada de Oriente - Puebla - Ecología
 
 

Los taladores de la región Popo–Izta han gozado de 30 años de impunidad: pobladores

Durante 30 años, una banda de taladores clandestinos ha actuado con impunidad depredando los bosques de la zona Popo–Izta, en la región de San Lorenzo Chiauztingo. Tres de esos criminales están plenamente identificados por dirigentes del Comisariado Ejidal de San Antonio Tlatenco, ya que integraban el piquete que fue sorprendido el jueves de la semana pasada derribando árboles en el paraje conocido como El Patio.

 

Imagen de la zona de San Lorenzo Chiautzingo que fue deforestada el pasado jueves 10 de enero por taladores clandestinos/Foto: José Castañares

Martín Hernández Alcántara
Puebla, Pue.

Mañana, personal de las procuradurías General de la República (PGR) y Federal de Protección al Ambiente (Profepa), amén de funcionarios de las secretarías del Medio Ambiente y Recursos Naturales a nivel estatal y federal, y del parque Popo–Izta, efectuarán una inspección en El Patio.
Según la información recabada el fin de semana por esta casa editorial, entre pobladores de la zona que brindaron los datos a cambio de que sus nombre no fueran publicados, pues temen represalias, entre los cinco hombres que el jueves 10 de enero fueron pillados talando al menos 20 pinos de ayacahuite se encontraban los hermanos Florencio y Jacinto Morales Alameda, amén de Félix Grano Rosales, al parecer todos ellos vecinos de San Antonio Tlatenco, quienes tienen antecedentes en la explotación ilegal del bosque.
Los hermanos Morales Alameda, señalaron las fuentes consultadas, se han dedicado desde hace tres décadas a la tala clandestina, mientras que Félix Grano Rosales fue detenido por el mismo delito en septiembre del año pasado, en el poblado de San Nicolás Zecalacoayan, pero los dueños de la zona forestal prácticamente los perdonaron, ya que solamente le decomisaron la camioneta en la que transportaba la madera y le impusieron una multa de 500 pesos que nunca pagó.
Grano también habría participado como uno de los principales taladores del campo experimental que el Instituto Nacional de Investigaciones Forestales, Agrícolas y Pecuarias (INIFAP) tiene en el Izta–Popo, depredación que el viernes 2 de junio de 2006 generó que al menos mil habitantes de San Juan Tetla y San Agustín Atzompa –comunidades también pertenecientes a la comunidad de San Lorenzo Chiautzingo, como San Antonio Tlatenco– se enfrentaran violentamente con armas de fuego, palos, machetes y piedras, porque los primeros acusaban a los segundos de ser los responsables de la explotación ilícita.
Por lo pronto, la Representación Social de Santa Rita Tlahuapan, donde el jueves pasado los dirigentes del Comisariado Ejidal de San Antonio Tlatenco tramitaron la denuncia que ameritaba la tala, no ha entregado la copia de rigor a los querellantes, pero se espera que lo haga mañana a las 11 horas, cuando los afectados y las autoridades suban al monte para hacer el primer peritaje.

Historia repetida

La historia del corte ilegal de árboles en San Antonio Tlatenco y de su defensa por parte del comisariado ejidal no es nueva y permite dimensionar la importancia que las autoridades le dan a dicho asunto.
Por ejemplo, los campesinos recuerdan que el primer decomiso de vehículos a los depredadores ocurrió en 1976. Los automotores fueron llevados a la presidencia auxiliar y permanecieron allí durante muchos años, hasta que quedaron inservibles y tuvieron que ser vendidos como chatarra.
La Asociación por la Defensa de los Ecosistemas Forestales de Puebla a través de su vocera, Elizabeth López Castro, instó a la PGR, la Profepa “y a todas las instancias que tienen la obligación de custodiar los bosques, a poner en marcha cuanto antes una campaña de vigilancia extraordinaria en los bosques que rodean al Parque Nacional Izta–Popo, para así evitar que la tala clandestina siga progresando, pero fundamentalmente para poder evitar un enfrentamiento de magnitudes terribles, como el que sucedió el 2 de junio de 2006”.
La organización no gubernamental destacó que en “en el caso de Tlatenco parece estarse repitiendo algunos de los comportamientos comunitarios que provocaron una confrontación entre los pobladores de San Juan Tetla y San Agustín Atzompa, pues como en aquella ocasión, esta vez también la tala está siendo realizada por vecinos de la misma comunidad”.
A pregunta expresa, la bióloga López Castro consideró que “es importante que las autoridades le den seguimiento a la cadena de la tala, pues casi siempre los esfuerzos se han enfocado a detener y enjuiciar a todos los campesinos que cortan los árboles, pero poco o nada se hace con los verdaderos criminales: los enganchadores y empresarios de la madera que sin escrúpulos, aprovechándose de la pobreza de la gente, los estimulan para que ellos realicen la tala por unos cuantos pesos, para que en sus fábricas y aserraderos se aproveche al máximo la materia prima”.
Antes del zafarrancho del 2 de junio de 2006, el 6 de enero del mismo año, campesinos de San Juan Tetla detuvieron a dos camiones que eran escoltados por la Policía Municipal de Chiautzingo e iban repletos de troncos. En uno de ellos viajaba la empresaria Elia López Zabaleta –identificada como principal instigadora de la tala–, quien los amenazó con llamar a la Policía Judicial, a la Agencia Federal de Investigación y a otros cuerpos de seguridad pública, pretextando que le estaban coartando su derecho al libre tránsito. Los labriegos no se amedrentaron e hicieron que ambas unidades se quedaran en el atrio del pueblo. Después llamaron a las autoridades del medio ambiente para que constataran el decomiso civil y se llevaran los vehículos, pero nada pasó.
Dos semanas más tarde, el 21 de enero, hombres y mujeres de San Juan subieron hasta el Campo Experimental del INIFAP para detener otro camión, también abastecido a más no poder de cadáveres de árbol. Cansados de los abusos de los pobladores de Atzompa, sus vecinos incendiaron una cabaña que éstos habían improvisado para los momentos de descanso que se daban entre el trajín de las motosierras.
En dichs ocasión, los de Tetla también capturaron a un par de individuos que portaban uniformes de camuflaje y cortes de soldado raso. De hecho, la pareja señaló ser guardabosques de San Agustín y pertenecer al Ejército Mexicano –simultáneamente–, mentira que cayó por su propio peso a las pocas horas de su detención, cuando fueron entregados a la Policía Estatal. Los sujetos fueron liberados de inmediato. Se presume que uno de los hombres que fue sorprendido el jueves pasado en San Antonio Tlatenco, Félix Grano Rosales, era uno de los uniformados.
Como sucedió en 1976 en Tlatenco, los tres camiones y el cargamento decomisado permanecieron mucho tiempo estacionados en San Juan Tetla, pese a que fueron vistos por funcionarios de la Procuraduría General de la República, de la Semarnat, Profepa y la Policía Estatal.

 
 
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