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martes 16 de octubre de 2007 |
En su segundo día por Puebla, llega la Antorcha Guadalupana a la región de AcatlánAcatlán de Osorio, Mixteca poblana– En la tierra del Tecuán y de San Rafael Arcángel, el sonido del tambor, la flauta y la música de viento fueron el marco cultural para poder dar la bienvenida, en su segundo día por el estado de Puebla, a la caravana de la carrera Antorcha Guadalupana México–Nueva York. Aquí, en la tierra del cáctus, el polvo y la migración, el párroco lamentó durante una entrevista con La Jornada de Oriente que la iglesia, el Estado mexicano, y las familias, no terminen de ser capaces de “meter en la cabeza a nuestros hijos, padres y hermanos, que planear el futuro significa poner orden a la vida económica para así no repetir el ciclo de ida y vuelta de miles de personas a Estados Unidos”. En tanto, María Zúñiga, una de las coordinadoras del acto, afirmó frente a más de 200 personas reunidas en la explanada del palacio municipal, que uno de los objetivos de la carrera es “unir los tejidos sociales entre los pueblos, que la migración rompió en cada hogar”. La madriguera de las zorras, y el nido de los pájaros Después del mediodía de este 15 de octubre, las rayas blancas pintadas a las orillas y en el centro de la carretera Tulcingo del Valle–Acatlán de Osorio, parecían agrandarse y hasta moverse. Del asfalto salió vapor. El ambiente, en esta parte del corazón de la mixteca, ardía con aproximadamente 32 grados centígrados. A las 6 de la tarde, la estatua gigantesca de metal color café del Tecuan bailando, instalada en la entrada principal del municipio, fue señal del fin. Metros más adelante, la ermita de San Rafael, uno de los santos más venerados en la región, y que está de fiesta, quedó convertida en el punto de recepción de la caravana proveniente de Tulcingo del Valle. Ahí, el sacerdote Jaime Rivera lamentó que a diferencia de las “zorras que tienen madrigueras, y los pájaros que tienen nido”, la mayoría de los migrantes radicados en la Unión Americana no tiene “un hombro en donde recostarse”. Dijo que para el caso de Acaltán de Osorio, este fenómeno trasnacional no logra aún evolucionar. “Ya tengo aproximadamente diez años en la zona y con certeza puedo decir que encontramos un intervalo general: no hay estabilidad porque nuestros hermanos ya decidieron acostumbrarse a ir y venir”. Y ese panorama, describió en plática posterior con este diario, provoca que no aprovechen “cabalmente” su dinero y su esfuerzo. “Parecería incorrecto decirlo, pero es parte de la realidad cotidiana, un alto porcentaje de migrantes desperdicia y pierde su tiempo. En cambio, otros pueblos cercanos buscan afanosamente obtener documentos y así conciliar una vida mejor”. Destacó que no es malo “vivir el sueño” de ir al país del norte, traer dinero y pasarla bien unos cuantos meses. “Es muy cierto, y no voy a cansarme de decirlo, hace falta una verdadera orientación hace ese grupo, y a partir de eso pensar en perspectivas serias hacia el futuro”. –¿De quién es la tarea de consolidar esa parte de trascendencia entre los migrantes? –De todos. El Estado mexicano en ese aspecto es débil y muy flaco (sic), las familias piensan primero en cómo gastarse los dólares, y la iglesia tiene una pastoral destinada a ese sector, pero sin el éxito deseado. La clave está en concientizarlos, organizarlos y hacerlos productivos. Esa es sin duda, la actitud persistente en Acatlán, y es preocupante, respondió. De acuerdo con algunas voces recogidas entre el rubro comercial, económico y político de Acatlán, aquí abunda un proceso de “decrecimiento social”. Es decir, el único punto que se mantiene como ciudad es precisamente este municipio, centro rector de la economía de la mixteca poblana, cuya población, a pesar de las olas constante expulsora, sigue creciendo. El fenómeno de la maquila, contó un comerciante de mucha influencia, comenzó a vislumbrarse en Acatlán y en Petlalcingo. “Hablamos de nichos laborales muy limitados, pero que garantizan la inserción de la gente que pueda conectarse por carretera”. Sin embargo, añadió, para las comunidades más alejadas no tiene sentido trabajar en las maquilas porque el sueldo es el mínimo y el costo del pasaje equivale a 15 o 20 pesos diarios. “Viajar a Acatlán significa 10 pesos la ida y 10 la vuelta, y le pagan cuando mucho 12 pesos más por trabajar en la maquila. Eso limita este tipo de mercado laboral”. Baila, hijo, baila Cuando Juan Oropeza dejó el pasado mes de mayo a su familia para poder regresar por quinta vez a Nueva York, pidió a su esposa e hijo, de aproximadamente cinco años, no perder una de las tradiciones más enraizadas en su árbol genealógico: bailar vestido de Tecuan. Y ayer, como solicitud especial, contó Maria Elena, la mujer, el pequeño Gustavo bailó para su papá, la antorcha Guadalupana, la Virgen María, y San Juan Diego. Encabezó, junto a una banda completa de chicos, el desfile hacia el centro de Acatlán de Osorio. “Baila, hijo, baila”, gritaba a cada rato la madre, mientras con una cámara de video selló cada uno de sus pasos en la calle. “En tres días su padre podrá mirarlo. Voy a enviarle esta película”. Gustavo llegó primero a la explanada de Palacio Municipal. En la parte alta, el presidente municipal interino Roberto Aldama dio la bienvenida a los contingentes, y apuntó que era un honor recibirlos por cuarto año consecutivo. “Nosotros también estamos dispuestos a sumarnos a esta cruzada, junto a la virgen de Guadalupe y San Juan Diego, para hacer escuchar la voz de los migrantes que ya suman varias generaciones en Acatlán de Osorio”. Enseguida, María Zúñiga dejó en claro que uno de los principios fundamentales de la carrera es unir a los pueblos, a las comunidades. Cada paso de la antorcha borda un tejido social desbaratado por la migración. Todas las familias, en cada kilómetro recorrido, forman un hilo conductor porque son ellos quienes hacen posible toda esta magia”. Finalmente, y durante una pequeña intervención, el sacerdote de Acatlán expuso que los ilegales en Estados Unidos “tienen ganas de saciar su hambre y sed de ser escuchados”. (Miguel Ángel Domínguez Ríos) |