Pésame a los niños y niñas de nuestro país, porque en el futuro estarán en mayor peligro de caer en manos de las redes de pederastia protegidas por gobernantes y finalmente encubiertas por la reciente decisión de la Suprema Corte de Justicia de la Nación.
Pésame a Lydia Cacho por una nueva injusticia de la que ha sido víctima.
Pésame a los defensores de derechos humanos, porque ha quedado claro que seguirán corriendo el riesgo de ser tratados como delincuentes.
Pésame a los ciudadanos y ciudadanas de México, porque la impunidad continuará siendo parte central de nuestra vida, y porque nada menos que la SCJN nos ha enviado el mensaje de que, ante los intereses particulares de los poderosos, no hay nada que hacer, y que el servilismo parece ser el único mecanismo de protección que queda.
Pésame a todo el país, porque ha quedado evidenciada, una vez más, la inconsistencia de las instituciones.
Gracias a los ministros Juan Silva Meza, Genaro David Góngora Pimentel, José Ramón Cossío Díaz y José de Jesús Gudiño Pelayo por su sabidurúa jurídica, su compromiso ético y su valentía. Son esperanza para avances serios en nuestro sistema de justicia y en la formación de estudiantes de Derecho.
Gracias a Lydia Cacho por “no dejarse arrebatar la voz y la palabra” y seguir creyendo en el papel del periodismo como linterna del mundo. “Los derechos humanos no se negocian”, dice Lydia, y estamos con ella.
*Los autores son profesores de la Universidad Iberoamericana Puebla.
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