“A qué puede llevarnos empezar esta columna recordando a Lupita Tovar, la oaxaqueña que en los albores de los 30s estelarizó Santa, oficialmente la primera película mexicana sonora? Bueno, a mencionar que es la abuela de Chris Weitz, el director de La brújula dorada, que entra a la cartelera poblana con su reparto de luminarias –Nicole Kidan, Daniel Craig, Eva Green, Deek Jacobi y las voces de Ian McKellen, Kristin Scott–Thomas y Kathy Bates, entre otros– para ilustrar lo concebido por Philip Pullman en su novela, parte de una trilogía llamada His dark materials. Lo que ya no aparece tan concreta es la afirmación de Weitz –de quien recordamos Un buen chico (About a boy; 2002), con Hugh Grant– de que la película, como las que serán sus secuelas, tienen por influencia a Barry Lyndon (Kubrick; 1975) y a Star Wars (Lucas; 1977). Confiemos en que La brújula dorada termine por probarse a la altura de referentes de tanto peso, si bien es demasiado pronto para confirmarlo o descartarlo. En todo caso, en lo relativo a esta primera entrega me quedo con lo que de ella afirma un comentarista, Tom Aylward– Nally, en su intento de sinopsis: “En un Oxford paralelo, la joven Lyra Belacqua inicia una odisea transdimensional, que crece de mera (atípica) aventura para público infantil, a ser una compleja –y en varios pasajes, sombría– epopeya filosófica”. Así planteado el asunto, pues ni modo de no ir a verla...
Como en su momento sucedió con la saga de Harry Potter, con Crónicas de Narnia, con Señor de los anillos, con Eragon, hay en torno a La brújula dorada “mucha trivia de donde cortar”. Por ejemplo, que Chris Weitz, de inicio, mencionó que la película no haría mención directa ni de Dios ni de la religión, siendo ambos temas angulares en los libros de la trilogía. Al parecer el Estudio productor temió que una cierta “anti–religiosidad percibida” hiciera al film financieramente inviable en algunas geografías (la internet dixit). Pero Weitz encontró cómo tranquilizar a los fervientes seguidores de los libros, al dejar en claro que la religión estaría presente...” en términos eufemísticos”(?). Más trivia nos hace saber que fueron aproximadamente 10 mil las niñas que se presentaron a audiciones abiertas (en Cambridge, Oxford, Exeter y Kendal) para buscar el papel de Lyra Belacqua, hasta que fue escogida Dakota Blue Richards, con el beneplácito del autor Philip Pullman. Además, es de admitirse que La brújula dorada encontró una eficiente forma de provocar un alto impacto mediático: se dejó ver, en un bien montado trailer de 10 minutos, ante la audiencia del Festival de Cannes 2007, que es por excelencia un gran escaparate. En fin, no tardan ustedes –abuelos, padres, tíos y/o primos mayores– en escuchar la voz y petición de ésos a quien Serrat llama locos bajitos: “por fa’... ¿me llevas a ver La brújula dorada?”.
Ahora bien: hay por supuesto otras opciones (aunque no demasiadas) en la cartelera decembrina y vacacional de las salas locales. Sigue en ella la hi–tec y espectacular Beowulf, del muy estimable Robert Zemeckis (el cineasta que hizo de una pelota de voleibol un verdadero “personaje” en Náufrago). Además llegó, con muy buenas críticas y similares expectativas, Encantada, producción de Disney en la que se cruzan el cuento de hadas, la animación y el mundo real para ilustrar las vicisitudes y encrucijadas de Giselle (Amy Adams), una enamoradiza princesa de cuento enviada al moderno Nueva York por el hechizo de una Reina malvada (Susan Sarandon). Y por lo demás, usted decide entre El favor –coproducción México–EU dirigida por Eva Aridjis– Novio por una noche –en la que luce el palmito de Jessica Alba– Bee movie o el urgente shopping navideño. No hay más, pero han de venir mejores tiempos para todos los cinéfilos poblanos y regionales.