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Viernes, 14 de diciembre de 2007
La Jornada de Oriente - Puebla - Cultura
 
 

 ENTREPANES 

El chiste es no rajarse

 
Alejandra Fonseca

“¿Dónde me equivoqué?”, se preguntaba la escuincla de 13 años, mientras sentada en la orilla de la banqueta se restregaba la frente con ambas manos. “¿Dónde me equivoqué –repetía–, si éramos como hermanas. Dormíamos juntas desde chiquitas, jugábamos todo el tiempo en su casa o la mía, lo raro era no vernos juntas. Ahora ya no me quiere hablar...”, decía compungida casi en llanto.

“Éramos amigas”, confiesa. “Nos confiábamos nuestros secretos. Nos apoyábamos en lo que hacíamos. Nadie nunca se rajó. Si nos castigaban, éramos las dos. No nos dejamos morir solas. Ahora estoy sola.”

“¿Qué pasó?”, se atrevió a preguntarle su tía mientras se disponía a hacerle compañía en la banqueta. “¡No sé!, –respondió casi en un grito–, ¡tú que eres grande y sabes, dime si ya perdí a mi amiga para siempre!”

¿Qué es la amistad en realidad? Fue la pregunta a responder. La tía no tenía N.P.I. (ni puta idea) en cómo responderle. Pero señaló:

“Yo no sé qué es la amistad. Pero sé que te hace sentir bien cuando tienes a alguien para apoyarte en momentos difíciles y para disfrutar los fáciles. Cuando necesitas un hombro donde recargarte, ahí está sin que necesites pedir permiso. Es quien te escucha sin juzgarte, quien te acompaña sin prisas, quien te abraza sin temores. Es con quien fluyes en la plática, en la risa, también en el llanto, en el dolor, y se tienen la una a la otra para no sentirse solas.

“Esta es una parte de lo que es la amistad. Pero hay otra: en la amistad cada quien tiene su propia cabeza, cada quien tiene sus gustos y su forma de sufrir y gozar. Cada quien tiene sus propios problemas. Ser amigas no significa ser iguales, ni ser lo mismo. Ser amigas es conocerse, ver las diferencias y así quererse. Puede ser que tú y tu amiga crecieron juntas y pensaron que por eso eran lo mismo. De repente descubrieron que no son lo mismo, que son diferentes. Por mucho que quieras a una personas nunca eres tú misma. Es como si fuera tú, pero no lo es. Ella es ella y tú eres tú, y no pueden confundirse. Ese es el milagro, quererse como son. Descubras lo que descubras, el chiste es no rajarse. Darse cuenta de que están separadas no quiere decir que no son amigas. Son amigas y buenas. Así que, mi amor, no se me raje usté: váyala a buscar, abrácela y pónganse a jugar.”

La chamaca, feliz, saltó en búsqueda de su amiga. La tía la miró alejarse mientras reflexionaba en referencia a una frase que bullía en su mente: El amor nunca tiene razones, y la falta del amor tampoco. Todo son milagros. (Eugene O’Neill) Por eso su respuesta: la amistad es no rajarse.

 
 
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