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Jueves, 13 de diciembre de 2007
La Jornada de Oriente - Puebla - Suplementos
 
 
ESTÉTICA Y SALUD
 

El buen beber

 

No existe mucha evidencia con respecto a qué tipo de bebida alcohólica beneficia más, si el vino, la cerveza o las bebidas conocidas como espíritus (ron, brandy, tequila, etcétera). Lo que se conoce hasta el momento hace pensar que es el efecto del etanol el que favorece el sistema cardiovascular. Sin embargo, se ha señalado el contenido de anti–oxidante fenolito en el vino como el precursor de estos beneficios
Rafael H. Pagán Santini

El vino ha sido compañero del hombre por siglos. Las civilizaciones lo han divinizado, los griegos lo llamaban Dionisio; los romanos, Baco; los egipcios, Osiris; muy pocas civilizaciones se han rehusado a su culto, si no como dios, como símbolo de su divinidad. Mire a su alrededor y observe cómo las religiones más comunes en nuestro medio mantienen el vino como símbolo de algo divino. En alegrías o en amarguras, el vino se ha hecho sentir a través de la literatura o de las artes plásticas de todos los tiempos, frecuentemente como compañero del hombre que celebra gloriosamente sus victorias o de aquel que, solo o en compañía, asimila el rigor de un fracaso.

Su uso escandaloso no es patrimonio exclusivo de nuestra época. Cuentan que en Esparta, para predicar la sobriedad y alentar a los ciudadanos a que abandonaran la costumbre de beber vino puro (sin rebajar el nivel de alcohol), se presentaban una pieza teatral ejemplarizante, en la que aparecía un ilota ebrio, cuyas desventuras se suponían habrían de causar horror a los jóvenes, alejándolos de la embriaguez permanente en la que pretendían vivir. Los espartanos no han sido los únicos en moralizar el consumo de alcohol en su cultura. El vino ha sido instrumento tanto de provecho como de ruina. (Geografía Universal, edición especial, El vino)

La evidencia científica señala que generalmente las personas que consumen de una a tres copas de alcohol al día viven más que los no bebedores. Esto se debe a la reducción del riesgo enfermedades cardiovasculares. La relación inversa entre consumo de alcohol moderado y enfermedad cardiovascular ha sido bastante bien documentada en diferentes sociedades y comunidades.

Esta reducción generalmente se le atribuye al efecto benéfico que tiene el alcohol sobre las grasas en sangre y sobre los factores hemostáticos (evita la formación de coágulos). El consumo moderado de alcohol está asociado fuerte y consistentemente con altas concentraciones de colesterol bueno (HDL–colesterol), y bajas concentraciones de fibrinógeno (participa en los procesos de la coagulación). Además, el alcohol inhibe la agregación de las plaquetas y pudiera actuar como promotor de la fibrinolisis, reduciendo así el riesgo de un accidente cardiovascular hasta en un 25 por ciento.

A diferencia del beneficio que el consumo moderado de alcohol pudiera tener, el beber en grandes cantidades tiene un efecto directo en la presión arterial y un aumento alto del riego de padecer una hemorragia cerebral. Además, el alcohol incrementa el riesgo de hipoglucemia si se consume en ayunas. Situación muy grave para los diabéticos que utilizan insulina. El consumo crónico de alcohol puede agravar el control glucémico, la presión arterial y la hipertrigliceridemia (aumento en triglicéridos) y empeora la neuropatía.

No existe mucha evidencia con respecto a qué tipo de bebida alcohólica beneficia más, si el vino, la cerveza o las bebidas conocidas como espíritus (ron, brandy, tequila, etcétera). Lo que se conoce hasta el momento hace pensar que es el efecto del etanol el que favorece el sistema cardiovascular. Sin embargo, se ha señalado el contenido de anti–oxidante fenolito en el vino como el precursor de estos beneficios. Probablemente el favor o la ruina que pueda acarrear las bebidas alcohólicas se daban más al estilo de vida del consumidor que a la preferencia de la bebida.

Comúnmente se acompañan las bebidas alcohólicas con el cigarrillo y con un alto consumo de alimentos. La obesidad y la nicotina son dos enemigos mortales que destruyen las arterias y atentan contra la salud en general. La erradicación de la comida chatarra y del cigarrillo al beber podría ser un primer paso para poder obtener los beneficios que un consumo moderado de alcohol trae al cuerpo.

Por falta de consejos no hemos de pecar. En la Grecia clásica, Filón proponía que las “drogas” son espíritus neutros o imparciales que entran en el individuo “intensifican las inclinaciones naturales o producen el efecto contrario” y por eso contribuyen al autoconocimiento. Eurípídes ya proponía que la templanza en el en el consumo de “drogas” pertenece a la naturaleza individual e Hipócrates aconsejaba “ceder a la ebriedad de cuando en cuando”, considerando que la relajación es cosa sana y terapéutica en sí misma. (Escotado, 1994)

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