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Miércoles, 9 de enero de 2008
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MEDIEROS
desde los comunicadores
 

La salida de Carmen Aristegui

 

Lilia Vélez Iglesias

La salida de Carmen Aristegui de W Radio confirma el retroceso que en materia de democracia y derechos ciudadanos vive nuestro país y desnuda, tal vez como ningún otro suceso reciente, el furibundo embate de los poderosos grupos de interés, que demuestran así que harán hasta lo imposible para evitar el desmantelamiento del viejo sistema autoritario que tantos beneficios les ha generado, a costa de la mayoría de las y los mexicanos.

Es evidente que la cancelación del contrato de Aristegui es consecuencia de su labor informativa. Su espacio, como ningún otro en el espectro nacional, se caracterizó por la pluralidad, la deliberación, el análisis serio y la crítica responsable, pero no por ello menos tenaz. Sin duda, esas características molestaron a más de uno, empezando por los propios empresarios de los medios electrónicos, quienes con la decisión hicieron patente que no le perdonan el que haya abierto las puertas del noticiario a las voces críticas a la ley de Radio y Televisión y a la de Telecomunicaciones y que ella misma se haya pronunciado en contra de las mismas y, especialmente, del vergonzoso acto protagonizado por los industriales y sus lacayos, en el Senado de la República.

El gobierno de Felipe Calderón es otro de los que con la acción mostró la molestia que le causaba el espacio de Carmen y, con ello, puso aún más en evidencia, su talante autoritario y, por ende, su incapacidad para tolerar la crítica. Aunque no existen pruebas fehacientes de la intervención, para la cancelación del contrato, de Juan Ignacio Zavala, gerente de la edición global de El País y cuñado de Calderón, lo cierto es que en estos temas las coincidencias difícilmente se dan.

Lo que sí se puede probar es que durante lo que va del actual administración, el noticiario de Aristegui fue uno de los pocos que debatió temas incómodos para el gobierno y planteó serias críticas a su actuación, además de abrir sus micrófonos a Andrés Manuel López Obrador, en más de una ocasión. Su eliminación del cuadrante revela pues, como el gobierno calderonista pretende acabar con toda crítica a su actuación y silenciar a la oposición, para construir, en los espacios amigos, un nuevo “país de la fantasía oficial”, tal y como durante décadas lo hicieron los gobiernos del PRI.

Precisamente porque el espacio de Carmen Aristegui era uno de los pocos que se negó sistemáticamente a participar en la construcción de esa fantasía, su pérdida se convierte en un referente innegable de que la consolidación de un régimen democrático en México está lejos de ser una realidad, pues no hay democracia posible sin pluralismo y deliberación; no hay democracia posible sin información veraz y análisis crítico; no hay democracia posible, ahí donde los derechos de las y los ciudadanos se vulneran sistemáticamente.

Sobre este último punto, hay que resaltar que si una periodista en México tiene muy claro que su trabajo debe responder al derecho de los ciudadanos a saber y opinar sobre los asuntos públicos, esa es Carmen y, por ello, hoy la han dejado sin micrófono, con lo que nuevamente se constata que el derecho de los mexicanos a estar informados se viola constante y sistemáticamente, por más que la Constitución lo garantice. Otra vez, a los empresarios que usan el espacio propiedad de la nación, es decir, de usted y mío, lo que menos les importó fue el derecho de su audiencia a estar bien informados y, otra vez, como en la invasión del Chiquihuite, el Estado se limitó a mirar.

En fin, el inicio de este año con la salida de Carmen de W Radio es indignante porque demuestra la enorme oposición de que quienes se han beneficiado del corrupto y autoritario sistema político para acabar con él, pero es también, debe serlo, un aliciente para continuar la lucha del movimiento democrático para sepultar de una vez y para siempre al autoritarismo y sus representantes.

 
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